El silencio preocupa donde antes se gritaban goles. Los propietarios de canchas de fútbol recreativo de la ciudad no la están pasando nada bien. Ya son cuatro meses sin ingresos y la solución no parece estar en el horizonte.

Mauricio López, dueño de Paso a Paso, uno de los complejos de canchas de fútbol más importantes de Mercedes, atraviesa un difícil momento, porque además de no poder abrir sus instalaciones, esta pandemia lo agarró en pleno momento de refacciones. Con ayuda de clientes y amigos, intenta seguir adelante con las modificaciones en su complejo deportivo.

Abrió sus puertas el 10 de octubre de 2010 con dos canchas de tierra. Donde hoy está ubicado su local deportivo, antes era un bosque. A pulmón y con un gran esfuerzo personal y también de sus amigos, fue transformando ese terreno baldío en lo que es hoy Paso a Paso.

En agosto del 2013 se dio la inauguración de la cancha sintética de 6. Esa fue la primera gran transformación, porque además fue el boom y se dio a conocer fuertemente en la ciudad. Desde ahí no paró de crecer y los comentarios de boca en boca eran cada vez más frecuentes. Un año después, estrenaron dos canchas más de pasto sintético, pero de futbol 5. La última gran apertura fue en diciembre del 2017, cuando construyeron dos vestuarios amplios y baños para mujeres y hombres.

Además de los clásicos picados, Paso a Paso ofrece un gran servicio de cantina con todas las comodidades para sus clientes dentro del quincho y en un salón especial para que amigos disfruten del tercer tiempo. No todo es fútbol, también el complejo se suele usar para festejos de cumpleaños.

-Aquel día que cerraste el complejo, ¿Imaginabas que ibas a estar más de 100 días sin abrirlo?

-No, jamás lo imaginé. Es más, unos días antes no lo imaginaba, no lo pensaba, no tenía en cuenta que podía suceder eso. Fue y es duro.

-Unos días antes de que se decretara la cuarentena obligatoria, ¿Ya notabas una reducción importante de turnos?

– Unos días antes del 20 marzo, ya empezaron a mermar los turnos. Muchos tenían dudas y empezaron a bajar automáticamente. Llegamos a tener dos o tres turnos por día. El desastre en lo laboral empezó antes del 20 de marzo.

-¿Para vos el año está perdido?

– Si, totalmente. Lamentablemente sí. Ya van casi cuatro meses sin abrir. El año prácticamente no lo empezamos a trabajar y lo que queda del año es para pagar las grandes deudas que quedaron, porque hay que cumplir con la gente que nos dio una mano.

-¿Cuál fue el mes que empezaste realmente a sentir económicamente los efectos de esta pandemia?

– La verdad que fue instantáneo prácticamente. A mí me agarró haciendo varias modificaciones en el complejo. Siempre calculábamos los ahorros con el día a día porque estábamos trabajando muy bien, los ahorros estaban basados en eso. Obviamente contemplábamos los días de lluvia que los turnos merman un poco, pero jamás hubiésemos imaginado que iba a pasar esto y nos iba a obligar a cerrar. Nos agarró mal parados en ese sentido.

También para mí fue tremendo por mi hijo. Él tenía el departamento en alquiler en Buenos Aires porque estaba estudiando allá. Tuvo que dejar la universidad este año por lo económico y porque a través de internet no aprendía lo que necesita. Tuve que darle de baja al departamento y seguir pagando los dos meses y las expensas. Fue un trastorno psicológico porque el dueño nos exigía pagar si o si los primeros días del mes. Eso me afectó mucho la cabeza. Tuve mucha tristeza y angustia porque no estoy trabajando teniendo trabajo. Nunca me había pasado y sobre todo no poder darle el lujo a un hijo que pueda seguir estudiando. Esperemos que a partir de agosto él se pueda acomodar y sino será el año que viene.

