“Gringo” Martellono

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“Seducido por la química, decidí ser profesional en alimentos y me gradué finalmente en la UADE. En la Universidad de Luján conocí a Georgina y hace poco nos casamos y logramos la puesta en marcha de nuestro emprendimiento, ya con una primera boca comercial”.

Agustín “Gringo” Martellono, 36 años, Lic. en Tecnología Industrial de los alimentos. Casado con Georgina Corradi de 33 años e Ingeniera en Alimentos. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, su trabajo, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Tu familia…?

Soy el mayor de tres hermanos, me siguen Jerónimo de 32 años, que es empleado en la empresa de electricidad EDEN y Catalina de 22, que es también empleada con relación de dependencia. Nuestros padres son Horacio Eduardo, que tiene 63 años y está ya jubilado en una empresa transportadora de electricidad y Nora Bría, de 60. Ellos se conocieron en Mercedes, cuando a los ocho años de papá, que nació en La Pampa, vino con el abuelo “Valdo” (Valentín) que siendo músico militar, integraba la Banda del Regimiento 6 de Infantería “General Viamonte” y su destino castrense lo trajo.

¿Supiste cómo fue que se conocieron tus padres…?

Papá trabajaba para la empresa eléctrica SEBA (Servicios eléctricos de Buenos Aires) y le gustaban las motos y tenía la suya, de manera que se involucró con pilotos y mecánicos de kartings, como eran los Bría y allí creo que comenzó lo de ellos. Cuando yo estaba en el secundario,  se separaron y nos quedamos con mamá en la casa de 11 e/108 y 110.   

¿Viven tus abuelos…?

Solamente la materna, Nora Dagnino, los otros ya no. Ellos eran “Lita” Bonino y Valentín Martellono, paternos y Carlos Bría, padre de mamá. Tengo además cinco sobrinos, Benicio, Antonio, Simón, Renata y Vicente. Renata es también mi ahijada como el hijo de mi tío “Juanca” y Miriam, que se llama Juan Cruz.

¿Tu barrio…?

Tengo por mi barrio el del “Seminario”, con nuestra casa justo frente al viejo palomar que existía y zona en la que jugamos con los chicos de allá, remontando barriletes o pateando la pelota. Recuerdo a los González y a Sergio Mancini con sus padres René y Susana entre tantos otros.

¿Hubo límites en casa…?

Los hubo y eran señalados cuando hizo falta, tanto por mamá como por papá y siempre era de cuidado, esperar la llegada del viejo del laburo a media tarde, para saber qué novedades le daba mamá. Casi nunca pasaba nada, pero nos acordamos hoy mismo, la frase aquella de “ya van a ver… cuando llegue su padre…” o algo así. (se ríe).

¿Buena relación con tus hermanos…?

Hemos mantenido y mantenemos una gran relación. Yo, siendo el mayor, tuve alguna vez que acompañarlos y hasta cuidarlos un poco por encargo de nuestros padres y te son sincero, más de una vez me hice el “mandón” con ellos, que por otro lado estaban muy unidos siempre. A “Cata”, debo confesarlo también, la celé un poco, aunque trataba de que no se notara.   

¿Tus estudios….?

Transité desde la famosa “salita” de cuatro años, pasando la primaria y luego hasta terminar la secundaria, en el Instituto Parroquial “Padre Ansaldo”, que dicho sea de paso estaba a poquísima distancia de casa. Aunque hayan pasado muchos años, algunos de mis amigos actuales, son compañeros del Jardín, como por ejemplo Rodrigo Herrero, Esteban Martino, el “Pato” Scasso… y toda la “banda”. Luego se sumaron otros y llegamos a armar un grupo grande, de 18 ó 19, entre ellos y a modo de ejemplo, “Juanchi” Espil, Diego Ballesty, Mariano Risso… (siguen). En el grupo de docentes estuvieron “Pelusa” Zambrano, Marta Tettamanti…

¿Buen alumno…?

Para serte franco digo que he sido de los muy buenos hasta promediar la etapa del secundario y a partir de allí, afloje un poco, bajé mis notas y calificaciones, pero terminé en tiempo y forma.

¿Tras eso…?

Sabiendo que me gustaban los fierros y todo lo que tuviese algo que ver con eso decidí estudiar ingeniería industrial y por razones económicas lo único que podía era comenzar en la UnLu (Luján), para lo que empecé a viajar diariamente. Finalizando el primer año, al darme cuenta de que lo que más me gustaba era la parte de la química industrial, pero como ahí no se cursaba, decidí mutar a ingeniería en alimentos, porque entendí que sería una manera de acercarme a lo central.

