Anécdotas (entrevistas)

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A lo largo de los 24 años de mis entrevistas, más de 1200, he participado de momentos que aunque me pertenecen, quiero compartir algunos con ustedes, absteniéndome de nombrar a los personajes que, por supuesto, ellos se identificaran solos. Si lo logran ustedes, no lo divulguen…

Amigos son los amigos…

Uno de mis invitados me concedió la nota y la desarrollamos como ha sido mi estilo, dentro de lo que se buscó siempre. Conocer algo más de su vida, sus gustos, su trabajo, su familia…

Fue interesante, llena de vivencias y una cariñosa mirada hacia la familia. Trabajo, logros, tropiezos y sobre todo la vida y crianza de sus hijos, fue el centro de la temática ya tradicional. Varias fotos ilustraron aquel ejemplar que lo tuvo como protagonista.

Cuando llegamos al tradicional “Fuera de Juego” y luego de mencionar la simpatía por un club de fútbol – creo que dijo ser de Boca – y mencionar su gusto en platos y vinos, llegamos a defectos y dones personales, para lo que no tuvo empacho en decirme –mirá, no tengo marcha atrás, soy terco y eso me distanció de un amigo – . Por supuesto que no hice preguntas al respecto y seguimos la charla hasta cerrar la entrevista.

Lunes a la mañana, yo salí del Banco (Nación) y crucé la calle para llegar a mi auto que había estacionado frente a la confitería (El Club). Estaba en eso cuando divisé que en ella estaba mi entrevistado con alguien, de modo que decidí entrar para saber algo sobre la repercusión de la nota recién salida. Grande fue mi sorpresa cuando sin que mediara palabra alguna, quien estaba con él me dijo –vos sos el responsable de que yo esté ahora sentado con este hij….- tras lo que todos nos reímos fuertemente.

Allí recordé que después de haberlos visto juntos con sus esposas durante muchísimos años, eso ya no ocurría y solamente andaban las chicas con alguno de ellos, pero nunca los cuatro. Charlamos un rato y quise saber los motivos de ese distanciamiento, la respuesta de ambos fue…-no nos acordamos…!.  Quedé atónito.

Pocos días después, frente justo a la entrada del Club del Progreso, ellas, las dos esposas caminaban como de costumbre, pero al verme, cambiaron miradas y nos detuvimos en grupo. Con cierta complicidad que advertí, tiré la pregunta y de inmediato me relataron lo que ahora cuento.

El “amigo”, al abrir las páginas de Protagonistas en su casa y descubrir a su examigo en ellas, le comentó a su mujer que en la referencia del fuera de juego, hacía seguramente alusión a él. De inmediato tomó el teléfono y lo llamó, inquiriendo sobre el asunto y recibiendo la respuesta afirmativa.

Esto no era novedad, ya que me lo habían relatado en aquel encuentro en el Club, pero lo que no me contaron entonces fue que aquella llamada se extendió por más de media hora y los dos llorando como bebés en cada punto de la línea.

Increíblemente y por esas cosas de la vida, una simple nota periodística que me pertenece, hizo que dos amigos de verdad se reencontraran luego de estar distanciados por más de tres años.

Amigos son los amigos….!!!

Estás seguro…?

Una nota no se daba por el estilo algo chúcaro de alguien que ya no está con nosotros y que ha sido siempre algo retraído y hasta tímido.

Le insistí y la logramos. Me habló en su desarrollo de todo un poco, del deporte, las actividades sociales y en especial de su trabajo, de lo que no quiero hablar para no favorecer su identificación.

Era muy bondadoso y por demás generoso. Sus amigos más íntimos que no fueron pocos lo pintaban de cuerpo entero y al fallecer, dicen que les dejó a ellos la impronta de su señorío de bien y su referencia.

Cuando debía hablarme de su esposa en la entrevista, sobre sus virtudes y defectos, me dijo –flaco, vos la conoces bien, poné lo que te parezca y listo.

Es cierto que los hombres no suelen decirme lo que sienten, no sé por qué, pero es así, de manera que muchas veces trato de expresarlo yo en la nota y éste fue el caso.  

