Antonio Lapolla presenta su libro denominado La Flecha del General

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El licenciado Antonio Lapolla acaba de editar un libro que trata sobre el desarrollo en Argentina de un avión con tecnología de punta a nivel mundial durante la década del cuarenta y principios de los cincuenta. El trabajo denominado La Flecha del General analiza cuáles fueron las condiciones que se dieron para que ello pudiera realizarse y las causas por las que no fue posible su producción en serie, más allá de la construcción de cinco prototipos del Pulqui, término que significa Flecha o Rayo en lengua araucana. “Esta aeronave está fuertemente asociada al general Juan D. Perón ya que todo su desarrollo se produjo durante sus dos primeras presidencias”, dice Lapolla en charla con la prensa. El libro marca que el Pulqui II fue presentado desde el Gobierno como una muestra, entre otras, de la nueva Argentina justicialista la cual, además de las mejoras sociales, producía bienes con tecnología de punta a nivel mundial. “Esto fue un elemento importante en la propaganda oficial durante el período previo a las elecciones presidenciales de 1952 en las que el presidente se presentaría nuevamente luego de la reforma constitucional de 1949. La imagen del Pulqui junto al presidente se difundió en los medios gráficos y en los noticieros de todos los cines del país”, destaca. El escritor comentó sobre la existencia de bibliografía y videos en las redes que, según su parecer, “reflejan solo parcialmente lo ocurrido en relación a los antecedentes que posibilitaron la construcción del avión y porqué motivo no se produjo en serie”. En las páginas del libro Lapolla señala que no puede desconocerse todo el desarrollo desde la creación de la Fábrica Militar de Aviones en 1927 que le permitió a Argentina ser pionera en Latinoamérica en la construcción de aeronaves de diseño propio y otras bajo licencias, “logrando un equipamiento industrial y mano de obra calificada tanto técnica como profesional”.  Agrega que el gran avance de la industria aeronáutica de fines de los 40 e inicio de los 50 era imposible de sostener cuando Argentina no disponía de las industrias de base necesarias, por ejemplo, la producción de aluminio. Además, remarca que la disponibilidad de divisas acumuladas durante la guerra se había destinado a otros usos, como nacionalizaciones de servicios públicos y compra de armamento en un contexto en que se consideraba posible un nuevo conflicto bélico. “Las decisiones políticas vinculadas con la nacionalización del comercio exterior y dos malas cosechas generaban serios problemas en el sector externo de la economía y en la percepción de ingresos por parte del Estado. A su vez, el Gobierno decide impulsar una gran cantidad de proyectos aeronáuticos en lugar de concentrar los esfuerzos en unos pocos, como por ejemplo el Pulqui II, a efectos de lograr economías de escala”, consideró. Por otra parte, considera que frente a la necesidad de tecnificar el agro planteada en el Segundo Plan Quinquenal y proveerle a la sociedad de medios de transporte, el Estado toma la decisión de producir, dentro del complejo industrial aeronáutico, tractores, camionetas, automotores y motocicletas, entre otros bienes, “algunos exitosos como el Rastrojero o la moto Puma, y otros no. Para ello se requerían también insumos importados que absorbían las, en ese momento, escasas divisas. El Gobierno logra, a pesar de un brusco cambio en sus políticas para estimularlas, la radicación de inversiones extranjeras”. Las dificultades en el sector externo para aportar las divisas necesarias para continuar con el proceso de industrialización, los problemas para financiar el gasto público, la dispersión en la producción aeronáutica y el cambio de rumbo en los bienes elaborados en el complejo industrial aeronáutico, “son elementos que no pueden soslayarse al intentar explicar la discontinuidad del Pulqui II”, dice Lapolla en un libro que detalla interesantes datos sobre este proyecto.

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