Débora Martinelli se ha convertido en un ejemplo de superación para cualquier persona que esté pasando por un grave problema o una enfermedad. Con una sonrisa siempre en su cara, superó el cáncer de mama demostrando que con voluntad y fe todo se logra.

La atleta mercedina empezó en el deporte a los 11 años en el Colegio Parroquial Padre Ansaldo e ingresó de lleno en el mundo del atletismo gracias a su profesora de gimnasia Miriam Salanueva. Le tocó ir a los Juegos Bonaerenses y su profesora le pidió que compitiera en lanzamiento bala. Fue su primera vez en dicha disciplina y su debut fue auspicioso ya que ganó esos Bonaerenses.

Revisar su palmarés es un claro ejemplo de su jerarquía como deportista y habría que dedicarle varias líneas para enumerar todos sus logros, pero sin dudas Débora ganó su título más importante al superar su dura enfermedad.

– ¿A qué edad empezaste a practicar este deporte y que te motivó a hacerlo?

– Empecé a los 11años en el colegio Parroquial. En ese momento mi profe de gimnasia era Miriam Salanueva. Como yo hacía todos los deportes de la institución y era grandota, me ofreció hacer lanzamiento de la bala. Una disciplina muy solitaria, donde pude trabajar mi personalidad y manejar mi individualidad. De allí pude conocer el atletismo no solo como forma de correr, si no que me sirvió para aceptar mi cuerpo y poder utilizarlo de una mejor forma.

– ¿Practicaste algún otro deporte?

– Si, practique básquet, hockey, cestoball, handball, patín y es el día de hoy que con unas amigas sigo jugando al vóley.

– ¿En qué disciplina te destacas más o te sentís más cómoda? ¿En lanzamiento de bala, martillo, disco o jabalina?

– El disco y la bala son las que me dieron las mayores satisfacciones. Tuve una mala experiencia con el martillo, pero creo que ya estoy preparada para volver a intentarlo.

– Antes de una prueba importante, ¿intentas relajarte o mentalizarte de alguna manera determinada?

– El silencio es algo que me satisface mucho antes de cada competencia. Rezo el rosario y si puedo asistir a la Santa Misa me fortalece aún más. Además estoy acompañada de música muy relajada, como lo es el gran Andrea Bocelli.

– ¿Cómo se supera un cáncer de mama? ¿Hay alguna fórmula?

– Un cáncer de mama se batalla. Se clavó a fuego en mi el día que mi oncóloga me dijo: «Nena esto es una guerra. O la ganamos o nos mata, ¿De qué lado vas a estar? Somos muchos los que vamos acompañarte». En mi caso particular la actitud de combate, la fe, los amigos y la familia fueron mi sostén para combatirlo.

– ¿Cuánto influyó el apoyo psicológico del entorno?

– Es muy importante. Agradezco siempre a esas amigas de fierro y al colegio San Benito que me acompañó en este proceso y hoy siguen confiando en mi.  A mi familia tanto de sangre, como la familia espiritual Fraternidad Donum Dei y también a todos los amigos periodistas que me daban fuerzas.

Si no fuera por esa fe inquebrantable, mi familia amada, el deporte, que hizo que me preparara para este momento luego de mi primera operación, y los médicos de Mercedes, en tres meses hubiera muerto. Pero cómo tengo fe mi misión recién empieza.

– ¿Extrañabas competir todo el tiempo que estuviste parada por tu enfermedad?

– Si, mucho. Además los médicos sabiendo que una vez que pudiera mover mi brazo, arrancaría, llegó el momento de la quimioterapia y dado que mis venas son fuertes, tomaron la decisión de introducirme un catéter subclavial y así frenarme. Trataba de no pensar y estudiar.

– ¿Cómo fue el día que volviste a competir luego de superar el cáncer? ¿Sentís que volviste a debutar?

– El día que el cardiólogo me dijo que mi estudio de alto rendimiento estaba apto para volver a las pistas, fue algo único. Cuando volví a entrenar fue más que importante. La competencia fue el premio y que los controles salgan bien es un día más para agradecer. Mezcla de sentimientos y una gran batalla ganada.

– Hoy que están compitiendo nuevamente, ¿Pensas que tu nivel es el mismo que tenias antes de que te diagnosticaran tu enfermedad?

– Los médicos me encuentran mejor que antes de tener la enfermedad, eso es un logro. Yo creo estar más fortalecida, aunque no pude obtener las medallas doradas a nivel Nacional Máster. Tuve dos segundos puestos donde pude competir con mujeres extranjeras y mis marcas del 2016 no fueron superadas. El ser campeona Metropolitana es una gran alegría.

– ¿Cuál es tu récord en cada disciplina?

– 35,70 en disco, 10,80 en bala, 39 en martillo y 15 en martelete.

– ¿Y para una olimpiada cuanto se necesita?

– A nivel Máster debo cumplir 35 años para una olimpiada. Hoy tengo 32 y las marcas pueden mejorar mucho y así llegar a los 40 metros en disco y 11 en bala.

– ¿Estar en un Juego Olímpico es tu gran sueño no?

– Si lo es, pero vamos de a poco. Ahora que tengo una oportunidad, a disfrutar cada día que es un milagro.

– ¿Y cuáles son tus objetivos a corto plazo?

– Por lo pronto terminar con los entrenamientos de este año. Luego en enero arrancar la pretemporada y así prepararme para la Cuenca en Lobos.

– ¿Vos tenes en claro hasta cuando vas a competir? ¿Es algo que ya trabajas en tu cabeza?

– Todos los deportes son maravillosos y cada uno tiene diferencias que los hacen únicos. Pero hay una diferencia entre hacer lanzamientos y otros deportes. Por ejemplo en  fútbol, tenis, básquet y vóley siempre estás enfrentando a tu competidor. Las energías y el esfuerzo de cada equipo o cada competidor se enfocan en empujar  y avanzar para lados opuestos. Sin embargo en el campo pasa lo contrario.  Practicar deporte tiene muchos beneficios para nuestra mente, incluida una mayor atención, mayor capacidad de trabajar con otros y un aumento potencial de nuestra autoconfianza. Yo considero que siempre hay en cada persona la posibilidad de realizar una práctica deportiva hasta en la vejez. Quien ha hecho deporte toda su vida, adaptando el ejercicio a lo que la edad permite, con buena supervisión y controles previos en el marco de organizaciones o asociaciones que lo regulen, puede continuar sin mayores inconvenientes. Pero quien nunca practicó deporte y decide hacerlo ya de grande, lo más probable es que sufra algún tipo de lesión, porque su organismo no está acostumbrado ni probablemente preparado para esa exigencia.

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