Carlos Zorzoli

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“Siendo muy chico me identifiqué con los fierros y los autos de carreras, Dejé los estudios para trabajar y con el tiempo pude montar mi propio taller. Hago lo que me gusta y de ello puedo vivir con mi familia”.

Carlos Alberto Zorzoli, 45 años, mecánico preparador. Casado con Liliana Elizabeth Montenegro (40), comerciante. Una hija, Denise (11) que asiste al Colegio San Luis Gonzaga. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, su trabajo, sus gustos, sus experiencias, sus cosas…

¿Tu barrio…?

Mi hogar paterno era en 51 y 10, barrio en el que hice mis primeros amigos, Javier Funcia, Aldo Kudach, Cristian Perineti, Oscar Ferro, Roberto Blasco, los hermanos Huici… (siguen) y la calle era nuestra durante todo el día, con travesuras de por medio. Por sumatoria de “macanas” todos los de la barra vivíamos con penitencias.  

¿Tu familia…?

Papá, que se llamaba como yo, Carlos Alberto y que hace ya 10 años que falleció, era empleado en el Hospital “Blas Dubarry”, conduciendo las ambulancias. Mamá es ama de casa, se llama María Cristina Saurral  y ha sido quien nos marcaba los límites, ya que papá estaba mucho tiempo en su trabajo y fuera de casa. Mis dos hermanas son Cristina y Elizabeth y si bien es cierto que la menor fue la que más me peleaba, la mayor me consentía y protegía mucho. Tengo con ambas la mejor de las relaciones. Mis suegros con Luis y Mónica.   

¿Tus estudios…?

Comencé la primaria en la Escuela Normal “Justo José de Urquiza” pero por mi conducta que no era de las mejores, llegó el tiempo en que me debí cambiar a la Nº 7, en avenida 29 y calle 14, donde el grupo de compañeros no desentonaba tanto conmigo aparentemente. Allí compartí clases con Bernardo y Guillermo Sanmartín y Alfredo Lares entre varios otros. De entre mis recuerdos rescato a una de mis maestras, la señorita Hebe, que fue quien me contuvo y con toda su paciencia y amor.

¿Muy callejero…?

Muy y de verdad. Con mis amigos de siempre, salíamos desde muy chicos para recorrer barrios jugando y haciendo algunas travesuras, que cuando llegaban a oídos de mis viejos, tenían sus consecuencias… (se ríe).

¿Hiciste el secundario…?

Comencé en el Industrial, porque desde muy chico sentí atracción por lo que tuviese que ve con los fierros y todo eso. Armábamos con los chicos del barrio, todo tipo de aparatos, los carritos con rulemanes, los autitos con sunchos, las bicicletas para lo que aprovechábamos todos los fierros que llegaran a nuestras manos. Hice entonces los primeros tres años del secundario en la ENET Nº 1, pero en verdad no me gustaban las materias como geografía, historia, ciencias naturales… y solamente me sentía bien en las horas de taller y todo lo que fuera trabajos manuales. Algunos de mis maestros y profesores fueron “Bombolito” Denápole, Mario Fiorelli, Jorge Annicelli, Carlos Saporiti, el maestro Testa, César Mariella…

¿Entonces qué hiciste…?

Al terminar el llamado ciclo básico, es decir el tercer año, decidí dejar los estudios y buscar trabajo. Mi viejo fue terminante cuando me dijo que o estudiaba o trabajaba desde ese momento en adelante. Desde un tiempo antes ya estaba haciendo algo con “Lalo” Galiota en su taller, dedicado a la mecánica en 28 entre 11 y 13, en el que habíamos comenzado los meses de verano junto a Javier (Funcia). Al dejar los estudios quedé empleado ya efectivo. El taller se mudó varias veces y hoy todavía trabaja en calle 15 y 112. Fue en ese tiempo en que por la amistad de “Lalo” con “Cholo” Elizalde lo conocí y fue entonces cuando comenzamos a trabajar en lo que sería su auto de carreras.

¿Toda una novedad…?

