Miguel Ambrosio

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“Soy un tipo común, con amigos en todos lados y de distintos tiempos. Me gustan los deportes, el tango y las mesas compartidas. Hice de todo en la vida, dejando de estudiar para salir a trabajar. Tengo lo que necesito”.

Miguel Ángel Ambrosio, 75 años, viudo de Norma Geuna, enfermera, fallecida en junio de 2019. Dos hijos; Hernán (43), empleado metalúrgico y Florencia (33), empleada. Una nieta, Jazmín de 3 años. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Dónde nació…?

Soy nacido en Mercedes, aunque por razones laborales de mi padre, nos mudamos a la localidad de Quilmes en la provincia de Buenos Aires, para regresar a nuestra ciudad cuando yo comenzaba el tercer grado de la escuela primaria, que hice en la Nº 11, que está en República de Chile y 54, barrio en el que hoy vivo con mi casa junto a su edificio.

¿Su familia…?

Mi padre se llamaba Luis Antonio y tenía 58 años al fallecer en 1968, por una afección pulmonar debido al tabaquismo. Se dedicó buena parte de su vida a la producción de ladrillos en el campo de un señor Costa, en la zona detrás del parque municipal. Mamá, que era ama de casa, vivió hasta los 86 años, falleciendo en 1999. Tengo una sola hermana que es mayor que yo, tiene 81 años, se llama María Esther, trabajó en el Poder Judicial y se jubiló. Mi hijo Hernán es casado con Adriana Sereno y no tienen hijos y Florencia con Ezequiel Pozos, tienen a Jazmín.

¿Quién marcó límites en casa…?

Mamá era quien estaba más tiempo en casa y ella nos marcó los límites, aunque la relación que hemos tenido y tenemos desde siempre con María Esther es buena y ella, siendo mayor que yo, ayudaba mucho en casa. Lo que ocurría es que papá se iba muy temprano a su trabajo y el regreso era muy tarde. 

¿Sus estudios…?

Cuando vinimos a Mercedes nos instalamos en una casa alquilada en 56 entre 29 y 31, hasta que nos radicamos un tiempo después en casa propia de 35 entre 58 y 60. Para eso retomé en 3er. Grado la Escuela Nº 11, en la que algunos de mis compañeros han sido entre otros Raúl Sarube, Carlos Yacoy, Patricio Better, Ángel Tessore..(siguen), siendo nuestra maestras Celina Santana, Blanca Montes, las señoras de Gómez Baccaro y Novelli, siendo directora Celina Santana…

¿Cumplía en la escuela…?

Cumplía, no era de causar problemas, porque he sido muy tranquilo y de carácter pacífico, aunque cuando me enojaba era algo “insoportable”.

¿No quiso seguir estudiando tras la primaria…?

Lo hice, ingresando a la entonces llamado Colegio de Artes y Oficios, que luego pasó a ser Colegio Industrial de la Nación y luego tengo entendido,  ENET Nº 1. Lo hice hasta terminar el ciclo lectivo, es decir tres años y al mismo tiempo trabajaba en la heladería de “Sporman” de calle 24 y 25 como cadete. Eran dueños don Carlos Cabrera y el “Vasco” Etcheberry e hice de cadete primero y luego despachaba en el mostrador. El sueldo de cadete era muy bueno y el de atención al público aún mejor, de modo que las cosas me iban muy bien. 

¿Mucho tiempo en eso…?

Un par de años en eso y al mismo tiempo cursaba el secundario, pero me pude sumar a los aspirantes a aprendices en lo que era la fábrica Urbietiz, dedicada a la fabricación de tornillos que tomaba a menores de edad. Eso me obligó a dejar los estudios porque pude ingresar y estuve hasta que se produjo la quiebra y quedé sin trabajo. Por ley, los menores teníamos una cuenta en la Caja Nacional de Ahorro Postal en la que nos depositaban la paga. Lamentablemente ese dinero nunca pudimos cobrarlo tras el cierre de la empresa.

¿Entonces…?

Sin trabajo y con algunas dificultades para conseguirlo, me sumé al horno de ladrillos de mi viejo y en eso estuve bastante, haciendo todas las tareas con excepción del “corte”, que requiere una gran capacidad para hacerlo.

¿Hasta cuándo…?

