(De la redacción)

Mercedes es una comunidad que oscila los 70 mil habitantes… es decir 70 mil personas que viven en comunidad. ¿Y que representa vivir en comunidad? Que existen normas por respetar, responsabilidades por cumplir, pensar en que nuestras acciones individuales pueden afectar al colectivo. Desde el 20 de marzo la Argentina vive en Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, una norma que se supone debemos respetar podamos estar de acuerdo o en desacuerdo con ella. Nadie puede alegar que no conoce esta circunstancia. Nadie podría decir que desconoce que debemos usar el tapabocas, que debemos lavarnos las manos, que tenemos que respetar el distanciamiento social y que debemos quedarnos en casa todo el tiempo que sea posible. Las excepciones también están más que claras. Hay actividades denominadas esenciales porque tampoco desconocemos que existe una pandemia global, un virus, un enemigo invisible que nos acecha. Las comunidades entonces tienen responsabilidades individuales. Nuestras autoridades nos han dicho hasta el hartazgo cuales son cada una de ellas. La insistencia incluso ha recogido críticas. Cada quince días, en una especie de cadena nacional, nos vienen anunciando la extensión de la eterna cuarentena y casi como si no lo supiéramos, nos reiteran que debemos hacer y lo que debemos evitar para no generar complicaciones a esa comunidad de la que somos parte. Sin embargo existen conductas de rebeldía que atentan contra esas recomendaciones. Y allí entran en juego los que creen que se puede hacer lo contrario a lo que nos han dicho. Una actitud de rebelión adolescente muy parecida a aquellos días en que aquello que nos decían nuestros padres para cuidarnos había que burlarlo sin que importen sus consecuencias. En todo caso, aquello, nos afectaba individualmente. Recrear aquel escenario en una comunidad afecta al colectivo. El Derecho Penal contempla la culpa y el dolo. Nos detendremos más bien en la culpa, que se define como una acción que no tiene la intención de provocar las consecuencias de un acto. Pero las provocaron. Entonces se concluye en que existen culpables aunque no signifique caer con el dedo acusador sino llamar a las cosas por su verdadero nombre. Si seguimos esa línea de aplicar el derecho podemos decir que existen tantísimos, millares de individuos que han respetado las normas y por ende se convierten en inocentes. Porque para que haya culpables también tiene que haber inocentes, aunque ya sea tarde. Lo sucedido por estos días en nuestra ciudad debe servirnos como una enseñanza de aquello que está bien y aquello que no lo está. Creer que como individuos podemos hacer lo que nos venga en gana tendrá sus consecuencias, pero debemos saber que esas acciones pueden afectar derechos de otros individuos, esos que forman parte de la comunidad en la que aceptamos vivir. Aquellos que habiendo cumplido las normas como lo demanda la situación se ven afectados tanto como quienes no lo hicieron. Aprender de los errores también debe ser un sano ejercicio para aquellos individuos que viven en comunidad.

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