“En México fue donde más disfruté jugar al fútbol”

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Es uno de esos jugadores que no le pone camiseta a sus sueños. Luciano Apariente no sabe de estancias largas. En su carrera ha jugado en 15 clubes y en cuatro países diferentes. Hasta cruzó al viejo continente en épocas donde para los jugadores argentinos, y sobre todo para futbolistas de la zona, no era algo muy frecuente. Un auténtico “trotaclubes” del fútbol.

Sus primeras patadas a una pelota fueron en el baby fútbol. Más precisamente en Los Pumas, un club de Luján. Porque claro, vale aclarar que Luciano no nació en Mercedes, sino que en Luján, aunque como el mismo dice: “Mucha gente se confunde y piensa que soy de Mercedes, pero yo digo que uno es del lugar donde se siente cómodo y estoy muy feliz de vivir el día a día acá. Hace 10 años que Mercedes me brinda trabajo, asilo y cariño. Es una ciudad que la siento mía”.

Hizo infantiles e inferiores hasta séptima división en Flandria, luego pasó a Ferro y formó parte de la quinta y sexta división. Allí en el club de Caballito, su papá, Julio Héctor Apariente, fue un jugador recordado por la cantidad de partidos que jugó y goles que marcó. También su padre jugó en la década del 80 en Boca y anteriormente en Huracán y Quilmes, entre otros equipos.

La carrera de  ‘Lucho’ siguió en Almirante Brown, a préstamo, donde jugó en cuarta y en reserva. Su ansiado debut en primera fue en Leandro N. Alem con 19 años ante Laferrere. En 1999 volvió a Flandria para jugar en la Primera B. Arribó a tierras italianas, más precisamente al Formia, un club del ascenso, y allí permaneció un año. Regresó nuevamente a Alem en el 2001. Tras su frustrado pase a Santiago Wanderers de Chile, desembarcó en Unión La Calera, un club de segunda división del fútbol chileno. En México estuvo en Potros Neza y Dorados de Sinaloa, que hacía un año que se había fundado. Pegó la vuelta en 2005 para jugar en Fénix.

Luego que le detectaran una lesión crónica, decidió comenzar su travesía en las ligas regionales. Actuó en muchos clubes: Atlético Luján, Argentino de 25 de Mayo, Club Estudiantes, Club Quilmes, Atilra Futbol Club de General Rodríguez, Vélez, Juventud de Suipacha, tuvo su segunda etapa en Quilmes y actualmente está jugando en Palometas.

En su vida no todo es pasión por la redonda, hace 10 años que es árbitro de hockey. Fue juez de torneos metropolitanos, ligas regionales y como si fuera poco es árbitro de la Confederación Argentina de Hockey.

– ¿Por qué fue que comenzaste a jugar al fútbol?

– Arranque desde muy chiquito. En casa se respiraba fútbol constantemente después de venir de una herencia futbolera. Mi abuelo jugó en Gimnasia de La Plata, Atlético Tucumán, San Telmo y otros equipos. Él fue uno de mis primeros maestros. También mi padre que jugó profesionalmente. En casa el juguete número uno era la pelota.

– ¿Cuanto tuvo que ver tu papá en que vos fueras futbolista?

– Realmente poco. Nunca me exigió que fuera futbolista. Siempre estuvo acompañándome y aceptando mis decisiones, nunca sentí la obligación de parte de mi padre que tenía que ser jugador de fútbol. Fue una elección mía porque disfrutaba hacerlo.

– ¿Qué significó para vos haber estado en Ferro donde tu papá fue un jugador reconocido?

– Lógicamente que no fue fácil. Siempre estaba la comparación con mi padre porque él fue muy importante en el último ascenso a primera que tuvo Ferro. Era un poco llevar esa mochila.

– ¿Qué recordas de tu debut en primera con Leandro N. Alem?

– Yo llego a Alem de la mano de Roberto Passucci, fue el técnico que me hizo debutar en primera. Recuerdo que mi debut fue con Laferrere en cancha de ellos que estaba llena porque estaban peleando el campeonato. Nosotros estábamos complicados con el descenso y ganamos 3-1. Aparte pude colaborar dando la asistencia del tercer gol. Lo tengo muy presente en mi retina.

– ¿Cómo fue que llegaste a jugar en Italia?

– Tenía un allegado que trabajaba en equipos de Italia. Yo era joven y él me quería dar una mano. No sabía en que club iba a jugar. Viajé, tuve una prueba por varios equipos y por suerte pude quedar en el Formia. Fue una aventura linda en una etapa muy joven de mi vida.

– ¿Y por qué no tuviste la posibilidad de seguir en el fútbol italiano?

– Al no tener pasaporte comunitario se hace muy difícil la estadía de los extracomunitarios en Europa. Había que romperla o volvías. Y bueno, tuvimos que pegar la vuelta, pero pude tener la experiencia de jugar en el fútbol italiano.

– Estuviste cerca de jugar en Santiago Wanderers de Chile, ¿Por qué nunca pudiste debutar en ese club?

– Si, estuve muy cerca de jugar en Santiago Wanderers. De hecho yo viaje a Valparaíso para incorporarme a ese equipo. Estaba Oscar Malbernat de técnico y tuvo un problema con los dirigentes en plena pretemporada. Lamentablemente no continuó en su cargo. Entonces yo tuve que dejar el equipo a los 15 días que había llegado. En ese momento me encontraba sin club y me propusieron ir a Unión La Calera.

Entre buenas y malas, pero fue una experiencia que sigue sumando a la carrera.