¿Entonces…?

Todo bien, viajando diariamente e tren sin trabajar, aunque los recursos no abundaban. Poco después conseguí emplearme con Gustavo Rodríguez (Química Mamelli – 2 y 1) para armar un laboratorio. Así fue que trabajé  de mañana y viajaba luego a Luján, por varios años hasta que buscando alguna pasantía de mi especialidad, pude lograr empleo en una empresa de Luján (frigorífico), que por los cambios de siempre en Argentina, se perdieron exportaciones y hubo muchas dificultades entonces me fui y por suerte recalé en “Campo Austral” (Fca. de fiambres de S.A. de Giles), creo que en 2008, comenzando a cargo de unas 200 personas. Para eso, mi viejo me compró un auto para que pudiese triangular Mercedes, Luján y Giles todos los días. Para eso tuve que vender mi moto, con la que junto a tres amigos, todos con Falcon 400 cc. viajamos en 2011 a Cuzco, en el Perú, en una travesía de 30 días y 9.000 km. Ellos son Facundo Chico, Nicolás Paoletta, Fernando Calvo.

¿Varias experiencias laborales…?

Es cierto y todos los cambios me aportaron una nutrida experiencia, de manera que ansioso y a partir de querer retomar el ritmo de los estudios, entendiendo que era lo mejor, decidí pasarme a la UADE (Universidad Argentina de la Empresa), que fue la que más materias de la que yo tenía aprobadas, me reconoció. Estando en eso, la familia de Georgina, que ya era mi novia desde el regreso del viaje en moto, me propuso atender algo de la empresa familiar (siderúrgica), y dejé entonces el trabajo en Giles. Cuando se superó aquel inconveniente, dejé aquello y entré a “Granja Iris” (2013) en Moreno, como Jefe de producción y luego Jefe de Planta, empleo al que renuncié hace unos meses.

¿Para hacer qué…?

Finalizando el año 2014, obtuve la licenciatura en Tecnología Industrial de los Alimentos (sic) y con Georgina, que es ingeniera y de las mejores, pensamos en intentar algo para desarrollar nosotros mismos. Ella estaba en “Campari”, en Capilla del Señor, para lo que conviviendo ya en Luján, viajaba diariamente.

¿Cómo siguieron las cosas….?

Nos habíamos mudado a Capilla y comenzamos a “experimentar” con los distintos proyectos y de a poco, tras las pruebas que fueron muchas, nos decidimos a presentar varios de ellos, que sería muy largo enumerar en éste momento. Cierto es que habiendo negociado bien mi alejamiento de la firma de Moreno y cuando las cosas se fueron complicando desde lo empresarial y de por medio un cambio de titularidades, me retiré.

¿Hoy están funcionando con el primer local en el centro…?

Claro. Hace pocos días abrimos “Green Go Market en 23 casi esquina 22 y estamos a punto de abrir otros en la zona de 15 y 30, presentando en forma directa al público nuestros productos que seguramente llegará con todo a los mercedinos en primer lugar. Por ahora tenemos con la marca “Sensi” (Sentido en Italiano), mermeladas de “autor” de naranja con chocolate amargo, piña con pimienta negra, durazno con dulce de leche, piña, mandarina criolla, frutos del bosque, arándanos y frutilla. Todos en presentaciones de 250 y 500 grs. Seguiremos con Chutncys, Conservas y Vinagretas…

¿Te conociste con Georgina…?

Nos conocimos cursando bromatología en la Universidad de Luján y la relación definitiva comenzó tras el regreso del viaje en moto del que te conté. Nos casamos el 15 de septiembre del año pasado en la Parroquia San Luis Gonzaga, con oficio del Pbro. Mario. Viajamos de luna de miel por Italia y estamos residiendo en nuestra casa sobre el Acc. Sur.

¿Hay planes de hijos…?

Estamos dejando que vengan si es que tienen que llegar. Creo que es lo mejor y seguramente cuando nos toque estaremos felices de ser papás y transitaremos la vida como lo queremos.

Fuera de juego

Soy hincha de Boca.

Tengo varios y muy buenos amigos. Uno de ellos, para nombrarlos un poco a todos, es Rodrigo Herrero.

Me encantas los ravioles. El vino debe ser a mi gusto, tinto y bueno.

Uno de mis defectos es el temperamento que me suele traicionar, pero no guardo rencores y son amiguero.

Me encanta proyectar y poner todo de mi parte para concretar lo que me propongo. 

Georgina es ultra exigente y muy equilibrada.

Me hubiese gustado correr en moto. Los fierros me enloquecen. 

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