Por Ariel Dulevich Uzal

Se fue un gran demócrata, de formidable estatura ética e intelectual; cuyo talento y creatividad –virtuosa conjunción de sutil humorismo y profundidad filosófica–, nos deja un legado de singulares valores humanistas, que fueron mundialmente reconocidos y aclamados.

Su sensible percepción de expresiones de versátiles perfiles humanos de su tiempo; y la sabia mirada del entorno, en la era disvaliosa del postmodernismo; lo llevó a testimoniar realidades de significativo sentido social, no exentas de espíritu crítico, ante inequidades e injusticias que su lápiz expresó con elocuencia comprometida y solidaria.

Tuve el honor de conocer a Joaquín, junto a Raúl Alfonsín, por quien el Maestro tenía gran afecto y admiración; tomando muchas veces su gesta, como motivación protagónica de sus inolvidables personajes.

Al igual de todos los grandes auténticos; era dueño de una personalidad afable, cordial y de una singular modestia y sencillez.

¡La prolífica labor de sus emblemáticas obras, como la evocación de su querida figura, será imperecedera!

¡Gracias Joaquín!

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