“Rolo” Escobares

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“He trabajado y lo hago aún, desde que era muy chico, cambiando de  actividades muchísimas veces que ni tengo memoria. Eso me hizo hacer distintos caminos y prepararme mejor para los contratiempos. Tengo la mejor familia que se pueda desear”.

Rolando Ramón Escobares, “Rolo”, 6 años de edad, empleado municipal y emprendedor. Casado con María Graciela Persini (52), empleada y ama de casa. Dos hijas; María Celeste (32), docente en inglés y María Agustina (26), abogada. Hoy nos cuenta algo de su vida, sus gustos, su familia, sus experiencias, sus cosas…

¿Tu familia…?

Soy criado en Franklin, partido de San Andrés de Giles, siendo mi padre, que se llamaba Napoleón Antonio, empleado ferroviario. Él falleció a los 84 años de edad en 2016. Mamá, llamada María Ester Gómez, murió a los 81 años en 2013. Somos cinco hermanos y yo el menor de todos. La mayor es Liliana Marta (70) que es jubilada. La siguen Eduardo de 68 años de edad, Raúl Alberto “Beto” (63), Miriam Yolanda (61) y yo. Nací en la ciudad de Laboulaye, provincia de Córdoba  y estuvimos allí hasta mis diez o doce años, tiempo en el que el trabajo de papá en los ferrocarriles nos trajo a Franklin.

¿Hubo límites en casa…?

Papá estaba mucho fuera de ella porque su trabajo en el ferrocarril le demandaba casi todo el día, de manera que mamá marcaba los límites, aunque cuando venía papá, si había que poner alguna cosa en su lugar, tomaba ese lugar y lo hacía.

¿Has tenido buena relación con tus hermanos…?

El sentido de familia ha estado presente siempre entre nosotros y eso nos hizo convivir en todo sentido y bien. La mayor afinidad la he tenido con “Beto” con quien compartí las salidas y algunas travesuras también.

¿Tus estudios…?

Hice la primera etapa de primaria en una escuela de mi ciudad natal y finalicé los dos últimos años en Franklin. Luego comencé en el Colegio Nacional “Florentino Ameghino” para lo que debía viajar diariamente en distintos medios de transporte. Muchos de mis compañeros de entonces fueron quienes me invitaban a quedarme en casas de sus padres para no tener que viajar a la mía. Algunos de ellos han sido el “Pollo” Escudero Guillermo Lozi, Armando Lapenta, Eduardo Batista, Eduardo Coronel,  el “Gordo” Bettoni… (siguen).

¿No quisiste seguir estudiando…?

Digo con sinceridad que no quise seguir estudiando, porque la escuela no me gustaba para nada, cosa de la que me arrepiento y afortunadamente mis hijas han tomado caminos más inteligentes.

¿Qué hiciste con tu vida…?

Cuando dejé de asistir al Nacional, volví a casa y comencé a trabajar en distintas tareas de campo, haciendo de todo un poco. Mis ganas de dejar esas cosas me permitieron conseguir trabajo en el almacén de Aníbal Merola como dependiente, en la esquina de 14 y 41. En eso estuve unos años y siempre recuerdo que él como su señora fueron muy generosos conmigo y muchas veces almorcé en familia con ellos, ya que no podía siempre viajar a casa al mediodía. Dejé ese empleo cuando me llegó el tiempo de cumplir con el servicio militar y me incorporaron en 1978, al Regimiento 2 de Tanques de Caballería Blindada Lanceros “General Paz” en la ciudad de Olavarría. Estuve bajo bandera por 14 meses y regresé a mi casa a mediados de 1979. Recuerdo que fue el tiempo del conflicto con Chile por el tema del Canal de Beagle y que estuvimos a punto de ser desplazados al sur, poco antes de que llegara a su fin.

¿Tus amigos de la vida…?

Con tantos años vividos y habiendo trabajado en distintas cosas, mis amigos de salidas son muchos, entre ellos Guillermo Lozi, Eduardo Coronel, el “Flaco” Ciecuisky, Guillermo Paladino, Horacio Antón, Marcelo Disciulo…(siguen), juntándonos en “Oykos”, ( 25 y 22). Hay buenos compañeros de fútbol, Carlitos Delconte, Eduardo Coronel, Perdiguero… (siguen), con quienes jugaba en la cancha del Centro de Empleados de Comercio, todos los sábados.  

¿Cómo siguieron tus cosas…?

Tuve la suerte de conseguir emplearme en la empresa “Ducilo”, viviendo en la Pensión de Passaro, en avenida 16 entre 19 y 17. Para entonces, me casé con María Graciela, luego de cuatro años de noviazgo, el 4 de enero de 1986 en la Basílica Catedral, viajando de luna de miel a la provincia de Córdoba, más precisamente a La Falda. De regreso nos instalamos en la misma casa que hoy ocupamos en 20 entre 31 y 33, en el mismo predio en que viven Eduardo y María Susana, mis suegros.