– En este tiempo, ¿Recibiste muestras de solidaridad de tus clientes y amigos?

– Hubo muchísima solidaridad de los clientes y amigos. Siempre tengo que agradecer a mi mamá, mi hermana y mi hermano, que estuvieron y están. También amigos que se ofrecieron con su ayuda, que esa ayuda es económica, pero sobre todo tengo que destacar a una persona que era cliente nuestro, que no sabía su nombre ni apellido y venía a ver jugar a sus compañeros de colegio. Lo conocía solo de vista, por su lugar de trabajo que es la casa de lencería de la 20 y 27. Esa persona es Hernán García.

Una día nos encontramos en la cola del banco y hablamos de como nos estaba yendo con esto de la pandemia. Quedó ahí. Pero ese día salí del banco, me vine a Paso a Paso, como todos los días. En eso veo un auto que llega a la puerta del complejo. Toca bocina, salgo y prácticamente que me tira un sobre con dinero. Yo con la negativa, me partía el alma porque tampoco lo conocía demasiado. Me daba muchísima vergüenza. Me prestó plata, bastante, sin conocerlo básicamente y me dijo que se lo devuelva cuando pueda, cuando quiera o que directamente no se lo devuelva porque a mí me iba a servir más que a él. Se lo conté a todos mis conocidos porque esas cosas son tremendas. Más de uno me dijo que iba ir a comprar al negocio de ese señor porque se lo merece.

No hay manera para agradecer esa gentileza que tuvo. Un corazón tremendo. Después hablando con gente que lo conoce me dijeron que Hernán siempre fue así. Ojala hubiera muchos Hernán. Se lo voy a estar agradecido toda la vida a él y a su familia.

Además, tengo que agradecerle al corralón, al albañil y a Pisos D’Onofrio. Porque con todas las edificaciones que estoy haciendo en el complejo, tuve que ir a hablar con cada uno de ellos y les dije que no podía trabajar y por ende no les podía pagar. Cuando conseguí el dinero y fui a pagarles, ninguno de los tres me quisieron agarrar la plata, que cuando vuelva a trabajar les pague y ellos me respetaban el precio. Hay mucha gente buena, muchísima gente buena.

Le debo agradecer también a Matías ‘Pitin’ López, que está desde los comienzos. Es mi empleado-amigo. Muchos creyeron que era hijo mío por el apellido, pero no, es un vecino que desde chico lo conozco.

Aunque también está quien aprovecha la bolada y disfruta de este momento, que la gente no tenga trabajo. Te das cuenta. Me pasó que modifiqué un lugar que no se usaba en el complejo, lo volteamos para hacer un sector de parrillas para nuestros clientes y han estado hablando cosas como que Paso a Paso cerraba, ese era el comentario. Aunque esa gente es la minoría, gracias a Dios.

-Además de la posibilidad de jugar al fútbol, hay muchos amigos que se quedan a comer luego de los partidos y eso te genera un ingreso extra, ¿Cómo crees que van a ser esos encuentros una vez puedas volver a abrir?

– Yo lo veo complicado a eso, como la vuelta al fútbol. Tal vez si volvemos en mucho tiempo, para esa época ya se puedan hacer estas cosas. Por ahí no el aglomeramiento de tanta gente, pero acá el lugar es amplio y tenemos varios sectores. Pero si, es difícil porque no sé que nos van a obligar para volver a abrir y eso nos va a generar más gastos todavía.

-¿Algo parecido pasa con los vestuarios que tiene el complejo, no?

– Si, seguramente no se puedan usar los vestuarios, pero la gente se tiene que adecuar a lo que estamos viviendo y van a tener que venir preparados ya para jugar e irse rápido a sus casas. Hay que cuidarnos y respetar las medidas para seguir trabajando. Eso lo hablamos con todos los que tenemos canchas acá en Mercedes, tenemos un grupo y queremos trabajar y respetar, porque si alguno falla en algo, van a obligarnos a cerrar y volver para atrás, eso es lo que no queremos. Vamos a tener que cumplir y la gente lo va a tener que entender.

