Anabel Torres

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“Me convertí en mamá siendo todavía una nena, pero esa experiencia me predispuso para superarme y crecer en todo sentido. Me gusta trabajar y ejercer la docencia y ando la búsqueda de nuevos conocimientos”.

Nélida Anabel Torres, 30 años, soltera, empleada estatal en Anses (Mercedes) y Profesora de matemática. Dos hijos; Nicolás Agustín (Navarro) (14), estudiante y Paloma Pilar (Medina) (3). Hoy nos cuenta algo de su familia, sus experiencias, sus gustos, su trabajo, sus cosas…

¿Tu infancia…?

La transité en dos barrios, el de mis abuelos paternos Alberto Torres y Elsa Molina, el “Marchetti” y el  de “La Trocha”, de los abuelos Haydeé Spinelli y Jorge Cardoso, que es el único de los cuatro que falleció. Los amigos y compañeros de juegos de ambas barriadas han estado Nadia Peralta, Soledad Torre, Braian Martínez, Belén Arzani, Marcelo, Coco y Carolina Torres, Viviana Alvarito, Tamara Farías, Débora Lezza…

¿Tu familia…?

Somos cinco hermanos y yo la mayor. Me sigue Camilo Agustín (28) que trabaja en el Servicio Penitenciario (PBA); Corina (23), que es repostera; Nahuel (19), estudiante y futbolista y Malena (17), estudiante. Papá es Carlos Agustín, es trabajador independiente y tiene 53 años, la misma edad de mamá que es empleada y se llama Ana María Cardoso. Thiago Torres es mi único ahijado e hijo de Corina y Miguel.

¿Te marcaron límites en casa…?

Debo ser sincera y decirte que siendo la primogénita, recibí de parte de los abuelos, todos los mimos posibles, de modo que no recuerdo que ellos me marcasen límites, creo que por el contrario fui muy consentida. Mis hermanos varones fueron los que mejor se llevaron conmigo en la niñez, especialmente Camilo que es el que me sigue en años.

¿Tus estudios…?

Hice la primaria, en el sistema Polimodal en la Escuela Nº 2, en la que fueron algunos compañeros Hahuel Matú, Florecia Viccini, Antonella Crivelli, Matías Fernández, Walter Cestari, Judith Silvestre, David Spaltro, Diego Roballo, “Sol” Ottolini, Tamara Bay, Carolina Bueno, León Florida, Karen Villalba, Natalia Lucero, Leandro Voloni, Lucila Silvestre…(siguen). En el cuerpo docente estuvieron Graciela Giuliani, Matilde Respuela, Miriam Bianco, Cristina Ordóñez, Delia Chapuis, “Yeyé” Frescia, Mónica Camusoni, Susana Giménez… (siguen).           

¿Fuiste buena en los estudios…?

Fui buena en la etapa de primaria, claro que mi vida siendo muy chica, cambió todo, ya que quedé embarazada de Nicolás Agustín que tiene ya 14 años, cuando estaba cursando el primer año del Polimodal en el Col. Nacional. Su papá es quien fuera mi pareja durante nueve años, se llama Carlos Navarro y era por entonces albañil con su papá, pero ahora es empleado en el SPF. Eso motivó a que al año siguiente, me atrasase, ya que Nicolás nació en marzo. Algo que siempre me digo y lo comento con gente de mi entorno, que la experiencia de ser mamá a mi edad, fue algo que no recomiendo, pero en mi caso, me hizo enfrentar las cosas de otra manera al tener que saltear etapas de la niñez. Tuve parto natural en el Htal. “Blas Dubarry” y todo anduvo muy bien.

¿Cómo continuaron tus cosas…?

Por un tiempo permanecí en casa de mis viejos en el Barrio Marchetti, alternando también con la casa de mis abuelos paternos y los maternos. Poco después mi novio vino a vivir conmigo. Para poder ganar algo de dinero aprovechando mi atraso en los estudios, conseguí trabajo en una rotisería llamada “La Reina”, en 14 entre 35 y 37 en la que estuve hasta fin de ese año. Al mismo tiempo hice varias cosas como vender varios cosméticos, atender algunas horas un negocio de mi abuela en el mismo Marchetti y hasta vendí muchas rifas durante bastante tiempo.

¿Entonces…?

Yo estaba ya convencida que la salida estaba siguiendo alguna carrera terciaria, pensando en abogacía para lo que estaba ilusionada, pero ya convencida de mis reales posibilidades y mi facilidad para matemática, decidí con acierto iniciarme en eso en el Instituto del Profesorado. Allí tuve excelentes compañeros como Carolina Odda, Yésica Maldonado, Clara Fernández Campos, María Aprile, Matías Gómez, Laura Giménez… (siguen). Obtuve el título luego de cinco años. Durante la carrera no tuve tropiezos, salvo una materia “Análisis Matemático”, que por ser correlativa me demoró un poco, pero entonces aproveché ese tiempo e hice un curso y obtuve el título de “operadora en informática”.

