Nadie dice que será fácil llegar a ser delegado del Ministerio de Trabajo. De hecho para nadie lo ha sido en los últimos tiempos y basta con hacer un repaso de los últimos años. La primera salvedad que debe hacerse es que es un cargo político y ya con eso se puede decir bastante. Desde 2014 con la salida de José María Nasso comenzaron las idas y vueltas. “Pepe” Nasso, un hombre del gremio de Comercio fue invitado a dejar el cargo de delegado tras largos años de ocupar ese lugar y de recibir respaldos varios. Pero se dijo en aquel momento que Daniel Scioli, entonces gobernador, lo había puesto en la mira por su acercamiento a las huestes del massismo. El Ministerio entonces tuvo un interventor. Un funcionario de apellido Pereyra que pasó sin más ni menos por el organismo. A poco de ello llegó la chance de Fabián Díaz, quien estuvo más de un año y quien también recibió el respaldo político sindical que necesitaba para poder asumir. Su salida también fue política. Llegó Jorge Retegui para terminar con una tradición peronista. Por aquellos días el propio Mario Viñales, al frente de la CGT, admitió que había mantenido reuniones con el ingeniero Lucas Fal. Pero la designación del ex concejal del Frepaso llegó tras el deceso del joven radical. El sindicalismo local buscó mantener aquella línea que el delegado debía ser de sus entrañas. Pero no lo consiguieron. Ahora, con el Justicialismo nuevamente al frente del Gobierno bonaerense surge la necesidad de un nuevo delegado. Otra vez aparece en escena Fabián Díaz, que por ahora cuenta con el respaldo mayoritario de los componentes gremiales. Falta el visto bueno de la política. Algo esencial que no parece encontrar traba alguna en el futuro inmediato.

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