Es cierto y te cuento que cuando apenas tenía 17 años, con la autorización de mis viejos que no fue fácil lograr, me convertí en su acompañante para las carreras. La primera fue en el “Bandoni” y creo que con el número 36 en el auto. Si bien en el taller hacíamos los motores, los chasis siempre me han seducido de manera particular. Luego apareció la propuesta de hacer el  auto a Javier Funcia para el “Regional” y el del “Fantasma” Gianachi a quien conocí cuando le hice trabajos para Luis Zuffo en el tiempo de la categoría Supercart. Luego de un medio año de trabajo, al cumplir mis 18 de edad, fui a trabajar para la Municipalidad en el corralón, atendiendo la parte de mantenimiento de los vehículos, empleo que mantuve por un año y medio nada más, ya que estaba armando mi primer taller en 27 entre 48 y 46. Pasado unos años, se me dio la posibilidad de sumarme al equipo de “Toto” (Miguel Ángel Etchegaray) en su taller y lo hice. Allí estaban también los hermanos Aguirre, Raúl y Gustavo, que se retiraron tras seis o siete meses y naturalmente Julio (La Garza) Etchegaray.

¿Cómo fue esa etapa…?

Fue precisamente cuando “Toto” comenzaba en el T.C. y había debutado en ese 1996 en 9 de Julio. Para la carrera siguiente ya estuve en el grupo de trabajo. Allí pude integrarme a un equipo de gente muy preparada y eso, a lo largo de los diez años que permanecí, me permitió adquirir algo de lo que me viene sirviendo para hacer lo que hago. Dejé cuando Miguel dejó las competencias, en 2006.

¿Algunos detalles de ese tiempo…?

Haber trabajado con los Etchegaray ha sido de gran valor para mí. Te cuento que si bien no he acompañado en carrera a “Toto”, sí pude estar en la butaca derecha cuando probábamos. Era una maravilla verlo al volante, con una seguridad admirable y con estilo vehemente y prolijo al mismo tiempo. Cuando él salía a pista, nos comunicaba con precisión lo que estaba acusando el auto, lo que nos permitía adelantar el trabajo al detenerse. Ha sido un gran tester. 

¿Los últimos años quedaste solo con “Toto”, no es cierto…?

Si, por espacio de varios años nos quedamos solos Miguel Ángel y yo, con algunos chicos que colaboraban en tareas menores, dejando ya cuando se alejó de las competencias definitivamente. Pasé un tiempo a trabajar con “Cocho” López en el equipo “River” en Ituzaingó, luego con Arrausi en Luján un año más o menos y luego ya vine a Mercedes.

¿Qué hiciste entonces…?

Comencé con Walter Ferrari y armamos un taller en 39 entre 4 y 6 para hacer de todo un poco. Él dejó para eso, su trabajo en la pinturería de Carlos Valerga, “Impacto”, de 29 y 6. Luego vendría un nuevo proyecto que se plasmó en un galpón de Acceso Sur y 112 con 4 autos para atender, presentando el T.C. Mouras de Javier Funcia. Luego llegaría la “Chevy” de Federico Larroque, que es el propietario de Lácteos Silvia, firma a la que representa en Mercedes y la zona, mi esposa Liliana.

¿Hoy estás en calle 24 y 47…?

Si hace unos tres años que estoy allí y te diría que tengo casi todo lo que se necesita para trabajar de la mejor manera y actualizado para poder ser competitivos. No valen la pena los detalles técnicos, pero puedo hacer en los autos de competición casi todo.

¿Cómo anda tu salud…?

Afortunadamente estoy prácticamente 0 kilómetro y me he recuperado muy bien. La etapa fue dura pero dio buenos resultados. No trabajé por un buen tiempo y debimos sortear muchos problemas de todo tipo, pero eso hoy es historia.   

¿Cuándo te casaste…?

Nos casamos el 8 de enero de 2008 y vivimos en nuestra propia casa de 54 y 19. Te soy sincero al decirte que a partir de la experiencia vivida con la salud y la llegada de mi hija, he cambiado un poco mi horizonte y trato de estar el mayor tiempo posible con ella y dejo algo de trabajo.

¿Cómo es un día tuyo…?

Soy de levantarme muy temprano, incluso los domingos o feriados. Hoy estoy dándome el lujo de almorzar en casa con mi hija. Por la mañana la llevo su escuela y luego la retiro. Cuando llega Liliana de su trabajo, es cuando ya vuelvo al taller hasta la tarde noche.

Fuera de juego

Soy hincha de Chevrolet y de River.

Me gustan los asados con cerveza.

Javier Funcia es uno de mis grandes amigos y tengo otros.

Soy bastante “calentón”, pero se me pasa enseguida por suerte.

Trato siempre de resolver los problemas y soy solidario y trabajador.

Liliana es una muy buena compañera y madre. Trabaja mucho y trata de estar presente en todo.

No le encuentro defectos, al menos notorios.

Me gusta hacer lo que hago. El ambiente me ha permitido conocer mucha gente y transitar bastante por el país.    

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