“Cumplí el sueño de jugar con mi ídolo que era Teté”

Por Fernando Pachiani

Tal vez porque como él mismo dijo que hacía rato que no hablaba con algún medio mercedino, porque casi todas sus relaciones son por el poder judicial o por el deporte y en ninguna está presente Mercedes, porque en el 69 deja la ciudad para ir a La Plata a comenzar sus estudios universitarios, o porque hace ya unos cuantos años que está radicado definitivamente en la ciudad de Mar del Plata, fueron motivos más que suficiente para traer a esta sección a una leyenda del basquetbol local y nacional como Adolfo “Gurí” Perazzo.  

Sus inicios en el basquetbol, deporte en el que brillaría años más tarde, fueron en el Club Talleres Payró que estaba cerca de su casa y al cual recuerda como un club al que se iba a bailar.  “De chico comencé a frecuentar ese hermoso club Talleres Payró que es un club de bochas. En el verano normalmente los fines de semana se transformaba en un club para ir a bailar y un grupo de pibes y yo íbamos a ver trepados a un tapial muy bajito que tenía un vecino y entrábamos por ahí atrás sin que nadie lo supiera. Muchas veces quisimos escalar las rejas que tenía la entrada pero era bastante alta”

“Tenía 12 años – recuerda- mis primeros tiros no fueron a un aro de básquet convencional.  Enfrente del club vivía un compañero del grupo del barrio que había hecho un aro con una llanta de bicicleta pegado ahí contra la pared que cada vez que usábamos una pelota de básquet reglamentaria el aro se rompía porque no aguantaba el peso de la pelota, así que siempre tirábamos con pelotas diferentes”.

Todo gran deportista recuerda, por lo general, a quién lo formó, quién fue el primero que lo dirigió y en este sentido el “Gurí” nos cuenta: “el primer técnico que tuve me parece fue el gordo Santamarina y es muy significativo para mí porque yo había comenzado a dar los primeros pasos y entonces era uno más de esos chicos a los que le dabas la pelota para que vayan picándola a la cancha, a tirar una bandeja y después tenías que esperar más o menos 15 minutos para volver a tirar. Un día –agrega- se arma un partido y me convocan; le comento a toda mi familia; muchos de ellos fueron, pero ese día no me pusieron en el partido y entonces me puse a llorar. Y dije esto no es lo mío. Hasta que me lo hace ver con un poquito más de intensidad el profesor de educación física del colegio San Patricio que era Miguel Iribarren. En la secundaria se hacían más exhibiciones, que él había organizado, y que nos hizo bien al crear un montón de ejercicios con cajones, con aros, y la mayor competencia gracias a que también se ocupaba de armar equipos dentro del colegio San Patricio”.

“Después vino toda la parte de motricidad que tuvimos en la secundaria a raíz de todo el trabajo del “Lechón” Iribarren; eso también es muy recomendable. De mi paso por el Colegio San Patricio recuerdo hasta las posiciones de los bancos en secundaria, de primaria, personas muy lindas que realmente tuve por suerte; todos me dejaron algo que es lo más interesante de la parte educativa. Creo que del que más se acuerda uno siempre es del Rector; ese que te ha puesto más de una vez afuera, abajo de la campana porque te portabas mal; después te acordás mucho de los curas que eran muy estrictos; la misa de los domingos y de la catequesis y también me acuerdo mucho de los profesores de química, física, matemática y educación física porque me hacían sufrir”.

Después de aquella primera frustración con el básquet, Adolfo Perazzo practicó, durante la etapa de la secundaria, otros deportes como atletismo y lanzamiento de la bala y disco, llegándose a coronar campeón provincial intercolegial en 1968 en bala y disco, y subcampeón argentino en el lanzamiento de la bala en el mismo año. Luego vino la visión de Amilcar Juárez cuando estaba en Quilmes: “Podés ser un segundo Teté Barreneche, todo depende de tu preocupación”. Finalmente el Club Mercedes y con la terminación del Bachillerato su traslado a la ciudad de La Plata para ingresar en la universidad.

El estirón

“Mi estirón se produjo a los 13 años, cuando entraba en primer año. Crecí casi 20 centímetros de golpe. En mi casa se asustaron –recuerda- y me llevaron al médico. En esa época nació el apodo de “Gurí” por el hermano de Patoruzú”

Si con algo se puede asociar su crecimiento, cuenta que “en aquella época mi papá Adolfo juntaba a todos los tamberos de la zona y llevaba la leche a Suipacha. Cuando éste llegaba a casa con posibilidad de traer de la fábrica yogur, manteca, dulce de leche y eran famosas en el barrio las meriendas en casa que varios chicos del barrio se deben de acordar, así que si tengo que asociarlo con algo, fue sin dudas los lácteos que consumía”.

