Es el estilo del ex ministro de Economía. No debe sorprender. Pero puede interpretarse como un “error de cálculos”. La gestión Ustarroz ha buscado despegarse de la grieta ante un electorado que ha tenido a Vidal entre sus preferencias. Análisis de situación.

(De la Redacción)

Axel Kicillof encendió la mecha en Mercedes. Su visita del pasado miércoles tuvo un discurso de contenido político muy fuerte apuntado hacia el modelo de los últimos cuatro años que impusieron la gobernadora María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. No sorprende en lo más mínimo que este haya sido el tenor de las expresiones del mandatario bonaerense, pues de hecho en igual sentido lo viene haciendo desde el momento mismo en que asumió como gobernador. La definición de tierra arrasada, la situación de las tarifas, la economía bonaerense, fueron ejes permanentes de sus expresiones en este casi año y medio de gestión. En el mes de marzo del año pasado el gobernador pasó por Mercedes y en aquella ocasión lo acompañaron el ministro de Salud Daniel Gollan y el ministro Eduardo de Pedro, además del intendente. La pandemia estaba asomando. Tal vez consideró que no era un momento oportuno para referirse a cuestiones de un pasado más reciente y su tono no fue confrontativo como en esta ocasión. O tal vez le dejaron en claro algo que no puede escapar al detalle fino de una organización distrital. El intendente Ustarroz llevaba más de un mandato en el Ejecutivo municipal. Desde siempre ha buscado imponer los consensos, el concepto de una comunidad que no se quiebre en las divisiones que plantea la famosa grieta. Porque a pesar que tiene muy claro el alcalde mercedino y todo su equipo de Gobierno que los vientos que soplan son favorables en cuanto a los apoyos provinciales y nacionales, no dejan de repasar los resultados que arrojaron las elecciones de los últimos años. Podríamos empezar por 2015 donde la propia María Eugenia Vidal fue la candidata que obtuvo mayor cantidad de votos en cuanto a los candidatos que se presentaban. Poco más que aquellos que le permitieron al propio Ustarroz convertirse en Intendente por primera vez con un escasa diferencia sobre Lucas Fal. Pero Vidal era la “Cenicienta” por sobre el candidato de Unidad Ciudadana con una distancia superior a los 5 mil votos. Siempre hablando de elecciones donde se juega el poder, en 2019, Juan Ignacio Ustarroz consiguió la reelección de manera más cómoda. A pesar del repunte de la candidata de Juntos por el Cambio en el distrito, los guarismos esta vez lo pusieron en el primer escalón del podio con más de 24 mil votos. Sin embargo Vidal volvía a imponerse sobre el propio Kicillof: 22 a 18 mil votos. No hacía falta ser demasiado iluminado para detectar las preferencias del electorado mercedino. De allí que la gestión comunal prefirió poner primera hacia una concepción de Gobierno equilibrada, sin choques innecesarios y priorizando los consensos sobre las diferencias a pesar que estas existen. Incluso cuando debe plantearse una controversia no es el propio intendente quien responde, sino otro referente de su espacio. De modo atinado Ustarroz siempre buscó despegarse de la “grieta” y eligió armonizar el pago chico, ser cuidadoso en sus conceptos y evitar la exposición mediática en el plano provincial y nacional. Pasos medidos para que todo encaje sin sobresaltos, sin turbulencias. Sin embargo en esta oportunidad Kicillof mantuvo su línea discursiva que tal vez no era la más apropiada para el distrito, menos en una visita institucional donde había buenas noticias para explayarse. Es de imaginar que más de un dirigente local, enfocado en esa construcción de permanentes consensos, haya sentido incomodidad con las apreciaciones del gobernador. No es necesario siquiera que lo admitan.

Herencia

Axel Kicillof dejó buenas nuevas. Anunció que buscarán regularizar situaciones dominiales en tandas de 60 mil escrituras por año. Pero rápidamente ese anticipo fue sepultado al decir que durante sus cuatro años de Gobierno, Vidal no se dedicó a resolver un solo problema de regularización dominial. También mencionó a gestiones anteriores a María Eugenia Vidal y la ligó Daniel Scioli por consecuencia. Enseguida agregó que la oposición, al momento de gobernar, manejó la cosa pública con desprecio e indolencia, “me molesta cuando mienten, después llegan y hacen exactamente lo contrario”, remarcó. También dedicó palabras para el papel de Juntos por el Cambio durante la pandemia. El gobernador comparó modelos y afirmó que desde la Provincia y la Nación se busca recuperar la presencia del Estado que fue abandonada por las políticas neoliberales. También se refirió a las legislativas y la necesidad de coordinar fechas con Nación, de la reactivación de la obra pública, entre otros temas que fueron parte de una breve conferencia de prensa que tuvo lugar luego del acto. Dejó letra para la contraofensiva, tal vez de manera innecesaria. Llegó con un reglamento de juego natural en sus intervenciones, pero que en el distrito Mercedes ha sido modificado en función de las buenas relaciones con la oposición a la que suelen hacerle guiños para trabajar en conjunto. Seguramente el elevado tono discursivo de Kicillof no modifique de modo alguno el rumbo del Gobierno comunal, pero lo incomodó en una jornada donde eran más los motivos para celebrar logros y conquistas que para generar discrepancias y discusiones del escenario político electoral. Un evidente error de cálculos.

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