– ¿Y luego fuiste a probar en México, sin que ningún club se haya interesado en vos? ¿Cómo fue eso?

– La llegada a México fue un poco arriesgada. Yo estaba sin club y tenía un amigo que estaba allá. Me dijo que si me la quería jugar que vaya porque él me podía conectar con representantes para que me puedan dar una mano.

Viajé y tuve pruebas en varios clubes. Pude enganchar y fue una experiencia hermosa haber jugado en dos equipos de México. Es un país donde me trataron muy bien y me sentí cómodo.

– Luego tu carrera toma un giro y pasaste de jugar en el fútbol profesional a competir en torneos regionales, ¿Te costó tomar esa decisión?

– Con el correr de los años y de las lesiones que a veces sufrimos los futbolistas, me detectaron una tendinitis crónica en el tendón de Aquiles, ya estando en Fénix. Se me hacía muy difícil tener la continuidad de partidos. Me quedaban dos opciones, bajar el  nivel de entrenamiento y exigencia o dejar el fútbol completamente. Tenía 29 años, muchas ganas de seguir y muchas veces los dolores te acobardan.

Pero bueno, salió la opción de jugar el Federal B, Federal C y las Ligas Regionales. He estado en varios equipos jugando este tipo de torneos y lógicamente tuve que hacer una readaptación porque había que dosificar las cargas para no llegar cargado a los partidos. Ser profesor de educación física y conocer varios métodos de entrenamientos, me llevó a seguir jugando al fútbol.

– ¿En algún momento de tu carrera no disfrutaste cuando entrabas a una cancha?

– El futbolista pasa por diferentes momentos y en los momentos que no disfrutas es cuando tenes las lesiones con dolor. Uno se entrena, se exige, pero el dolor es constante. Vivís con hielo, en el kinesiólogo y tratando de aliviar esos dolores.

En la etapa que tuve que dejar de jugar de manera profesional y pasar a las ligas regionales, que también es competitiva y hay muchos jugadores de nivel, sufrí bastante en la cancha, no lo termine de disfrutar al fútbol. Aunque uno es profesional y esto se transforma en un trabajo, entonces hay que defender la camiseta y hacerlo con profesionalidad para poder estar a la altura del club.

– ¿En cuál de los clubes que jugaste sentís que tuviste tu mejor nivel?

– No sé si el mejor nivel, pero donde más cómodo me sentí y disfruté del juego fue en México. Ahí estuve muy conforme con el rendimiento y la gente estaba contenta conmigo.

– ¿Sos de mirar fútbol? ¿Te gusta sentarte a observar y analizar un partido?

– Si, disfruto mucho mirar fútbol. No solamente de primera, también de ascenso y de Europa. Soy un poco adicto a esto. Me gusta analizar y yo siempre digo que no hay que mirarlo, sino observarlo. Me gusta observar diferentes jugadores, los planteos que hacen los técnicos y ver como trabajan en ataque y en defensa. Me apasiona.

– ¿Recordas algún jugador que hayas compartido una cancha que te sorprendió?

– Me tocó enfrentar muchos buenos jugadores, más cuando estuve en las inferiores de Ferro y enfrente a rivales que ya pintaban que iban a ser muy buenos jugadores. Jugué contra Diego Placente, ‘Cuchu’ Cambiasso, Diego Forlán, Daniel Islas, Damián Manso, Pablo Aimar, entre otros. Ya los veías y eran diferentes. Marcaban una gran diferencia.

– ¿Cómo surgió la posibilidad de ser árbitro de hockey?

– Estudiando el profesorado de educación física, tenía algunos compañeros que le gustaba el hockey y yo lo veía muy parecido al fútbol en varias cosas. Entonces me empezó a gustar. Comencé a trabajar en la parte física del hockey en el Lujan Rugby Club y en el Country Golf Club Banco Provincia y ahí a veces había que arbitrar los partidos en los entrenamientos. Así fue como arranque, encima veía que no erraba tanto y le empecé a tomar el gustito.

Hice el curso de árbitro en la Asociación Argentina de Hockey, por suerte me fue bien y arrancó mi carrera que es paralela a la de los últimos años de fútbol.

Hoy ya hace 10 años que arbitro hockey. Estoy dirigiendo metropolitanos, ligas regionales y también soy árbitro de la Confederación Argentina, que es un orgullo ser parte de los 300 árbitros nacionales que tenemos en nuestro país. Me despertó una gran pasión el tema del arbitraje de hockey.

-¿En un futuro te gustaría seguir ligado al mundo del fútbol siendo técnico, dirigente o desde otro lado o ya apuntas directamente al referato en hockey?

– El futuro uno no lo sabe, muchas veces se va dando. En el correr de mi vida fueron apareciendo cosas y fui optando para ver que tenía que hacer.

Sé que en el arbitraje de hockey tengo la posibilidad de seguir creciendo y me gustaría. En el fútbol ya me queda poco y si se da la posibilidad de estar en un cuerpo técnico o ser entrenador, me encantaría. Tengo muchas ganas de hacer el curso de director técnico y buscar el objetivo de ser técnico de fútbol; y si hay gente que cree que le puedo servir, escucharé las propuestas.

El abanico de posibilidades está abierto y en el momento que se presente tomar una decisión, el tiempo dirá si fue la acertada o no. Fue una constante en mi vida tener que decidir, muchas veces acerté y muchas otras erré. Pero yo pienso que en la vida estamos tomando decisiones constantemente, como en el fútbol, y hay que jugársela día a día.

Por Julián Patrici

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