Buena parte del plantel de Ateneo de la Juventud se reencontró tras el título conseguido en 1992. Fue ganar los Torneos Juveniles Bonaerenses y con ello tener como premio el viaje a España. El anhelo del DT Héctor García siempre fue volverlos a reunir. Sin su presencia física hubo recuerdos y la promesa de reencontrarse en los próximos 30 años.

El fútbol de la ciudad en distintas épocas ha trascendido, con selecciones en alguna ocasión y en otras con equipos, ya sean juveniles o elencos de Primera división. Esos logros han quedado marcados en el tiempo y dejaron en aquellos que fueron sus protagonistas el mejor de lo recuerdos, como el título logrado por Ateneo de la Juventud en 1992 en Mar del Plata.

Aquella vez nacían los Torneos Juveniles Bonaerenses, 29 años atrás, y en Mercedes se comenzaba a gestar un equipo que ya tenía su rodaje en el ámbito de la Liga Mercedina.  Al frente estaba Héctor “Gallego” García como DT, fallecido hace pocos meses, para sumarse por aquel tiempo el profesor Roberto López con algo más de 20 años cumplidos.

“Se está empezando a hablar de un torneo que lo va a auspiciar el Doctor Bilardo y hay un viaje a Europa” recuerda López de lo que le comentó García y a partir de ese día se sumó al cuerpo técnico que se puso una meta por delante. Fue entonces que: “los primeros días de enero estábamos todos entrenando en el club, hicimos hasta tres veces por día entrenamientos, a los que no sabían nadar les enseñé, yo tenía un gimnasio y los llevaba a hacer fierros. Cuando todos se empezaron a mover nosotros en marzo ya veníamos con un rodaje tremendo” remarcó el “Beto”, de un entrenamiento que por aquel tiempo resultó ser algo que realmente aportó a lo que vendría.

En ese Bonaerense, celebrado en Mar del Plata, Ateneo fue el único club, los restantes fueron todas selecciones en medio de días donde llovió y con ello se generaron reprogramaciones de partidos.

La zona tenía a rivales como Merlo y 9 de Julio, luego vendría Tres Lomas y la final frente a Pergamino. Aunque, en medio de todo, el plantel sufrió una intoxicación y eso llevó a cambiar los planes con la idea de no volver a sufrir este contratiempo entre jugadores de las categorías 75-76. Sobre este particular inconveniente Roberto López recordó: “los padres nos empezaron a pedir que manden por grupos a comer al departamento de ellos, le preparaban todo, por eso el próximo año queremos tirar la casa por la venta e invitar a toda esa gente que nos acompañó, iban a todos lados” subrayó, aunque de lo que vendrá ya se ampliará en su momento.

Fueron días de fútbol bajo la lluvia, el equipo se amoldaba a esa situación, es que habían entrenado bajo esta adversidad climática. Además, en la semifinal,  “apareció la idea del Glucolín, yogur entero, cereales y fruta cortada” recuerda López, con la idea de recuperar el esfuerzo de la mañana al venirse la final el mismo día, sumándose baños de inmersión y masajes. Una tarea sin pausa, en medio de todo estaba el “Gallego” García, ese DT que tenían bien en claro las cualidades de cada uno de sus jugadores.

Esos que  hicieron historia como “Pitu” Sánchez (hoy vive en el Perú), Diego Correa, Diego Marzano, Alejandro García (tuvo peritonitis y no pudo jugar las finales), “Bocha” Berriel, Pablo Albornoz, José Ventura, “Fincho” Florido, el “Colla” Viola, el “Colo” Sarco, Fernando Viscardi, José Medina, “Pepino” Naranjo, Ariel Pilía y Marcelo Marzano.

En aquel año 1992 el plantel se enfocó en el trabajo de resistencia, haciéndose fuerte en lo físico, con la cuota de fútbol que posibilitó ser campeones de los Bonaerenses. Luego, se vendría el premio, el viaje a España, con la promesa de un partido ante Sevilla que no pudo ser. Hubo días de turismo y sin dudas de fútbol, cuando dejaban el hotel Príncipe Pio se entrenaban en los alrededores y ese encuentro llegó, fue ante Arganda del Rey, una localidad que los recibió.
“Yo me siento muy alagado por ellos, era difícil errarle, mucha gente me facilitó la tarea con un grupo de padres que ayudaba, los chicos entendían la consigna, entrenamos con lluvia y hasta penales” relató Roberto López que al día de hoy sólo le sumaría al entrenamiento el Pilates, con lo que para la época fue una manera de entrenar distinta.

Este recuerdo, se puntualiza también en la idea del “Gallego” García de juntar otra vez al equipo, el tiempo y otros inconvenientes no hicieron posible ello, aunque hubo quienes se propusieron volverse a reunir y antes de finalizar el 2021 lo hicieron. Fue un momento más que especial, cuando Alejandro García (hijo del “Gallego”) exhibió un bolso que parecía intacto, repleto de recuerdos, con listas para armar equipos, la tiza para dar la charla técnica y uno de los juegos de camisetas con las que tomaron parte del Bonaerense.

Aquellos jugadores, juveniles por ese entonces de entre 15 y 16 años, recordaron 29 años después una infinidad de anécdotas. Estuvieron casi todos, el 16 de noviembre se cumplirán 30 años y se están planteando una reunión con no sólo el plantel y cuerpo técnico, que se sume la familia, esa que aportó su granito de arena en Mar del Plata.


Ariel Pilía

De ese plantel de Ateneo fue el que llegó a jugar en el profesionalismo, los restantes en algunos casos lo hicieron en la Primera de la Liga Mercedina, otros si bien no tuvieron esa oportunidad no se alejaron del fútbol, por sobre todo el logro de aquel 1992 nadie se los podrá quitar.
De esa época y antes también Pilía le contó a Protagonistas: “la mayoría salió de la 29 y 22 de la escuelita que tenía Ateneo, pasábamos a AMFI y después ya a cancha de 11, hasta que nos juntamos en Quinta con el segundo año de la 75 y el primer año nuestro (los 76). No había competencia fuera, aparecieron los Bonaerenses y anotarse fue una novedad” recuerda quien tuvo al “Mono” Ortiz como primer DT, que estuvo en el cuerpo técnico de Mar del Plata, y resaltó que para la época Roberto López fue un adelantado.

Del equipo Pilía destacó: “teníamos dos jugadores por puesto, no importaba quien jugaba, la parte humana del “Gallego” fue importante y todos entrenábamos”. Esa final, en Mar del Plata, estaba prevista en el viajo estadio

San Martín, hoy desaparecido,  pasándose a cancha de San Lorenzo donde llegó la consagración, embarrados y con una sonrisa que nadie se las podía quitar llegaron al cierre de los Torneos. Volver a encontrarse, más allá de verse en la calle, ha despertado la idea de revivir todo, seguramente lo conseguirán en su futura reunión. Aquel título de Ateneo en Mar del Plata no se volvió a igualar en el tiempo.

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