La pandemia que asoló al planeta fue una experiencia única y traumática en nuestras vidas. En un comienzo la veíamos lejana y pasajera pero con el correr del tiempo, advertimos que era devastadora y atroz.

Sin previo aviso nuestros hábitos cambiaron; nos cubrimos parte del rostro para salir a la calle, el alcohol en gel fue un amigo inseparable, el lavado de manos se convirtió en una compulsión y podríamos seguir enumerando… pero lo más dramático fue el encierro. No podíamos vernos con nuestros seres queridos, amigos, conocidos. A muchos los perdimos.

En ese confinamiento no querido aprendimos a añorar espacios que habían sido habituales y no teníamos noción exacta de lo importantes que eran para nuestra vida.

Uno de ellos…EL TEATRO

Ese lugar mágico donde se nos permite soñar, ser de a ratos uno con quienes dan vida a personajes que nos interpelan, conmueven hasta las lágrimas o nos hacen estallar en una carcajada.

Pasó el tiempo y, si para nosotros fue difícil prescindir de él; mucho más lo fue para quienes realizan esa magia maravillosa que es actuar, dirigir, crear.

Pero un día, aunque todavía el mal no fue derrotado, empezamos a movernos en una pseudo normalidad que nos da esperanzas y, una vez más el ¡Teatro volvió!

Susana Spano

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