Los Medios locales y la construcción de la identidad

En esta edición de un 7 de junio volvemos a encontrarnos y para nosotros no es un día más. Se celebra o conmemora el Día del Periodista producto de aquel primer periódico que nació a la luz de una nueva y gloriosa nación. La Gazeta de Buenos Ayres, del Dr. Mariano Moreno, no tenía otro propósito que dar a conocer las ideas de un gobierno revolucionario e independiente de la monarquía, para que la mayor parte de los ciudadanos puedan ser parte directa de los conceptos de libertad que se pregonaban por aquellos días. Surgió en nuestra historia la imperiosa necesidad de contar no solo con un gobierno patrio sino también con un periódico donde pueda reproducirse esos idearios que llevaron a la Primera Junta a romper las cadenas. Son tiempos lejanos. Apenas 200 ejemplares que llegaban a las provincias y con un alto grado de analfabetismo por cuanto sus pocas páginas solían leerse en púlpitos públicos para que esos contenidos llegaran a la mayor cantidad de personas posibles. Era una necesidad que el pueblo esté informado, que tenga derecho a estar informado, que pueda contemplar en su máxima expresión el deseo de libertad. Así surge aquella primitiva idea de un periodismo abocado a la construcción de una identidad que se respeta y se defiende. Hacer periodismo es también contribuir a esas construcciones más allá de los escenarios actuales. El avance de la tecnología, frenético y avasallador si lo miramos en perspectiva respecto de aquellas imprentas de nuestros días independentistas, nos han planteado nuevos desafíos, la necesidad de la transformación, adecuarnos a los nuevos canales que se ofrecen como productos informativos. Pero así mismo esas plataformas de la era digital no han conseguido aún reemplazar a los medios tradicionales o lo que podríamos denominar los clásicos. La saturación de información que se cuela en esos espacios ha terminado de horadar el capital más preciado que tiene la actividad periodística y que es precisamente su credibilidad, la confianza sobre la veracidad de los hechos, sucesos o acontecimientos. Son tiempos de nuevos modos pero también de nuevas intromisiones de intereses desconocidos (o que creemos conocer), que dedican la mayor parte de su tiempo a confundir, a desorientar y a desinformar. Las falsas noticias no son un simple juego, no tienen que ver con travesuras ingenuas que debemos pasar por alto. En su mayoría son parte de campañas orquestadas, planificadas en sus más mínimos detalles, para debilitar a otros, mancillar la honra de algunas personas y nublarnos la mirada sobre determinados aspectos de la realidad. El bueno uso de las nuevas tecnologías, aquellos que han decidido apostar al cambio, manteniendo su “rostro”, su identidad y sus responsabilidad como periodistas, no han dejado de hacer periodismo. Mantienen sus principios más allá del terreno de confusión al que nos pretenden llevar. Pensará el lector que no somos capaces de hacer una autocrítica sobre nuestra tarea y tendrá razón para hacerlo. Porque también el periodismo de estos días nos invita a reflexionar sobre nuestro papel y nuestro rol en una sociedad crítica y exigente que nos invita a volver a caminar sobre los nobles pasos de Mariano Moreno. El periodismo del interior del país sigue siendo periodismo, pero está lejos de haberse convertido en un poder que intenta cargarse gobiernos o en empresas financiadas por grandes grupos económicos que buscan priorizar intereses individuales sobre los colectivos. Mercedes es un claro ejemplo de ello, como pueden serlo ciudades vecinas. La mayoría de los vecinos son usuarios de redes sociales que en muchos casos utilizan para informarse, pero en infinidad de ocasiones confirman esos contenidos o esperan para darle crédito a determinadas noticias la información que le brindan los medios locales, con sus más y sus menos. Por eso defender nuestra profesión significa también defender nuestra identidad, debilitada por estas crecientes modalidades virtuales, pero que no está de rodillas ni al servicio de quienes alzan banderas contrarias al bien común. Cada medio o cada periodista con su manual, con su estilo o con su librito, pero con la dignidad de poner carro, caballo y montura a la hora de expresarse, sin ocultarse detrás de falsas identidades. Quedará entonces para nosotros un debate de autopercepción y para los lectores, oyentes, televidentes o usuarios, el ejercicio de una sana crítica sobre esas construcciones que no son impostadas, sino auténticas y reveladoras. Larga vida a la prensa local. A todos nuestros periodistas mercedinos, que no juegan a hacer periodismo sino que hacen periodismo todos los días. Que se esfuerzan en muchas ocasiones sin recursos, que viven como toda actividad que también necesita monetizarse, momentos de zozobra, pero que no claudican fácilmente cuando abrazan apasionadamente este propósito de defender lo nuestro. Tal vez no transcurra demasiado tiempo para que en esa idea de modificar nuestro ADN aparezcan espejitos de colores en materia comunicacional, que quieran mostrarnos algo nuevo, distinto, pero también distinto a nosotros, a nuestra identidad. Puede que sean aquellos que alguna vez entraron a vuestras casas con contenidos locales pero que tan solo por razones estrictamente económicas dejaron de hacerlo por considerar que el sostenimiento de esa propuesta no era más que una sangría que de ningún modo estaban dispuestos a sostener. Puede que esos mismos nos vengan a contar y a explicar cómo debemos ser los mercedinos cuando ya tenemos claro como somos y quienes somos. Feliz Día del Periodista. Para todos los que enaltecen esta profesión, este oficio y para todos aquellos que defendemos los intereses de una comunidad más allá de los vaivenes que nos ofrece una economía argentina con mayores incertidumbres y escasas certezas. Como decía Enrique Pinti, y modificando alguna parte de su frase, “Pasan los años, pasan los gobiernos, los radicales, los peronistas, pasan veranos, pasan inviernos… quedan los periodistas”.

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