Marcelo Lasala

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“Vine a Mercedes desde Saladillo para trabajar en lo que hago desde aquel 2001. Lo que hago es lo que me gusta y trato de cumplir de la mejor manera con mis clientes”.

Marcelo Hernán Lasala, 45 años, técnico en instalación de láminas de polarizado. Casado con Solange Ayelén Massaccesi (38) empleada. Un hijo, Tomás Bautista (11) alumno de la Escuela Normal. Hoy nos cuenta algo de su vida, su trabajo, su familia, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Dónde naciste…?

Soy nacido en la localidad de Ituzaingó, en el Gran Buenos Aires, aunque poco después nos mudamos a J. J. Almeyra en el que permanecimos unos años, para pasar a Navarro, cabecera del partido por tan solo uno más. De allí nuestro destino de residencia fue Saladillo, que es el pueblo con el que me identifiqué siempre.

¿Tu familia…?

Mis padres que se separaron hace muchos años, cuando yo andaba por los 20 más o menos, son Mirta Ester Cid (72), que está jubilada y vive en Chivilcoy  y Roberto Hugo (73), también jubilado y reside en Navarro. Tengo dos hermanos, Roberto Alejandro (46) años y es comisionista y Cecilia (36) que está empleada. Mis dos ahijados son Estanislao, hijo de Alejandro y Daniela y Delfina, hija de Fernando y Marina. Tengo seis sobrinos que se llaman Camila, Lola, Guadalupe, Octavio, Augusto y Pedro. Te digo que cuando estábamos en Almeyra, mi viejo tenía un colectivo urbano y al mudarnos a Navarro, comenzó a trabajar para una distribuidora.  

¿Luego vendría lo de Saladillo…?

Claro porque papá, que trabajaba para un distribuidor de Mercedes, atendiendo la zona de allá, al quebrar aquella firma, aceptó la oferta comercial de continuar con su trabajo ya como responsable. 

¿Límites en casa…?

Los tuvimos y marcados tanto por papá como por mamá, que siendo la que más tiempo estaba con nosotros, se hacía sentir un poco más. Como las cosas funcionaban al compás de ellos, no hemos causado problemas demasiado grandes en casa.

¿Tus estudios…?

Hice la etapa de primaria en la Escuela Nº 18 residiendo ya en Saladillo. Allí tuve entre mis compañeros a Diego Crosta, José Refort, Cecilia Pugel, Mariana González, Ricardo Villafañe… y fueron algunas maestras entre otras, las señoritas Carmen, Graciela, Rosa…(siguen)

¿Hiciste el secundario…?

Para entonces ingresé a la EET (industrial) en la que fui compañero de entre otros, José Rachitt, Ricardo Villafañe, Lionel Alegre, Walter Barus, Mauro Tenaglia, Carlos Carbonetti, “Pirincho” Cicaré, Sebatián Zabala, Diego Álvarez, Julio Grassi, Julio Bellera …(siguen). Por otro lado, entre los profesores recuerdo a Jorge Bustamante, Cazcardo, Yenta, González, Mabel Comas, la “Flaca” Pertino, Guillermo Morena, Ariel Muñoz…(siguen). 

¿Fuiste bueno en la escuela…?

Hasta promediar el segundo año de la EET te diría que resulté al menos cumplidor, pero ya finalizando el segundo y todo el tercer año, me sedujo andar con un peso en los bolsillos y los estudios pasaron a segundo plano. 

¿De dónde venían esos pesos…?

Mi papá trabajaba para la distribuidora de cigarrillos y golosinas que era de Constantino, que funcionaba aquí en 16 entre 15 y avenida 17 y yo, que tenía ya mi licencia de conductor, atendía parte del reparto en Saladillo. Eso de tener mi dinero, que por otro lado no era poco para mi edad, hizo alejarme de los estudios y poco después me convocaron para el servicio militar, destinándome al Cuerpo de Granaderos a Caballo. Ye reclutado, estuve bajo bandera solamente unos tres meses, porque nos dieron la baja tras ese tiempo. Me había tocado el número 813 y pese a que mi hermano me lleva 13 meses, él resultó exceptuado por número bajo, el 525, cuando se partió del 550. De no haber sido por eso, como no se puede alistar a dos hermanos, yo hubiese “zafado”.  

¿Tu barra de amigos…?

Mi grupo está integrado por los mismos compañeros del secundario y con ellos cuando se dan las condiciones nos volvemos a reunir y visitar, yo allá o ellos viniendo a Mercedes.

¿Qué hiciste al salir de baja…?

