Claudio Tejedor

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“Cuando me recibí me hice a la idea de ejercer mi trabajo en una ciudad del interior y la vida me puso de frente a Mercedes. Hice mis amigos aquí y me siento un lugareño más. A mis viejos les debo todo lo que soy y he logrado en la vida”. 

Claudio Alejandro Tejedor, 52 años de edad, comerciante y farmacéutico, divorciado. Hoy nos cuenta algo de su vida, sus experiencias, sus gustos, su familia, sus cosas…

¿Dónde naciste…?

Con mi hermano mellizo, aunque por el parecido que tenemos nos creen gemelos, nacimos en Ramos Mejía, pero simplemente por elección de los viejos, que siendo primerizos quisieron lo mejor para ese momento y se instalaron en casa de nuestros abuelos maternos, Santiago y Nélida. El resto de mis hermanos, son nacidos en nuestro pueblo, Quenumá, en la provincia de Buenos Aires, localidad del partido de Salliqueló.

¿Tu familia…?

Como te dije, somos mellizos con Román, que es odontólogo y también reside y ejerce su profesión en Mercedes. A nosotros nos siguen Dalina, que tiene 46 años, es secretaria administrativa en un establecimiento de salud en Santa Rosa (La Pampa) y Matías (42) también farmacéutico en Mechongué (Bs. As.). Sus parejas son Silvia Pérez, Darío Luque y María López respectivamente. Tengo tres ahijados, Agustina, hija de Román y Laura; Laura, hija de “Memo” (Festa) y Patricia Falabella y Cecilia, hija de Fabio Méndez y Diana Rodríguez. Nuestros padres son Aldo y Mirta Esteve, tienen 72 años y están jubilados, papá como mecánico y mamá, como empleada administrativa.

¿Hubo límites en casa…?

Lo hubo y recordamos siempre que los marcaba mucho más mamá, que no dudaba en hacerse notar, a veces inclusive con algunos chirlos si hizo falta. Papá era menos notorio en eso, pero cuando se fastidiaba por algo, una mirada suya bastaba para que las cosas retomaran su rumbo. Todos éramos de jugar con nuestros vecinos en la calle misma, entre ellos Fabio, Horacio, Fabricio…

¿Buena relación con tus hermanos…?

Siempre hemos sido de tenernos mucho cariño y si debo decir la verdad, ha sido Dalina quien pagó las consecuencias de las provocaciones de los tres varones. Con el mellizo, tuvimos siempre y seguimos hoy mismo, en las mismas cosas que compartimos desde los años de la niñez y unidos en todo o casi todo.

¿Tus estudios…?

Los cursé en la Escuela primaria Nº 3, de la que recuerdo a las maestras Teresita García y Nélida Sánchez. Eran los tiempos en que los hermanos íbamos juntos a los mismos grados y vistiendo de idéntica forma, eso que hoy ya no es, por influencia de los especialistas y todo eso tan moderno. Recuerdo entre mis compañeros a Alejandro, Rafael, Rodolfo, “Manolo”, Carlos, Jorge… (siguen).

¿El secundario…?

Para ese tiempo y no existiendo nivel secundario en nuestro pueblo, nos internamos en una pensión de Pehuajó, distante 180 kilómetros de casa. Nos hicimos alumnos de la ENET Nº 1 y cursamos seis años hasta egresar en 1986. Tanto Román como yo, fuimos buenos alumnos y sin competir entre nosotros, nos apoyamos en todo lo que pudimos precisar. Para eso, viajábamos los domingos de casa a Pehuajó y regresábamos los viernes. El sistema del pensionado era muy estricto, casi como un liceo militar, con orden, horarios y disciplina. No me olvido de que el director era un señor de apellido Rodríguez, riguroso y exigente, que no dudaba en darnos un tirón de orejas (literal) o un coscorrón, recibiendo de nuestros padres la total aprobación. Creo que haber pasado por allí. Lejos de suponer algo negativo, nos hizo mucho bien para la vida que luego enfrentamos.

¿Sufriste el desarraigo…?

No puedo decir que sufrí, pero naturalmente y al dejar nuestros cosas y la familia tan lejos, los primeros tiempos tuvieron su nostalgia, porque debe pensarse en un par de chicos pre adolescentes, lejos de su casa, no es nada común y por supuesto distinto a todo. Creo que después fueron los viejos los que nos extrañaron mucho. Te cuento que los cuatro hermanos somos eternos agradecidos a ellos por todo lo que hicieron, permitiendo nuestros estudios y creo que hasta privándose alguna vez de cosas para ellos. Papá como te dije, era mecánico y mamá empleada administrativa, de modo que no era el dinero lo que abundaba precisamente, sin embargo, nunca debí trabajar mientras estuve en la UBA.

¿Era duro el viaje semanal…?