Como es mi costumbre, nos encontramos para corregir el escrito antes de mandarla a redacción. La cita fue en el centro y cuando salimos rumbo a su casa en mi auto, paré en la heladería de Aloisio para llevar helado a casa. Curioso como era me preguntó y le dije que siempre llevaba helado o alguna golosina a mi familia y que si él lo hacía, a su esposa le gustaría mucho y hasta “le haría la fiesta” (sic).

Camino a su casa y sosteniendo el paquete en sus manos me preguntó: -estás seguro de lo que me dijiste sobre la fiesta…? y ante mi respuesta afirmativa me dijo…- entonces pará que tiro el helado a la mier…-

No duden de que así fue…aunque he postre haya llegado intacto casa.

Tenías razón…

Lo que sigue es algo que se me ha presentado más de una vez, aunque con diferentes matices seguramente, pero en el fondo, muy similares.

Hace algunos años, las separaciones, divorcios, las nuevas novias y novios, parejas con hijos, las familias ensambladas y etc., no eran situaciones tan comunes como lo son ahora. Lo cierto es que muchas veces me ha pasado que cuando el entrevistado, él o ella, hablan de sus entornos, sus amigos, familiares, … todo anda bien hasta cuando deben expresar algo de sus ex  y allí sobrevienen ciertas diferencias.

Si la relación con sus parejas ha terminado en términos “maduros”, como suele decirse, hablar de los o las ex, no les resulta incómodo y al contrario, subrayan con énfasis el estado de sus relaciones en esa actualidad. Si no ha sido así, dicen que no quieren hablar nada de él o la, aunque tengan hijos y hasta nietos en común.         

Mi lugar, desde el que no debo tomar partido nunca, suele se expectante hasta el momento en que se dé la charla.

Caso uno: No pobre… suelen decir y asumen la responsabilidad de todo lo que pasó y no me cansaré de reprochármelo. Es una gran persona y merece lo mejor….

Caso dos: Simplemente se acabó todo, estamos en buenas relaciones, cada cual con lo suyo y en lo suyo sin rencores.

Caso tres: No quiero hablar, ni siquiera mencionar su nombre. Cada uno sabe lo que hizo y no hay nada que decir ni comentar.

Ahí es donde más de una vez he tenido que sugerir nombrar al padre o la madre de sus hijos, según sea, sin necesidad de otras cosas ni detalles. En general esa sugerencia ha dado sus resultados y todo anduvo bien en las notas, pero en una oportunidad pasó lo siguiente:

Dije yo: – Debes tener en cuenta que tus hijos tienen a sus padres, pese a que la pareja ya no exista, de manera que me parece que es mejor dar su nombre. – No…nada de nada…ni hablar de eso…!, fue la respuesta.

Lunes por la mañana sonó mi teléfono y una voz entrecortada y llena de angustia me dijo; – Héctor, tenías razón…la primera factura que recibí hace un rato, es la de uno de mis hijos que me mandó a la mie…!

Yo tuve razón.

Decile que lo nombré

Siete de la mañana y el sonido del teléfono interrumpió mi ducha. –Hola digo…! – hola flaco querido, soy fulano, perdoname que te moleste, pero recién me acaba de llamar mengano y me reprochó que en la lista de mis amigos de toda la vida, no aparece él…!. si llegaras a verlo y te pregunta algo, decile que vos te lo “comiste”, no me falles eh…?

Una hora más tarde en plena plaza San Martín, el “ignorado” amigo me abordó a pocos metros de la esquina de 24 y 27. Al verlo preparé lo que debería decirle si es que algo me preguntaba. –Hola flaco, muy linda la nota que le hiciste a (..) y lo acabo de criticar ya que no me nombró como uno de sus amigos…-¡ Sí que te nombró, no habrás leído bien- vamos al kiosco y te lo demuestro (gran actuación mía, casi un Ricardo Darín). Por supuesto que en un fingido repaso del semanario, su nombre no apareció y vino el cierre de mi actuación…- puff, me lo comí, perdón.

Yo seguí mi camino y el “olvidado” el suyo. Lo cierto es que logré evitar un gran disgusto y gané varios cafés que el protagonista de la nota, dejó pagos en “La Recova”.

Un rezongo es soportable si se lo cambia por una sonrisa de satisfacción.

Aquel que quiera aportarme alguna anécdota sabrosa, hágamela llegar a mi correo y tal vez podamos publicarla. hector_espina@hotmail.com

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