¿Seguías en Ducilo…?

Sí. De la fábrica salí luego de varios años, cuando conseguí ingresar en el área de mantenimiento en los ferrocarriles, más precisamente en la línea del San Martín donde trabajaba mi viejo. Estando en eso, se me presentó la oportunidad de pasar a trabajar en la fábrica Sanmartín previo paso por el taller de Epo Frabasil por un tiempo. De la fábrica pasé a Luján, en el servicio de vigilancia del Canal Local (Luján T.V.) Hasta cuando es comprado por la cadena V.C.C. (Canal de T.V.) y yo dejé de trabajar para una agencia y comencé por mi cuenta en lo mismo. Todo andaba bien hasta que se produjo la venta de V.C.C. a Multicanal y quedé como encargado y poco después pedí el pase a la Sucursal Mercedes. Luego de tres años más o menos, al quedar  sin trabajo nuevamente, puse con mi primo Marcelo, un lavadero de autos.  

¿Siempre con nuevos intentos de cambio y crecimiento…?

Tuve una sociedad en la puesta en marcha de ese lavadero de autos en lo que es la rotonda de avenidas 40 y 1 y donde hoy funciona un lo cal de la firma Michelín, del rubro de los neumáticos. Tuvimos buen trabajo, pero cometí el error de no querer aprovechar el momento para vender el fondo de comercio, cosa que era el parecer de mi socio y quedamos sin el pan y sin la torta, porque cerramos para la época de la crisis económica de 2001 y tras dos años más o menos en el tema.

¿Cómo siguieron tus cosas…?

Pude ingresar en el área de seguridad del Ferrocarril San Martín, para lo que custodiaba los convoyes cargueros que quedaban en Mercedes. Luego se terminó ese trabajo y otra vez a conseguir qué hace, apareciendo lo que resultó una nueva actividad en la custodia de los pasos a nivel de 22 bis y también el de avenida 1. Estuve varios años en “Disco” en los turnos de noche y tras un accidente de tránsito en moto que tuve en 27 y 20 del que resulté bastante lesionado y tardé varios meses en recuperarme, pase a la empresa Guillfod para la recepción al principio y luego como operario.

¿Hoy estás empleado en el municipio, verdad…?

Exactamente, desde 2014 soy empleado del municipio, nombrado por el ex intendente y hoy Diputado Nacional Carlos Selva. Pasé por un par de destinos antes de ser asignado al predio de La Trocha en el servicio de noche.

¿Muchos cambios de trabajos y grandes tensiones…no es cierto…?

De tanto cambiar, me hice fuerte sabiendo que nada me resultaba ser el último empleo o actividad. Creo que todo sirve para algo y en mi caso, me permitió conocer mucha gente en distintos ámbitos y estar siempre con la idea de emprender nuevas cosas. Hoy mismo y a mi edad, no cambio en ese sentido y observo todo lo que pasa a mi alrededor.

¿Y tu emprendimiento de limpieza…?

Desde hace uno años tengo un pequeño emprendimiento dedicado a la limpieza de oficinas y afines, que llamé Limpia Arte. Uno de mis buenos clientes es Casa Silva. Con ellos mi tarea consiste en preparar las salas de los velatorios para cada servicio, antes y después de los mismos. A Daniel y todos sus empleados les tengo un agradecimiento especial por su gran generosidad.

¿Cómo son tus hijas…?

Celeste es muy responsable, sensible, y super compañera. Su pareja es Gerardo Dosantos, que trabaja en la empresa “Serenísima” y se dedica especialmente a la computación y todo eso. “Agus” y de fuerte carácter, también muy responsable y perseverante para lo que se propone.

Fuera de juego

Soy hincha de Boca.

Tengo varios muy buenos amigos y ellos saben quiénes son, sin querer nombrar a ninguno en especial.

Me gusta el asado y con un buen vino tinto mejor aún.

Creo ser una buena persona y trato de hacer las cosas de la mejor manera posible. No bajo los brazos y enfrento las dificultades.

Soy cuidadoso y trato de no molestar con temas de orden y prolijidad que confieso son más fuertes que yo.

Mi esposa es muy compañera, me comprende, me ayuda en todo lo que se deba hacer. Gran madre y contenedora.

Suele ser un poco reiterativa y eso la marca a veces como algo “pesada”.

Me hubiese gustado seguir alguna carrera militar, pero cuando estuve por hacerlo, en casa no quisieron y eso quedó en el pasado.                

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