Gabriel Márquez

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“Había pensado en ser médico, pero no pude intentarlo y me empleé en una empresa láctea por muchos años. La vida me puso ante una opción inesperada y me convertí en comerciante. Hago lo que me gusta y tengo una hermosa familia”.

Carlos Gabriel Márquez, 53 años, comerciante, en pareja con Paola Courtade (40), estudiante de derecho. Cuatro hijos; Iván Gabriel (29), abogado; María Salomé (26), estudiante de medicina en la Universidad Nacional de La Plata; Alma (16) y Joaquín (12), alumnos del Colegio Santa María. Hoy nos cuenta algo de su vida, su trabajo, su familia, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Tu barrio…?

Cuando nací vivíamos en calle 21 entre 38 y 40, casa en la que estuve hasta mis diez años, pasando a las inmediaciones del “Tiro Federal”, cercana al río Luján, a una quinta propiedad de mis abuelos maternos “Lito” y Azucena, aunque luego, cuando yo había iniciado la etapa del secundario, volvimos a la casa de calle 38, para facilitarme mi idas a la escuela.

¿Amigos de ese tiempo en el barrio..?

En ese tiempo inolvidable mis compañeros de juegos y travesuras fueron Fernando Recalde, mis primos Walter y Claudio Anido, Alfredo Gatti, Jorge Diman y entre otros  Hernán Méndez. Estábamos mucho tiempo en la calle y siempre teníamos alguna excusa para juntarnos.

¿Tus estudios…?

Hice la etapa de primaria en la Escuela Nº 10, que está en 23 y 40, en la que fueron alumnos conmigo entre tantos otros Fabián Crivelli, Angélica Mandaglio, Fabiana Vaccarini, Claudio Anido, Miguel López… y fue una de mis maestras Sarita Yaley, a la que tengo presente siempre. De otras no recuerdo sus nombres, para lo que soy bastante despistado, pero tengo en mi memoria los buenos momentos vividos en la primaria.

¿El secundario…?

Lo hice en la Escuela Agrotécnica que funcionaba en el Colegio Nacional “Florentino Ameghino”, y aunque parezca mentira, a podo de mudarnos nuevamente a la ciudad, la escuela se instaló en su edificio en el lugar en el que funciona actualmente. Recuerdo a muchos, entre ellos Héctor Acuña, Guillermo Bori, Marcelo Valdés, Fabio Castarataro, Gustavo Marcel …(siguen). En el cuerpo de docentes estaban entonces “Juanita” Ganduglia, Eduardo Casaretto que era el Rector, Eduardo Risso, Viviana Cerisola (hoy mamá de su pareja), Susana Báez, Graciela Gorosterrazú…

¿Fuiste bueno con los estudios…?

Para decirlo en forma franca y sencilla, fui cumplidor en todo lo que me demandaba la escuela y en realidad no me disgustaban los estudios. No recuerdo haber dado demasiado trabajo en ese sentido en casa. Confieso que no era demasiado aplicado pero tampoco de los malos.  

¿Al egresar…?

Desde muy chico tuve la idea de seguir la carrera de medicina, lo que hoy está haciendo mi hija María Salomé, pero cuando me llegó el tiempo del ingreso a la universidad, en casa no había posibilidad económica y no pude cumplir con ese objetivo. Te digo que mis padres estaban separados desde cuando yo era muy chico y mi crianza estuvo a cargo de mi mamá, Azucena Donadío y sus padres, mis abuelos “Lito”, que ha sido y tengo como mi padre y Azucena. Ellos me prodigaron todo lo que pudieron y yo les estaré eternamente agradecido. Han sido muy generosos conmigo y me dieron todo lo que pudieron en todo sentido.  

¿Entonces…qué hiciste..?

Por algunas relaciones familiares, tuve la suerte de poder ingresar para trabajar en la empresa láctea “La Serenísima” en General Rodríguez y para eso viajaba diariamente. Me afectaron al área de asuntos legales en lo concerniente a la tramitación de contenidos para la incorporación a las líneas de producción de nuevos artículos. Fue una tarea que me permitió adquirir la experiencia que con el paso del tiempo me ha sido útil para lo que se me fue presentando en la vida. Eso se extendió desde 1987 a 1992, para lo que te repito viajaba todos los días en automóvil, pero se produjo una variante de parte de la empresa y esa rutina también cambió.

¿Me contás…?

Pasado un tiempo, la empresa decidió trasladar a la ciudad de Buenos Aires (CABA), las oficinas a las que yo estaba asignado, de manea que me vi obligado a viajar a más distancia, de Mercedes a Buenos Aires y para eso iba a Luján, desde donde salíamos varios compañeros en un servicio “charter” que puso la firma. Las oficinas de La Serenísima estaban en Córdoba y Leandro Alem y yo permanecí en lo mismo hasta el año 2002, fecha en que se decidió volver con las mismas a General Rodríguez, cosa que naturalmente hice yo. A partir de entonces y hasta retirarme de la empresa en 2005 viajé diariamente.

