“Jorgito” Martínez

0
45

“Salí a trabajar de muy chico y a los 12 años era cadete de una farmacia, luego en una droguería y finalmente me hice mozo. En eso estoy ya hace mucho tiempo. Mi familia es lo mejor que tengo”.

Jorge Omar Martínez, 58 años, gastronómico, casado con María Yolanda Rondeau (60), ama de casa. Dos hijos; Romina (31)  que es empleada y Lucas  (27), también empleado. Dos nietos; Bautista (11) y Enzo (10). Hoy nos cuenta algo de su vida, sus experiencias, su familia, sus gustos, sus cosas…

¿Tu barrio de nacimiento…?

Vivíamos en nuestra casa de 32 entre 37 y 39, barrio en el que tuve entre mis amigos de juegos y travesuras a Guillermo, Patricio, Lucas, Jorge, Marcelo, Sergio… (siguen). Los juegos eran por lo general en la calle y las veredas.

¿Tu familia…?

Mis padres fueron Raúl Omar, que era “canillita” y falleció a los 80 años en el año 2010 y Catalina Noemí Anzuaga, que vivió hasta sus 67 años en que murió en 1999. Somos seis hermanos, tres mujeres y tres varones. Yo marcho tercero en la lista que comienza con Estella Maris (64), modista, siguen Raúl Alberto (62), es constructor, Marcelo Luis (55), empleado, Adriana Mónica (51), también empleada y Rosana (47) docente. Tengo cuatro ahijados que son Verónica, hija de Raúl y Mónica; Luciano, hijo de Alberto y Estela; Jorge, hijo de José y Teresa y Bautista, hijo de Romina y Adrián.

¿Buena relación con tus hermanos…?

Siempre hemos mantenido muy buena relación entre nosotros y de parte mía en especial con los dos varones, Raúl y Marcelo, cosa que hoy mismo conservamos. Los límites en casa existieron y era papá, que con su mirada fija nos bastaba la mayoría de las veces para recuperar el orden.

¿Tus estudios…?

Para el tiempo de la primaria fui alumno de la Escuela Nº 7, años que los compartí entre muchos otros compañeros con Pablo, Miguel, Teresita, Ramón, Ana… (siguen) y las señoritas Marta y Susana en la clase. Para la secundaria comencé en la Nº 2 en el horario nocturno y allí fui compañero de Juan Carlos, Emiliano, Ignacio… (siguen) y recuero muy especialmente a la profesora Ana Clara. Lamentablemente y de eso estuve arrepentido desde siempre, dejé de estudiar apenas al finalizar el primer año.

¿Por qué…?

Ocurrió que a mis doce años comencé a hacer de cadete en la farmacia de  Bartolomei, que existía en calles 16 y 39, en los tiempos en que los cadetes teníamos mucho trabajo originados en esos empleos, entregando muchos pedidos a domicilio o yendo y viniendo varias veces por día a la Droguería que funcionaba en 31 entre 14 y 12 (Del Fortín). Al comenzar a tener mi propio dinero, que era más que suficiente, me hizo dejar los estudios y por eso hablo de estar arrepentido.

¿Mucho tiempo en eso…?

Con el mismo trabajo y hasta cumplir mis 18 años, estuve la Farmacia “Gamenara”, (hoy Arenas) en avenidas 29 y 30, que era de don Remigio Bartolomei. Dejé ese empleo cuando me sortearon para cumplir con el servicio militar obligatorio y al obtener el número de orden 926, siendo incorporado a la Armada Nacional y la ciudad de Bahía Blanca, alistado en el Regimiento Nº 1 (FAPA) de la infantería de Marina.

¿Era el tiempo de los dos años bajo bandera…?

Claro pero por suerte en mi caso se redujo a 14 meses y me dieron la baja en marzo de 1981, poco antes de que se desatara el conflicto de Malvinas al año siguiente. Te cuento que resultó una muy buena experiencia y me hice de muy buenos compañeros de “colimba”, e inclusive estuve con la idea que luego no prosperó, de incorporarme a la Marina, tentado por algunos jefes, uno de ellos el Guardiamarina Peña, a quien lo serví como chofer durante los últimos meses del servicio.

¿Qué hiciste a salir de baja…?

Ya de baja, Jorge Bartolomei, farmacéutico como su padre Redimio, era Gerente de la Droguería y me ofreció trabajo allí. En todo ese tiempo fui compañero de “Cacho”, “Tito”, Horacio, Ricardo, Marcelo, Ignacio, Alicia, Betty, Graciela… (siguen). Allí hice de todo un poco, mandados, atención y preparación de pedidos, entregas, bancos…y etcétera. Estuve hasta poco antes del cierre de la empresa que anduvo por 1994. Durante todos esos años, conocí muchísima gente y en algunos casos la frecuento.

¿Qué hiciste entonces…?