Club Gimnasia y Esgrima La Plata

“Cuando me voy a estudiar a La Plata, un profesor me convence de entrenar en el fondo de la facultad de ingeniería en el que estaba el campo de deportes para los estudiantes universitarios y ahí es cuando me ve el entrenador de Gimnasia y Esgrima de la Plata que me pregunta qué hacemos con esa pelotita en la mano (bala); vos tenés que agarrar la de básquet y me lleva el club Gimnasia”

En referencia a la presencia de Héctor “Teté” Barreneche en su carrera deportiva, dijo: “Teté iba al Club Mercedes a tirar al aro y se hicieron un par de partiditos; entré a uno de esos partidos y él me ve a mí y después me contó de que le había asombrado la devolución que había visto entre un aro y en otro. Entonces él pasa la información a Gimnasia y Esgrima de La Plata y comenta que en Mercedes hay un pibe que juega muy bien. Que yo iba a estudiar ingeniería; que estaba haciendo atletismo en el campo de deportes de la universidad y entonces mandó a este entrenador que después es el que me ve a mí y ya lo había mandado Tete a buscarme. Tuve la suerte de entrar en un equipo que era muy competitivo y entonces hacemos toda una gira por Europa porque era importante el equipo y entonces yo voy en el 70 y ya me había ido, a esa edad, a una gira a Europa; era todo un acontecimiento familiar y personal y me imagino que en ese momento ir a Europa era algo increíble. Por eso a veces a los chicos les digo: viste que en cada partido no sabes quién puede estar en la tribuna por eso entregate con todo porque no sabes quién se encuentra por ahí y te va a dar la posibilidad. Salvo a Teté, en Gimnasia no conocía a ningún jugador de basquetbol. No sabía nada de nadie. Al único que le había visto la cara era a “Finito” Gehrmann porque lo conocía por una figurita. Tengo la suerte de decir que a mí se me dio el sueño del pibe, porque orgullosamente jugué con mi ídolo, en Gimnasia llegué a ser compañero de Teté Barreneche”.

 “En 1970 salimos campeones. Para ser el equipo del año del país teníamos que ganarle a Lanús en Lanús, lo que era imposible. Era un partido picante que había que ganarlo. Comete la quinta falta “Finito” Gehrmann y el técnico no sabía a quién poner y me elije a mí y tengo la suerte de jugar bien y ganamos ese partido y en la tribuna estaba el técnico de la selección nacional. Enseguida dice quiero tenerlo en la preselección por lo menos para verlo y cuando me citaron para la preselección ahí no desaproveché la oportunidad de quedar en la selección a partir del 71; estuve 15 años más o menos vistiendo la blanca y celeste”

El partido con Michael Jordan

“De este hecho no hace mucho que me enteré – se sincera el “Gurí”. Fue en mi cuarto y último Panamericano jugado en Caracas, Venezuela en 1983. En ese torneo la Selección Argentina se midió ante la de EE.UU en la ronda final. Ahí fue – recuerda Perazzo- en la que apareció Michael Jordan, un negrito que se diferenciaba de los demás y entonces te parece que es un soberbio, que se la cree toda, pero no lo podía agarrar nadie; era impresionante y ganaron caminando ese torneo; la verdad que nadie sabía quién era Michael Jordan. En e1 partido que jugamos nosotros contra Estados Unidos equiparamos las líneas internas, digamos de los grandotes, que tenía gente muy alta. Pero al negrito no había forma de pararlo”.

Su presente

 “Realmente hoy no estoy vinculado a ningún club; lo que hice y sigo haciendo de vez en cuando son clínicas de básquet y sus valores en lo trabajo cuando me llaman de algún club. Voy un fin de semana o tres días; trabajo con todos los chicos del club;  hago un estudio de todo lo que les falta y de lo que habría que potenciar dentro de los jugadores y les dejo eso al club, también hablo con la familia en cuanto ayudarlos en la prevención a sus hijos a que no entren en cosas raras. También hago un taller con los dirigentes y con los entrenadores”

Títulos obtenidos

Selección Argentina: Campeón Sudamericano 1976 en Medellín, Colombia

 Campeón Sudamericano 1979 en Bahía Blanca, Argentina

Participó del Campeonato Mundial de básquet 1974 en Puerto Rico, 11° posición.

DEJA UNA RESPUESTA

Pone tu comentario
introduzca su nombre