¿A todo esto seguías en casa de tus padres…?

Te cuento algo. Yo quería tener algo independiente de ellos y varias o muchas veces fui a ver a Susana Vázquez para pedirle ayuda oficial para levantar en una parte del terreno de mis viejos, mi comodidad. La negativa estaba siempre presente, pero en una oportunidad y estando a solas con ella, conseguí que me diera su apoyo y lograr los materiales.  Cierto fue que con el papá de Carlos y naturalmente él, levantamos las mínimas comodidades y cuando pudimos nos instalamos. Te recuerdo también que es una zona anegable y en cuanto pude abandonar el lugar, lo hice buscando siempre mejorar.  

¿Al egresar del Instituto, que pasó…?

Algo que recuerdo muy especialmente, es que el día en que terminaba de rendir una práctica en el Colegio Nacional, al tomar un taxi para volver a casa, recibí el llamado del “Juani” Ustarroz, que me dijo que presentara los papeles para poder cursar en CABA e ingresar a trabajar en ANSES. Me acuerdo lo que significó para mí ese momento. Luego de unos días, viajé para capacitarme a la Casa de Salta, en la zona de Obelisco. Tras unos meses ingresé y luego de un período pasé a planta permanente.

¿Conocías  de antes a “Juani”…?

Lo conocía como a uno más el grupo que trabajaba en “Comedor Los Pampitas”, una organización destinada a ayudar a los más necesitados especialmente en zonas inundables, como el mío. Para ese tiempo estaban entro otros varios, Clara Batista, Marianela Arenillas, Luciana Carbó, Patricio Aschero, Santiago Altube… En una oportunidad, “Juani” vio que en un día de lluvia infernal, yo caminaba en el barro del Barrio San Martín y me preguntó qué estaba haciendo. Cuando le conté que estaba entregando unas rifas vendidas se mostró sorprendido, tanto que cuando estuvo a su alcance, me convocó como te dije, para trabajar. Yo vendía algo de 100 números por semana y con eso me ganaba mis pesos.

¿Ya tenés tu casa propia, no es cierto…?

Es así. Lo que pasó es que las inundaciones en el Barrio Marchetti eran una constante y de eso también me saturé, de manera que aprovechando una oportunidad de comprar un terreno en Agote, lo hice y cuando pude levanté una casa de las denominada “industrializadas” en la que estoy ya desde hace un tiempo.

¿Venís a la ciudad diariamente…?

Claro. Viajo en mi auto que pude comprar y estoy a punto de terminar de pagar en estos meses. Trabajo desde las 7.30 a 15.30 en ANSES de lunes a viernes, hago yoga y además tengo horas cátedra de matemática, materia de la que soy profesora como dije, en “FINES” en la modalidad adultos.  

¿Te gusta tu trabajo…?

Me gusta ayudar a resolverle los problemas a la gente y mucho más a los que más necesitan. Hoy tengo muy buenos compañeros en las oficinas, como Mónica Garro, Karina Suárez, Betina Arroyo, Norma Riquelme, César Zalazar, Jimena Rivas, Marcos Piquin… (siguen).

¿Cómo son tus hijos…?     

Nicolás es un chico muy inteligente, íntegro, le gustan los deportes y muy especialmente el fútbol que practica. Sabe lo que quiere, es frontal y me acompaña en todo sentido. Te cuento que hace un tiempo, paseando en auto con él, me preguntó “….decime, yo soy un hijo deseado…?..”. La pregunta no me sorprendió, porque sabía que en algún momento se iba a dar. Lo charlamos y terminamos de abrir las puertas de una relación que tenemos entre madre e hijo, con toda la confianza.

¿Y Paloma…?

Paloma es el “chiche” de todos. Nació de mi relación con Javier Medina, que ya terminó. Él también es penitenciario Federal y estuvimos juntos varios años. Con los padres de mis hijos me llevo muy bien. 

Fuera de juego

Soy hincha de Boca.

Mis comidas preferidas son las milanesas a la napolitana y los canelones. Bebo solamente agua y en algún momento Fernet.

Por fortuna tengo varias amigas y voy a nombrarte tres muy especiales; Soledad Díaz, Tamara Farías y Carolina Torres.

Me reconozco “enojosa”, contestadora, a veces más que explosiva…pero no guardo rencores. Con el tiempo he logrado mejorar en ese sentido.

Acepto los desafíos, soy trabajadora, asumo mis responsabilidades y en la medida en que puedo, trato de mejorar cada día.

Me gustaría poder estudiar abogacía o hacer una licenciatura, como por ejemplo en “Ciencias de la Educación”.

Me debo muchas cosas, entre ellas, viajar todo lo que pueda.     

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