Fue iniciativa de jóvenes militantes que se propusieron ayudar y contener. Una decisión política de gestión le dio carácter oficial, pero la esencia de ser un espacio apto para el voluntariado social se sostuvo. Hoy cuenta con 26 sedes y más de 300 alumnos. Un programa que va más allá del lápiz y los cuadernos.

Por Walter Anido (walteranido@yahoo.com.ar )

Tal vez la vorágine en la que estamos inmersos, o las preocupaciones que nos exceden, porqué no un perfil de sociedad cada vez más individualista, hacen mella en un tejido que resulta imprescindible para las comunidades y tiene que ver con que cada vez son menos aquellos que dicen “donar” su tiempo. Ser un voluntario social es una misión silenciosa, pero de mucha relevancia esencialmente para quienes necesitan encontrar una mano tendida. Si bien es cierto que no es una especie que abunda, tampoco puede decirse que no existan esas voluntades donde hagan falta. El Programa de Educación Barrial, conocido como PROEBA puede ser un claro ejemplo de esta breve reflexión. Nació desde la voluntad social de ayudar y no perdió su esencia a partir de haberse institucionalizado por decisión política de la actual gestión municipal. Allí convergen esas voluntades. La de maestras jubiladas, la de idóneos dispuestos a explicarle a pequeños en edad escolar cómo se resuelve una regla de tres simple pero también detectar si hay alguna otra necesidad que no figura en el cuaderno de tareas. Florencia Comalini es la timonel de este barco. Hace poco más de un mes fue mamá de una pequeña y decidió dejar su espacio en el Consejo Escolar para abocarse íntegramente a este proyecto. Porque lo siente suyo, porque era como ese hijo que hoy está viendo crecer. No olvida cuando con escasos recursos, sin mayores elementos que sus propias bicicletas, recorrían las sedes donde había nacido ese programa que no era tan solo de contención educativa, sino que perseguía aspectos sociales mucho más ambiciosos. “Seño, no habrá algo calentito para tomar” o “seño, tengo hambre”, eran frases que resonaban en sus oídos en aquellos primeros tiempos, por cuanto era necesario no claudicar, por el contrario, había que poner ese barco a todo babor. Cuando se persigue un sueño y se pone todo el empeño, es altamente probable que se cumplan las metas. El PROEBA creció y no fue sin querer. Decenas de sedes, cientos de alumnos, docentes contratados y voluntarios dispuestos a poner el hombro ante las necesidades que se puedan plantear.

Militancia social

El programa nace como una inquietud de la juventud militante y según resalta Comalini, tiene larga vida más allá del apoyo comunal que facilitó las acciones. “Si algún día deja de tener respaldo oficial seguramente lo seguiremos haciendo”, dice convencida. Flor es la responsable del proyecto político – pedagógico. En febrero de 2016 se institucionalizó. Ustarroz llevaba apenas un par de meses en el Gobierno municipal. El PROEBA tiene por objeto acompañar a niños en escolaridad de Nivel Inicial, Primario, Secundario y hasta jóvenes y adultos en la actualidad. En tiempos de pandemia fue muy útil para articular con escuelas para que los chicos no pierdan terreno en los procesos de aprendizaje. Pero no es tan solo lo que podríamos llegar a conocer como la “maestra particular”, es mucho más. Cuando algún pibe acude a una sede puede encontrar soluciones a carencias alimenticias, habitacionales, asistencia psicológica, cuestiones sanitarias o a situaciones de violencia familiar. Siempre en articulación con las diferentes áreas del Municipio. “Somos el nexo entre el Estado municipal y las familias, el barrio y la escuela…”, remarca. “Creemos que es una herramienta fundamental pedagógica y territorial, en el acompañamiento y fortalecimiento de la escolaridad y la educación familiar, porque se aprenden hábitos, valores… Buscamos que el paso por cada sede les deje un aprendizaje de vida”, agrega. El año pasado dieron un paso importante con la compra de computadoras e impresoras, dado que desde las escuelas le enviaban por mail las actividades que debían realizar y se les imprimían para facilitar esas tareas. La educación se convierte en un vehículo para llegar a otras tantas estaciones que enriquecen el proyecto. “En el diálogo que surge con ellos, con los chicos, surgen cosas… o a veces con miradas podemos detectar otras necesidades las cuales atendemos. Hay historias muy fuertes”, destaca. En 2020 el Municipio realizó un relevamiento en diferentes barrios, donde detectaron muchos niños que necesitaban ese apoyo. Fue un trabajo minucioso en el que colaboraron estudiantes de la carrera de Trabajo Social de la Universidad de Luján. “A pesar de la pandemia y los malos momentos que estábamos pasando, el PROEBA creció mucho el año pasado”, sostiene Florencia Comalini. Allá lejos queda aquella búsqueda de concreción. En Junio de 2015 desde Nación surgió un programa denominado Nuestro Lugar. La convocatoria apuntaba a que se presenten proyectos de ayuda comunitaria. El PROEBA estaba entre los postulantes aunque ya funcionaba en algunos barrios como Lopardo, Balvidares o Almafuerte, por mencionar algunos de ellos. El grupo de voluntarios era pequeño y se repartían las actividades para poder cumplir con el propósito. Fue elegido entre los destacados y recibieron una ayuda económica para comprar algunos tablones, caballetes y hasta un banner para promocionar el programa que requería de voluntarios. En ese primer grupo estaba Florencia, Joaquín Bistuer, Bautista Mansilla, Eugenia Codega, Damián Spaletti, Catalina Boquín, entre otros. Ese 2015 era cuesta arriba, pero no importaba. El apoyo escolar, la merienda o el contacto territorial, se daba en una sede y donde no había se hacía en domicilios particulares. Lejos estaba de pensar el paso que viene que es un PROEBA digital.