Hasta que habiendo obtenido el Nº 381 en el sorteo de la “colimba”, debí ingresar para el servicio militar al Regimiento 6 de Infantería “General Viamonte”. Algunos compañeros de ese tiempo han sido Abel Dabove, Ramón Palacios, Néstor Capurro… y obtuve la baja luego de estar por 14 meses bajo bandera. Una experiencia que entendí muy buena para todos.

¿Qué hizo tras la baja…?

Cuando me dieron la baja, comencé haciendo “changas” para ganarme unos pesos. Entre esas cosas trabajé con Don Santiago Bautreto, que por entonces tenía mucho trabajo en el montaje de galpones industriales y él fue quien conociendo a don Aníbal Badano, que era gerente en “TEDO” (Talleres Eléctricos del Oeste), le pidió trabajo para mí. Poco más tarde, mientras trabajaba con Bautreto en el montaje de Hisisa en Baradero, el señor Badano me llamó para que me presentara en la planta de TEDO.

¿Pudo ingresar…?

Pude ingresar, primero en la parte de mecánica, pasando luego al torno y finalmente al área de mantenimiento. Eso ocurrió en 1969 y hasta 1982 estuve en TEDO, es decir durante 13 años, hasta el cierre de la empresa. Algunos buenos compañeros de trabajo fueron Oscar Dagnino, “Lito” Navarro, Miguel Soler…(siguen). Durante un tiempo fui delegado del gremio, pero tuve diferencias con algunos dirigentes y volví al llano.  

¿Cómo siguió su vida…?

Hice un poco de todo, hasta que decidía irme a Mar del Plata, donde un señor al que conocía, me propuso trabajar con él brindando servicios en el comedor del Instituto Unzué de allá, ya que él tenía la concesión. Allí fui y había tomado un alojamiento para mí solo, ya que mi familia quedó en Mercedes. A poco de estar en eso, un conocido de allá, me propuso instalarme en un chalet de su propiedad, sin pago alguno de alquiler y con la única condición de que lo cuidase y mantuviese bien. Era un hermoso lugar en Alfonsina Storni y Libres del Sur.

¿Hasta cuándo…?

Pasó un tiempo y volví a Mercedes, para trabajar con José Gallardo, mi concuñado, en un reparto de mercaderías en la ciudad. Poco después se dio la oportunidad de tomar la cantina del Club Estudiantes con Rubén Agostini, que hoy es el propietario del Kiosco junto al “Cabildo”, de 29 y 26. Pasado un tiempo Omar Despalanques, que era el presidente del club, y me conocía desde el tiempo de la fábrica de tornillos, me puso a cargo de la cantina, administrada por la entidad. Así lo hice hasta que dejaron de hacerse los bailes, en 2004, entonces me sumé al mantenimiento en la “Liga de Padres de Familia” y allí estuve por años hasta jubilarme.     

¿Ha hecho deportes…?

Siempre hice deportes, en especial fútbol y jugué en varios clubes de la ciudad, teniendo entre mis compañeros a Orlando Amaro, Raúl Vaca, “Rulo” Borelli… Estuve en Estudiantes, San José, Villa Curva y varios equipos de barrios. Jugaba de 6 puro, porque soy zurdo neto y admiré desde siempre en ese puesto a Daniel Passarella, el mejor que he visto.      

¿Cuándo se casó…?

Solamente para la Ley Civil, nos casamos el 7 de diciembre de 1973 y nos instalamos para residir en 34 entre 41 y 43. Hoy vivo solo en casa propia sobre 54 entre Rep. de Chile y Avenida 29.

¿Amigos de la vida…?

Tengo tantas relaciones que no quiero hacer una lista y dejar a muchos fuera de ella. Todos a quienes conozco, son parte de mis recuerdos de vida y los tengo siempre presentes aunque no los vea tan seguido.

¿Cómo son sus hijos…?

Hernán es dueño de un firme carácter, sabe lo que quiere, es trabajador y absolutamente responsable. Florencia es dulce, afectiva y sobre todas las  cosas excelente mamá.

Fuera de juego

Soy hincha de River.

Dos grandes amigos de la vida son Luis Boloni y Jorge Arzani.

Me gustan los asados con vino tinto y si es bueno mejor.

He sido un poco cascarrabias y hasta algo cerrado y tozudo. Ahora ya no tanto.

Soy leal y de palabra. Trabajé en todo lo que pude e hice amigos en todos lados.

No seguí estudiando para salir a trabajar, pero me hubiese gustado mucho.

No tengo materias pendientes. Soy sencillo y en general conformista. 

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