Docentes de la arquidiócesis fueron parte de un encuentro que tuvo lugar en el Instituto Padre Ansaldo. Allí estuvo presente el Arzobispo quien dejó en una charla, un importante cúmulo de reflexiones.

Los educadores de la arquidiócesis de Mercedes-Luján se congregaron en el Instituto Parroquial Padre Ansaldo, de esta ciudad de Mercedes, para participar del Encuentro de Docentes “Educar en un cambio de época. El valor de los vínculos”. Las actividades comenzaron con una charla a cargo del arzobispo, titulada: “Aportes para una pedagogía del vínculo y para descubrir al vínculo como pedagogía”. En el comienzo el prelado destacó la importancia de “encontrarnos” para poner en práctica la experiencia de “la comunión, la fraternidad, la alegría de ser comunidad”. “Deseo reflexionar con ustedes sobre los vínculos, y cómo en este contexto de cambio de época son fundamentales para la educación. Porque la relación humana sana, es clave para el proceso de personalización. No hay persona si no hay relación”, afirmó. Además, consideró: “Necesitamos estar a la escucha de lo que Dios quiere, con la seguridad que si hacemos Su Voluntad, vamos en buena dirección y eso redundará en una educación que desborde humanidad para todos, niños, jóvenes, adultos, docentes, familias. Una educación que a todos dignifique”. Refiriéndose a la educación de la arquidiócesis, señaló la necesidad de “formar personas con una identidad clara y un sentido de la vida cristiano”, y destacó: “A mejor calidad de vínculos, mejor calidad de vida y también de educación”.

Reflexiones

“Si juntos, como en este encuentro y luego en cada colegio, nos proponemos entender mejor la realidad y asumimos el desafío de incidir en este cambio de época, será mejor para todos. Aislados, incomunicados, como francotiradores, estaremos expuestos a un estilo de vida de sobresaltos que nos llenara de disgusto y perderemos el sentido no sólo de lo que hacemos, sino y sobre todo, de lo que somos y estamos llamados a ser. El sentido de nuestra vocación y misión”, advirtió. Finalmente, llamó a “seguir creciendo en un vínculo con Dios basado en Su amor, Su misericordia y ternura”, y a imprimirle valor a la fraternidad humana como “modelo de vincularidad para vivir entre nosotros”. “No es posible hacer comunidades llamadas cristianas, allí donde señorea la sospecha, la condena a los otros, la queja sistemática, la propia victimización, el narcisismo, la incapacidad para hacer cosas con otros”, alertó. “Es evidente que en el fondo de todos los pecados y crímenes, incluyendo los abusos a niñas, niños, adolescentes y personas vulnerables, hay un abuso de poder y ésta es una clara señal que debemos generar con urgencia un serio proceso de conversión eclesial, comunitaria e institucional, en cuya raíz, además de resolver cuestiones personales, (si éstas fuesen realmente posibles de resolver por el grado de enfermedad psíquica en la que están), necesitamos sanar seriamente nuestro modo de vincularnos. Tenemos la necesidad, el derecho y el deber de vivir vínculos sanos y sanadores”, exhortó. El encuentro culminó con la celebración de la Eucaristía en la catedral Nuestra Señora de las Mercedes.

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