Y llegó un día el dolor…

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Todo empezó una tardecita de abril de 1956. Un grupo de amigos fuimos a “La Tertulia” que se hacía en el Club Del Progreso. Al mismo tiempo hacían lo mismo un grupo de muchachos. Cada grupo estábamos charlando animadamente. En un momento dado uno de estos jóvenes me invitó a bailar y a partir de ese momento nunca más nos separamos.

Yo tenía 15 años, él 27. No se notaba la diferencia de edad. Hoy pienso que por esa diferencia siempre me cuidó, me protegió y me amó. Fue mi único novio.

Dos años después nos casamos, formamos una familia con dos hijos. Su vida fue trabajar, quería progresar, no había feriados, se levantaba a las 2 o 3 de la madrugada para viajar en camión, con frio, lluvia calor o niebla…

Hasta que un día decidió cambiar de ramo, de negocio, empezó otro trabajo, pero también sacrificado, había que levantarse de noche, pero nunca se quejó.

Pasaron más de 60 años. Un día enfermo, cumplió sus 90 años en cama, hasta que la mañana del 10 de mayo despertó y me llamó Mita, Mita, Mita, le respondí aquí estoy Cacho a tu lado, lanzó un suspiro y murió ¡Cuánto dolor en mi corazón!

Fuiste un ejemplo. Te vamos a extrañar muchísimo, tu generosidad, tu sonrisa, tus palabras de aliento, tu empuje y energía para todo y por sobre todo tu amor y protección.

Pido a Dios me de la resignación y fuerza necesaria para poder seguir viviendo y te pido a ti que sigas cuidando a todos los que te amamos y te querremos por siempre.

Que Jesús y la Virgen María te guarden en sus amorosos brazos.

Estarás por siempre en mis pensamientos y en mi corazón. Hasta que volvamos a encontrarnos y unirnos hasta la eternidad.

                                                        Tuya siempre Mita.

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