Era parte de nuestra aventura. Te cuento que papá nos daba el dinero que necesitábamos para pagarnos el pasaje en colectivo o tren, pero muchas veces, por su contacto con choferes, nos conseguía hacerlo en camiones, cebando mate por ejemplo. Otras tantas, para ahorrarnos el dinero de los pasajes, hacíamos “dedo”, lo que hoy parece un imposible.     

¿Cuándo decidiste estudiar tu carrera universitaria…?

Estando en los últimos años de la ENET, veía a mi padre trabajar mucho en su taller y comparaba sus manos sucias de aceite y grasas con las de un farmacéutico, cliente de papá, que estaba siempre impecable. Como soy un inútil para todo lo que tenga que ver con herramientas y todo eso, me dije que ése debería ser un camino para mí y me decidí. Por otra parte Román hizo lo propio con Odontología de modo que nos instalamos en CABA pasando por distintos departamentos en los barrios de Montserrat, Congreso y Recoleta.

¿Dudaste en algún momento de aquella elección..?

Para nada. Por el contrario la carrera me atrapó y sedujo y pude asumir mis obligaciones con entusiasmo y creciendo a medida de que avanzaba en la carrera. Egresé de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en el año 1992.

¿Qué hiciste entonces…?

Poco antes de recibirme, comencé a trabajar en una farmacia en el barrio de Parque Chas por unos meses, creo que seis y luego pude conseguir otro empleo, ya como farmacéutico, en Lanús Oeste, en un negocio de gente muy buena (Ponci y Elías), que no eran profesionales. Estuve con ellos unos tres años y recuerdo que cuando cobré mi primer sueldo, le mandé una carta que todavía conserva, a mi viejo, sorprendido porque la suma era para mí una barbaridad. Te cuento que papá nos dijo a los dos, que cuando fuésemos recibidos, el marcaba su final en cuanto a la ayuda en lo económico y pude hacer que eso se concretase.

¿Cómo llegaste Mercedes…?

Vine de visita a lo de Pedro Silva, un compañero de la facultad que es de aquí y que no terminó su carrera. En esa visita conocí la ciudad y me dije que si se diera la oportunidad, me gustaría recalar con mi propio negocio aquí. Lo cierto es que el papá de Sandra (Festugato), era propietario de la farmacia Aschero, de calle 16 entre 5 y 7, cuya profesional era Patricia (Aschero) y al ponerla en venta me la ofrecieron unos seis meses después de aquella venida mía.

¿Entonces…?

Era en los finales del año 1994, de modo que pude conseguir un préstamo en la Caja de Farmacéuticos y con eso hicimos la operación. Ya  en enero estaba instalado con mi propio negocio y con mi apellido. Pasado tan solo un año, surgió la oportunidad de comprar el edificio que tengo hoy y me mudé a solamente una cuadra, 16 entre 3 y 5, donde también tengo mi vivienda. Trabaja conmigo Carina Torres, una gran colaboradora junto a mi primo Daniel (Tejedor) que hacen posible el mejor servicio que quiero brindarles a los pacientes. Una amiga de la casa es Patricia Games, que se asoma continuamente el negocio y su curiosidad por conocer de todo un poco, la hace como del equipo. 

¿Cómo te recibieron tus colegas…?

De entrada tuve y conservo con todos y cada uno de los colegas, la mejor de las relaciones profesionales y personales. Recuerdo que  de inmediato “Carlitos” Milhomme me acercó al Colegio local y poco después ya quedé involucrado hasta el día de hoy.

¿Has hecho amistades en todo este tiempo…?

Afortunadamente si y en distintos ámbitos. Algunos de ellos, para dar un ejemplo, son, “Pititú” González, Fabián Micotti, Mario Vignau, Pablo Vaccarezza, Germán Bocca, Ignacio Bustos, Fabricio Stagno, Carlitos Milhomme, Rubén Dicatarina… (siguen). 

¿Está divorciado, no es cierto…?

Es así. Tuve dos parejas, Sandra Mazziotta y Adriana Dziurdzia y hoy ya divorciado estoy solo.

¿Has hecho varios  deportes mecánicos…?

Hice bastante de eso, pasando por varias categorías del automovilismo y me encantan las motos. Ya de grande me compré una BMW y con varios amigos salimos cuando nos es posible a recorrer parte del país e inclusive Chile por ejemplo.

Fuera de juego

Soy hincha de River.

Mi comida preferida son las milanesas a la napolitana con tortilla de papas. El vino me gusta tinto y si es posible, Malbec.  

Tengo varios buenos amigos, uno de ellos y para referenciar a todos, es Eric Bocca.

Tengo un defecto que pasa por comprometerme demasiado en ciertas cosas y me duele cuando no llego a tiempo o no puedo cumplir bien.

Soy solidario, sociable y pese a ser callado, me gustan las reuniones de amigos y conocidos para tratar los temas que se presentan.

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