Había que conseguir qué hacer y sin tener la más mínima noción de nada con respecto a la gastronomía, comencé a hacer de mozo en “El Cabido”, 26 y Avda. 29, comenzando a adquirir la experiencia que no es fácil por cierto. Allí fueron algunos de mis compañeros el “Chileno, “Nacho” y Ariel. Luego apareció la oportunidad de trabajar en los mismo, pero en una parrilla, “Ravello” que se reinauguró en su histórico sitio de Acceso Sur y que abrieron Marcelo Cancela y Roberto Indurain, en la que estuve por un par de años.

¿Cómo te resultaba entonces el trabajo…?

El paso del tiempo hace que las cosas se vayan facilitando, conociendo de a poco a los clientes y sus gustos, lo que hace las cosas más sencillas y todo funciona mejor. Entre el público hay de todo un poco, los generosos, los que nos entienden a nosotras y la tarea, los impacientes, los “pesados”, los afectivos…  En general es bastante agotador, pero hay que saber dosificar el ritmo y las fuerzas para aguantar las jornadas que suelen ser largas.

¿Te ha ido bien en general…?

Si y no puedo quejarme para nada, porque haber estado tantos años en eso me permitió relacionarme con muchas gente comenzó a llamarme y dio trabajo fuera de mis empleos, como en el Arzobispado, el Colegio de Abogados, el de Escribanos, reuniones particulares… Por esas cosas de la vida laboral, tuve la oportunidad de atender a personalidades de todo tipo como es el caso de Monseñor Laguna, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Hugo Moyano, Diego Santilli… (siguen), estando en distintas funciones y cargos.

¿Y gente del espectáculo…?

Muchos también, como por ejemplo Axel, Los Nocheros. El Chaqueño (Palavecino), Graciela Borges, Daniel Fanego, Florencia Peña y muchos otros en varias oportunidades. Muchos de ellos me firmaron autógrafos y me he sacado varias veces fotos. Cuando se dio la oportunidad de volverlos a ver, más de uno me recordaba.    

¿Y La Recova…?

Bueno es el lugar donde más tiempo estuve en forma continua y en el que me hice de muy buenos amigos y compañeros, entre ellos el “Chino”, Leo, Naza, “Pety”, Juan, Patricio, César…(siguen) y los dueños eran entonces Horacio, Guillermo y “Teco”. Fueron años muy lindos y de buen trabajo también desde lo económico. En el año 2005 dejé la bandeja y comencé en una actividad distinta, trabajando para una empresa de seguridad que me empleó para cumplir tareas de sereno y asiento de la Cárcel Federal de Agote. Otros buenos compañeros coseché entre 2016 y la actualidad, entre ellos Aroldo, Angelito, Marcelo, Víctor, Alejandro… y trabajé al mismo tiempo haciendo “changas” en lo mío en Tomás Jofré, en el tradicional almacén Comedor Fronteras.

¿Estuviste en Open Plaza también, no es cierto…?

En el año 2017 me ofrecieron trabajar en “Open Plaza”, en 26 y 27 y eso fue hasta el cierre en 2018. Su dueño me llevó a otro negocio en 31 y 26 que cerró poco tiempo después. Entre mis compañeros en los empleos estuvieron Franco, Ezequiel, Silvina, Juan, Jorge… (siguen), todos muy buenos chicos.  

¿Cómo ocurrió el accidente en el que te viste involucrado…?

En agosto del año pasado, cuando iba a cumplir con mi trabajo en Agote y lo hacía en moto, salieron unos perros a torear, pero no me causaron problemas, salvo que metros más adelante una pelota con la que jugaban chicos en algún terreno cercano, cruzó la calle y se metió bajo mi moto y me hizo perder el equilibrio y caer duramente. Recibí lesiones varias de las que estoy recuperándome muy lentamente.

¿Cuándo te conociste con tu esposa…?

Estando en el servicio militar en la Armada, las licencias que nos daban eran por varios días porque veníamos de lejos. En una de esas fue que nos conocimos con mi esposa y poco después iniciamos el noviazgo hasta que el 6 de febrero por civil y el 7 por iglesia en Catedral, en 1987, llegó la boda. Al año siguiente recién viajamos de “luna de miel” a Mar del Plata, parando en un departamento que nos prestó de Rosendo Rubiero.

¿Cómo son tus hijos…?

Romina es muy dulce, noble y alegre. Es muy compinche mía y con ella puedo contar para lo que sea. Es muy buena mamá de Bautista y hace las cosas de la mejor manera. Lucas, que tiene a Enzo es un muy buen padre a su manera y conserva su estilo de los que no crecen demasiado rápido. Los dos son muy buenos hijos y nos llenan de satisfacciones.

Fuera de juego

Soy un feliz hincha de Boca.

Uno de mis grandes amigos es Emiliano Sánchez.

Me gusta el asado y puedo beber vino o cerveza indistintamente.

No me olvido de las cosas y suelo guardar rencor. Soy absolutamente impuntual.

El compañerismo y la amistad son mis características.

Mi esposa es una gran compañera, luchadora, constante y siempre en positivo. Magnífica madre y ejemplo para nuestros hijos.

Creo que es muy obsesiva con el orden y la limpieza y eso a mí me fastidia un poco.         

DEJA UNA RESPUESTA

Pone tu comentario
introduzca su nombre