-Sobre el tema de la vuelta, ¿Será tal vez con menos turnos por protocolos de funcionamiento? ¿Crees que tendrás que adecuar el complejo con equipamiento sanitario para la gente?

– Yo no sé en qué época vamos a abrir, pero si fuera pronto yo creo que nos van a dar poquísimos turnos. Ojalá me equivoque y pudiéramos trabajar normal que es lo que necesitamos, porque ya pasaron 4 meses y van a pasar varios más. Tenemos familia, empleados y no tenemos otro ingreso la mayoría de los que tenemos cancha.

Encima vamos a necesitar de más gente porque la higienización de los baños va a tener que ser a cada hora. Por ahí en la entrada tener gente para controlar, está el que tiene que alcanzar los balones, el que tiene que atender la cantina… entre que estamos mal y nos dan pocos turnos, también necesitamos más gente para atender. Pero queremos trabajar como sea.

-En ese etapa, ya post cuarentena, ¿Pensas que la concurrencia va a ser masiva como antes o por una cuestión de temor va a ser paulatino?

– Yo creo que cuando arranquemos, la primera semana va a empezar con todo, pero después haciendo un balance, y ojalá que me equivoque, va a mermar porque la gente va a tener miedo. Tal vez tengamos un 20% menos de concurrencia. Además, hay que tener en cuenta que mucha gente que quedó sin trabajo y la ciudad lo va a sentir. Por ahí el dinero solo le alcanza para el turno, por lo que el buffet no va a ser lo mismo.

Por el stress y todo lo que estamos pasando, yo creo que la gente lo último que dejaría sería el entretenimiento y la distracción de estar con amigos. Van a venir a jugar, pero a veces el dinero te va a decir que no. El corazón y la cabeza te dice una cosa, pero el bolsillo otra, que no vas a poder jugar lo que jugabas antes.

Ojalá la gente pueda volver a jugar. Hablo por mí y por todos los que tenemos canchas. Lo mismo digo para todos los negocios de la ciudad. Es lamentable pasar por el centro y ver tantos negocios cerrados. Es muy triste todo.

-¿Imaginas una fecha tentativa para la vuelta a las actividades deportivas en Mercedes?

– Es difícil, pero ojalá fuera en septiembre que pudiéramos arrancar para cumplir con la gente que nos dio una mano que es lo que más me preocupa. Obviamente fue sin compromiso, pero uno no estaba acostumbrado a esto y en la mente juega y mucho.

A mí me ayuda que no pago alquiler, soy dueño y es una gran ayuda, pero muchas canchas están con alquiler y los dueños quieren cobrar los alquileres. Me gustaría que a todos le hayan dado tiempo y sean realistas con el momento que estamos pasando.

-Ya nos contaste que durante estos largos días, estuviste trabajando para mejorar el complejo, ¿De qué se tratan estas modificaciones?

– Estuvimos trabajando todos los santos días de la cuarentena. Mañana, tarde y noche. Yo calculo que son más de 1.000 metros cuadrados que hemos podado de ligustrina para que entre más el sol y más aire. Hicimos la cocina nueva que va a ser para el nuevo salón y tiene sus mesas, sillas, freezer, heladera, horno industrial y pizzero. Está toda equipada para que lo disfruten los equipos. Tendrá un costo adicional pequeño para mantener el gasto de gas y de luz. Será un lugar muy amplio, de 9×9 metros. También hicimos un sector nuevo al aire libre. Volteamos todo lo que era viejo y ahora es un parquecito y ahí van a estar las parrillas. Tenemos la idea de poner tres o cuatro parrillas con sus mesas respectivas para los equipos. Ya estamos iluminando esa zona. Y después modificamos el quincho para los equipos y también para lo comodidad nuestra.

Por Julián Patrici

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