Cuando mi viejo se hizo cargo de su negocio, yo me encargué de hacer los repartos en la zona de influencia y en eso estuve por varios años, pero las cosas no anduvieron bien y en 1998 quebramos comercialmente. Yo tuve necesidad de trabajar y conseguí hacerlo en una estancia, por intermedio de Ricardo Ferreyra que era encargado de tres establecimientos. Hice un poco de todo y aprendí a ganarme lo que precisaba. Hice de albañil, peón, ayudé a parir terneros…(se ríe). Por otro lado, el papá de Solange, que entonces ya era mi novia, me enseño a manejar tractores en su campo.

¿Cómo es que viniste a Mercedes…?

Papá vino a Mercedes para instalar un estéreo en su auto, precisamente a lo de “Bianchi” y en el taller vio algo que le llamó la atención y preguntó de qué se trataba. Cuando le dijeron que era una cabina para trabajar en el polarizado de los cristales de los autos. Alguien le dijo que le ofreciera a Gustavo (Bianchi) mis servicios, ya que yo alguna idea tenía sobre eso.

¿Qué pasó entonces…?

Me vine en febrero y el 2 de abril de 2001 ya estaba trabajando. Para eso el taller estaba en Avda. 2 casi 29, junto a la YPF de los Flynn. Trabajé para Gustavo hasta 2005, tiempo en el que me ofrecieron trabajar para “Chapa Mercedes” con “Juani” Boragno, su papá y Ruben Colicigno y así fue, aunque poco tiempo después pensé en independizarme y lo hice, abriendo el primer negocio propio en calle 6 entre 21 y 19. Andaba bien pero me faltaba espacio y por suerte de conocí una persona excepcional, don “Pipo” Achilli que me alquiló el lugar que ocupo desde 2007, en 24 entre 21 y 23 y que lleva mi apellido.       

¿Cómo es tu trabajo…?

Es una mezcla de estética y funcionalidad. La prolijidad es importante y en eso soy casi fanático. En mi rubro hay de todo un poco y al cliente hay que decirle la verdad, porque hay láminas de primera calidad y muchas otras que con el paso del tiempo, la temperatura y fallas en la colocación, comienzan a dañarse y eso no está bien.

¿Cómo es el mercedino…?

Por fortuna y dado los años que han pasado desde que comencé con este trabajo, mis clientes me recomiendan a yo trato de hacer las cosas más que bien. En general mis clientes saben lo que yo les propongo y se van conformes, porque así debe ser.  

¿Cuándo se conocieron con tu esposa…?

En 1998 en un boliche llamado “La Vía” en Saladillo, tiempo en el que yo me ganaba unos pesos en otro de un amigo mío, el PUB “La Grieta”. Nos conocimos y desde entonces estamos juntos. Nos casamos el 6 de octubre de 2007 en la parroquia “Nuestra Señora de la Asunción” en Saladillo. Te cuento algo gracioso que ocurrió para el viaje de luna de miel. Como no pude encontrar mi documento, en lugar de viajar al Uruguay como lo teníamos programado, ocupando el departamento de un amigo en Punta del Este, fuimos a Mar del Plata y te cuento que allá es que apareció el documento en el fondo de uno de mis bolsos.

¿Cómo es Tomás…?

Es realmente fantástico. Trabaja mucho con sus tareas de colegio y nos tiene felices a los dos. Es observador, muy tranquilo y sabe muy bien lo que quiere. No tengo duda alguna de que va a triunfar en la vida, haga lo que haga.

¿Seguís siendo tan curioso como decís…?

Me motivan esas cosas que tiene su encanto y son muy particulares. Por ejemplo, hace un tiempo estuve en Carué, porque tenía la intriga sobre todo lo que se habla de ese pueblo desaparecido y que hoy tiene un único habitante. Pues tuve la suerte de conocerlo y hoy mantengo contacto con él, que se llama Pablo Novak y que hace poco fue la figura central en el programa “En el camino” que va por televisión y que pertenece a Pablo Markic. Ese tipo de cosas son las que despiertan mi interés y trato de no quedarme con las ganas. También conozco al yerno de Novak, José Baliero.

Fuera de juego

Aunque nada sé de fútbol, dicen que soy de Boca (se ríe).

Mi comida preferida son las milanesas con papas fritas, aunque por mi salud ya hace tiempo que no me doy el gusto. Tomo vino y champaña. El whisky me gusta también. 

Tengo varios amigos y en uno que ya no está, señalo un poco a todos, es Walter López. Otro muy importante es el “Chino” Rubén Martínez.

Uno de mis defectos es que para mí no hay grises, las cosas son negras o blancas y sé que no está bien. Otro; no sé delegar nada a otros.

Soy emprendedor y no me achico ante los desafíos que me presenta mi trabajo.

Solange está siempre pendiente de nosotros. Nos cuida y protege.

Creo que por ser casi obsesiva con los horarios y la puntualidad, suele no pasarla bien con los otros.

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