¿Cómo siguieron tus cosas…?

Para entonces, separado de la madre de mis dos hijos mayores, compré la casa que tengo actualmente en Av. 17 y 36 y allí me instalé. Poco después, en el año 2005, la empresa me ofreció una muy buena indemnización por mi retiro y acepté. Lo cierto es que de allí en adelante mis cosas se dieron de manera muy distinta, cambiando totalmente de vida.

¿Cómo y por qué…?

Pasado un tiempo y sin saber demasiado a qué dedicarme, charlando con Daniel Ponteprino, que para entonces tenía dos autoservicios, uno en calle 20 entre 5 y 7 y el otro en 30 bis y 3, surgió su oferta de venderme éste, sin más compromiso del que si no me gustaba la actividad o por alguna otra razón no era de mi agrado, el negocio se deshacía. Te aclaro que no tenía idea de nada de lo aquello significaba, pero tuve la intuición de que me gustaría y no lo dudé mucho, cambiando el ritmo de oficina al que estaba acostumbrado por el que demanda el comercio minorista. Lo cierto es que desde 2006 en que me hice cargo, estoy en el tema conservando el nombre que ya tenía desde siempre “Su Favorito”.

¿Te adaptaste rápido…?

Creo que me adapté más rápido de lo que yo mismo suponía que pasaría, con el asesoramiento que el mismo Daniel (Ponteprino) que me asesoró en todo sentido, además de la respuesta generosa de las dos empleadas que tengo y que también recibí al comprar el negocio, Mabel y Miriam. Algo que tuve que tener en cuenta era que viniendo de un contacto con gente más formal, pasaba a los vecinos y clientes de todos los días, del barrio y con todo lo que ello significaba. Hoy, después de 13 años, sigo de la misma manera entusiasmado como el primer día, aunque como te imaginarás, a veces y con todo lo que pasa en el comercio en general, algo molesto.  

¿Cómo es un día tuyo hoy…?

Me levanto un poco antes que Alma y Joaquín, y luego del desayuno los llevo al colegio (Santa María) y ya voy para el negocio en el que atiendo las cosas propias del comercio, atendiendo a proveedores, preparando pagos y pedidos y respondiendo a los imponderables diarios que no son pocos. Al medio día cerramos y si tengo alguna diligencia bancaria la hago y si puedo descanso un rato antes de volver al negocio por la tarde. Te aclaro que de ninguna manera me privo de las cosas que me gustan, como un café en el centro a media mañana o la pasada por casa de mis amigos y eso hace que un par de días a la semana, ni vaya al negocio.

¿A Iván y María Salomé los ves diariamente…?

Iván ya vive solo y nos vemos casi diariamente. El hace deportes y es un referente local del tenis, de modo me mantengo en contacto permanente con él. María Salomé, que está estudiando en La Plata, la carrera que yo hubiese querido para mí y está a punto de culminarla, anda por Mercedes y la veo todos los días.

¿Haces deportes…?

Estaba saliendo bastante a correr y éste año por ejemplo, viajamos al sur (Ushuaia), con “Mané” Ponce, para participar de una carrera muy linda me resultó más que interesante. Con Mariano Marzano salimos de pesca, cosa que me gusta mucho pero ahora la tengo bastante abandonada. Miro muchísimo futbol por televisión pero no hago casi nada actividad física y eso no es bueno, pero…

¿Cuánto hace que estás en pareja con Paola…?

Hace unos 17 años más o menos que estamos juntos. Ella trabaja con su mamá que es abogada en su estudio jurídico. Nos conocimos por ser una de las amigas de una prima mía. Coincidimos en las cosas de la vida para formar la familia que tenemos.

Fuera de juego

Soy hincha de Boca.

Tengo varios muy buenos amigos, entre ellos Gabriel Rubo, Fernando Sartori, Gustavo Volpone y Mariano Pisoni.

Me encantas los mariscos y para acompañarlos un buen vino blanco muy fresco. El malbec es el tinto que más me apetece.

No olvido nada de lo que me pasa. Soy algo rencoroso y lo reconozco.

Soy leal, trato siempre de entender a los otros y soy solidario.

Paola es muy cuida de toda la familia. Siempre piensa en nosotros más que en ella misma. Es una madraza de aquellas.

Suele ser demasiado insistente cuando se le ocurre algo no para hasta conseguirlo.

Como te dije, me hubiese gustado ser médico y ese destino pasará por María Salomé, lo que me hace muy feliz.

Me gusta viajar y lo hice bastante a Europa y EE.UU., que por otro lado es el país que más admiro. Cuando Salomé termine la facultad, quiero viajar con ella a Norteamérica.   

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