El CEF y su aporte ante la pandemia

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“El gran encierro” es el título del segundo capítulo de la “Historia de la locura…” de Michel Foucault, y dice ahí que “el confinamiento es una creación institucional propia del siglo XVII”, y agrega: “el espacio concreto de la sociedad clásica reserva una región neutral, una página en blanco donde la vida real de la ciudad se suspende….”. Es claro que Foucault se refiere aquí al confinamiento de “los locos” en la Edad Media. Era una forma casi elegante de no verlos, de ocultarlos, de sacárselos de encima. Así nacen los hospicios o los asilos, donde se recluía no solo la locura, sino también a los pobres, a los sin trabajo, y el Estado se hacía cargo de ellos para que no molestaran.

Han pasado más de 300 años y ahora (por otras razones muy distintas) nosotros, que no estamos locos, sin embargo estamos confinados en un “gran encierro”, llenos de miedo (miedo al contagio, miedo a la muerte) en espacios reducidos o quizás grandes espacios pero que aun así no nos permiten respirar libremente.

No es tema de discusión la necesidad del encierro (o de la cuarentena). En ese sentido, las autoridades competentes, los expertos, y los más prestigiosos científicos nos dicen que es la única manera de “achatar la curva” de contagios para que no colapse el sistema de salud. Y si tenemos que salir de casa, hay que respetar el distanciamiento social, y no nos olvidemos de llevar el barbijo o el tapaboca que sofoca la respiración y nos empaña los anteojos. Pero bueno, es así. Frente a la pandemia del COVID-19, el mundo entero se está manejando con estas medidas preventivas porque por ahora no hay otras, y debemos respetarlas.

Sin embargo, el hombre es por naturaleza un ser social, habitualmente no usa barbijos, ni tapabocas, ni quiere tomar distancia de sus semejantes. Al contrario, hay una inmensa necesidad de estar en contacto con el otro. Las manos, por ejemplo, tienen entre muchas otras la función de tocar, percibir, acariciar, señalar y saludar. Así es que todo esto parece una locura.

Ahora bien (y sin perjuicio de aquellas medidas de prevención), una situación de encierro o de confinamiento como la que estamos viviendo y que parece no tener fin, tiene un impacto tremendamente negativo en el cuerpo y en el psiquismo de cada uno de nosotros (cuerpo y psique son una UNIDAD BIOLOGICA perfecta, indivisible y única). Por lo pronto, en el cuerpo genera (en mayor o menor grado) un sedentarismo obligado que se convierte en un factor de riesgo cardio-vascular. En la mente, genera vivencias negativas que provocan ansiedad, angustia, depresión, irritabilidad, abulia o falta de voluntad. Estos estados de ánimo tan negativos también tienen su expresión a nivel físico, con su correlato de miedo a nivel patológico, estrés  y consecuentemente deterioro de nuestro sistema inmunológico. Que no es poca cosa, sobre todo ahora que es cuando más necesitamos nuestras defensas naturales intactas.

Todo lo anterior es un pequeño aporte a los docentes, a fin de que puedan trasmitir a sus alumnos, y también a los más vulnerables, que esta situación de encierro o de confinamiento cuando es acompañada de un alto nivel de miedo y conductas obsesivas produce un deterioro del sistema inmunológico, que es precisamente el encargado de defendernos frente a las enfermedades. Así es que: encierro + miedo = ???, OJO con ese combo.

Dr. Oscar Rudoni (Técnico docente médico CEF N° 40).

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