En el primer aniversario de la pascua de Mons. Agustín Radrizzani, el Padre Obispo Jorge Eduardo presidió la Eucaristía el pasado jueves 1 de septiembre desde la Catedral Metropolitana de Mercedes. Durante la homilía, el arzobispo, reflexionó en el comienzo que “la misión de Jesús es traer al mundo, a la historia, a todas las personas, la vida de Dios, la salvación. Él quiere llevar adelante su misión con colaboradores cercanos, amigos entrañables, a quienes les irá revelando el rostro y las palabras del Padre. La misión de Jesús requiere de personas disponibles, obedientes, es decir, capaces de hacer la voluntad de Dios, creyentes, confiadas y con una inmensa capacidad de reunir, de convocar”, expresó. “Nos hemos reunido para pedirle a Dios que tenga a su lado a alguien a quien Él llamó como amigo suyo, el obispo Agustín, que falleció hace un año”, señaló. “Agustín ha sido un hombre obediente a la voluntad de Dios, entregado, disponible a lo que la Iglesia le fue pidiendo, primero en su congregación salesiana, y luego, como obispo en las diócesis de Neuquén, Lomas de Zamora y Mercedes Luján. Y además ha sido un hombre de una inmensa actitud de congregación, de comunión, especialmente por la delicadeza de su trato, respetuoso del otro, de los otros, lo cual facilitaba en este tiempo de fragmentación, poder entender lo que significa la Iglesia, pueblo de Dios…”. Scheinig agradeció al Señor la vida de Agustín, “su servicio, su disponibilidad, su obediencia y su capacidad de generar comunión, unidad. Rezamos por el eterno descanso de su mamá Marina, y también por Rodolfo, colaborador del Seminario que falleció hace un mes”. Al final de la Misa, los sacerdotes presentes y los seminaristas se dirigieron a la tumba donde se encuentra sepultado Mons. Agustín en la Catedral y rezaron junto a la comunidad, una oración en su memoria.

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