Enseñar a aprender

El programa también apunta en muchos casos a la alfabetización. En el derrotero del contacto con los vecinos se han encontrado con muchas personas que no sabían leer ni escribir. “Para nosotros la alfabetización representa ese derecho a tener derecho”, explican los responsables del programa. En todas las misiones siempre aparece la figura del voluntario. Por eso Protagonistas quiso charlar con algunos de ellos. Moni es vecina del barrio Trocha e integrante de la comisión fomentista. El PROEBA forma parte de su vida. Lo mismo pasa con Eliana, quien ha trabajado en domicilios particulares, como también lo ha hecho en el Unzué y en el CIC. Marita vive en el barrio Facundo Quiroga y en esa zona está dispuesta a prestar el apoyo que requieren los alumnos. Nos cuentan sus experiencias. Muy ricas en sí mismas. Eliana por ejemplo es profesora en Ciencias Contables y Administrativas, pero nunca ejerció como docente. Trabaja en un organismo público, pero apenas concluye su jornada laboral se dispone a enseñar y acompañar. Le tocó en los principios de esa experiencia alfabetizar a una vecina de 36 años en su propia casa. Y allí surgió que también podía ayudar a su pequeña hija de 8 años y hasta enseñarle a leer y escribir a su abuela. Cuenta que la señora trabajaba en una casa como empleada doméstica y cuando le daban la lista del supermercado buscaba memorizar el pedido. Cuando volvía y algo había olvidado producto de no poder leer, decía que tal producto no había. “Le daba vergüenza no saber”, nos cuenta. Pero ella misma pudo ver cada progreso. Cómo esas vidas cambiaron para bien. Hasta se emociona cuando cuenta que la pequeña fue abanderado y ante semejante orgullo fueron invitados al acto escolar donde la chiquita portaba esa bandera. “Es una gratificación enorme. Te enriquece el alma el cariño y el amor que te brindan”, confiesa. Moni ratifica las apreciaciones de Eliana. Cuenta que cuando hay pruebas en la escuela y los chicos sacan una buena nota, llegan a la sede orgullosos de su avance. Lo mismo Marita que estudió profesorado de Educación Especial en el Instituto 7 y no dudó en sumarse a los voluntarios cuando se enteró de la existencia del programa. “Sabemos muy bien para qué y porqué estamos haciendo esto”, dicen. No todos son momentos felices. También hay problemas que surgen y que se empeñan por resolver más allá que la solución pueda estar lejos de su alcance. Pero lo intentan y en tantísimas ocasiones lo logran. Entre esos momentos felices se recuerda un viaje a la Ciudad de los Niños con 270 chicos, algunas fiestas en el Martín Rodríguez o la visita al Observatorio Astronómico. Nuevas experiencias, para ellas y para los chicos. Las voluntarias tienen en claro que el PROEBA les ha marcado un cambio de vida y se sienten orgullosas de poder haber cambiado alguna con su ayuda. Ser voluntario siempre es una opción, aunque no cualquier opción. Es elegir ayudar, pensar en positivo, preocuparse por el otro y donar tiempo para los demás. El Programa de Educación Barrial nació con esas intenciones que se han logrado sostener con el paso del tiempo. El PROEBA es un claro ejemplo de participación ciudadana pero también de compromiso con quienes más necesitan de aquellos que están dispuestos a ayudar. Ellas demuestran que enseñando, también se aprende.

 

El PROEBA en números

26 sedes

19 docentes contratados

40 voluntarios

320 alumnos (Nivel Inicial, Primario y Secundario)

20 adultos que reciben ayuda en sus procesos educativos

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