Hablando de restauraciones y aunque no sea algo estrictamente mercedinos, qué vecino de esta ciudad que durante largos años haya recorrido la Ruta Nacional 5 hacia Luján (cuando era angosta), no recuerda el viejo cartel que durante décadas marcó el ingreso a la localidad de Flandria desde el techo de un refugio de colectivos. Pues bien, el mismo está siendo restaurado por un grupo de vecinos y socios del club que participa del torneo de la B Metro de AFA y todo el trabajo se desarrolla bajo la principal tribuna del Estadio Carlos V. En la web del medio colega El Civismo se publica una nota cuyo autor es  Gustavo Charino quien afirma que el cartel ha sido por décadas “parte de la identidad del pueblo… indicaba al viajero que había llegado a Flandria y con su punta marcaba hacia donde debía doblar para llegar al corazón de la localidad”. La flecha fue llevada en un trailer “desde la casa de un vecino que logró rescatarla hace años evitando así que se convierta en chatarra o directamente desapareciera en algún horno de fundición”. Dice el artículo que la idea final es volver a colocarla arriba de un refugio que podría construirse frente a la cancha “con su punta orientada hacia ese “templo sagrado” que tiene la familia Canaria”.

Historia

Cuenta Charino que Eric Ramos, un investigador y custodio del pasado del pueblo, contó parte de la historia de la flecha en su cuenta de Facebook. “Ramos no tiene certeza cuándo fue colocado este particular cartel y parte de la identidad lugareña. Sabe que, en la década del 90, durante la presidencia de Carlos Menem, empezaron las obras para que la Ruta 5 se convierta en Autovía. Con el ensanche de la traza y la construcción del puente que une el barrio Loreto con el núcleo urbano de Jáuregui, el viejo refugio fue demolido y la flecha fue a parar al obrador que tenía la empresa constructora en calle Los Plátanos, Pueblo Nuevo”. “Entre 1998 y 1999 el obrador se mudó, pero antes de irse comenzó la limpieza del predio. En esos movimientos, un vecino del predio les preguntó a los empleados qué iban hacer con el cartel. Los empleados respondieron que iba a chatarra”, recordó Ramos, conservacionista de objetos que marcaron una época. Ese vecino se llama Miguel Ledesma. “Creo que vieron la cara de Miguel, de cómo se escurría parte de la historia de todos y le dijeron si quería el cartel. Ahí cambia la cara y sin dudarlo dijo que sí. A pesar que había que empujarlo o tirarlo por arriba del alambrado, la tarea no fue fácil porque el cartel era pesado”, reseñó. Salvada del desguace tras ser rescatada por Ledesma, al cartel le llegó la hora de dejar el fondo de esa casa y pasó a otras buenas manos que están comprometidas, dice El Civismo.

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