Jorge Sheehan

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“Hice de todo un poco y sin estructurarme nunca. Me hubiese encantado ser piloto de automovilismo pero no tuve nunca la oportunidad. Tengo una gran familia y trato de que todos sean felices”.

Jorge Eduardo Sheehan, 71 años, empresario agropecuario, casado con Luz María Cancio “Lucy” (66), ama de casa. Cinco hijos; Silvina (42) licenciada en administración; Adriana (40), contadora pública; Lucila (37), docente; Sebastián Jorge (32) ingeniero agrónomo y Pablo Matías (30), gestor. Cinco nietos; Gregorio, Tatián, Venecia, Allegra y Maitena. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, su trabajo, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Tu familia…?

Somos tres hermanos y yo el mayor. Me sigue Guillermo Horacio, que tiene 68 años y el menor Mariano de 65. Nuestros padres fallecidos eran Jorge Antonio, martillero y corredor y Magdalena Ricchini “Bocha” cuando tenían cumplidos sus 68 y 96 años. La mayor de mis hijas, Silvina es casada con Marcelo Díaz y tienen a Venecia. Adriana es casada con Fernando Ferraris y son los papás de Gregorio y Maitena. El esposo de Lucila es Agustín Farola y sus hijos Tatián y Allegra. Sebastián tiene a su novia Florencia Del Pino y Matías a Sofía “Popi”Sánchez.

¿Ahijados…?

Mis ahijados son; Bárbara Sheehan, hija de Rodolfo y Susana; Camila Sheehan, hija de Mariano y Mirta; Leonardo Suárez, hijo de Alfredo y Perla; Candelaria Jáuregui, que es hija de “Tito” y “Chicha” y Laura Serebrinsky, hija de “Machucho” y Graciela.   

¿Hubo límites en casa…?

Los hubo por supuesto y quien estaba mucho con nosotros, que no ha sido seguramente fácil, fue mamá, aunque cuando llegaba mi viejo a casa, se enteraba por su boca de todo lo que habíamos hecho los tres. He sido para Guillermo y Mariano, el hermano mayor, cosa que no me pesó por eso de  “..acompañá a tus hermanos que son chicos…”, que me decían en casa. Fuimos y somos muy compinches entre nosotros y es parte de nuestra vida diaria encontrarnos y compartir cosas de familia y todo eso.

¿Dónde vivían….?

Desde que nací y hasta cumplír 13 años en 1961, vivimos en 25 entre 30 y 32, para mudarnos al edificio “Tokio”, de 25 y 20, pero poco después, en 1967, volvimos a cambiarnos e instalamos en una casa en la que estuve hasta que formé mi propia familia, en 21 entre 26 y 28.

¿Tus estudios…?

Hice la etapa de primaria en la Escuela Normal “Justo José de Urquiza”, en la que tuve entre mis compañeros a Oscar Beguer, Elsita Buzzalino, Jorge Chapuis, Susana Romero, Oscar Castro Olivera, Reynaldo Lemos (siguen) y fueron maestras Rafaela Valenti, “Bocha” Blandini, la señora de Pardo, Dorita Delfino, la señora de Soulé…(siguen).

¿Dónde cursaste el secundario…?

Para eso ingresé a la Escuela Industrial (ENET), en la fui compañero de Omar Del Pópolo, Pedro Tellagordi, José Suárez, el “oreja” Costa, Néstor Nicodemo, Pastori, Constanzo… (siguen). Te cuento que quise ingresar al Industrial por el apego que tuve desde siempre a los fierros, los motores y los autos. Entre mis profesores y maestros estuvieron Albertina Marcelli, Eusebio Sarría, los ingenieros Saporiti y Mosca. César Mariella, Américo Risso, “Bombolito” Denápole, Jorge Wynne… (siguen).

¿Fuiste buen estudiante…?

Soy sincero y te digo que durante los tres primeros años fui de los buenos, sin descollar seguramente, pero a partir de entonces, cuando nos daban otras materias en taller, que no me interesaron, dejé un poco de lado la aplicación pero finalmente me recibí de “Técnico Mecánico” en tiempo y forma con la promoción de 1966 rindiendo cada año muchas materias.     

¿Amigos de la barra en el tiempo de la adolescencia…?

Formamos entonces un lindo grupo de amigos con los que salimos en esos años a vaguear bastante y bailar, a veces fuera de Mercedes como ocurría entonces. Entre todos ellos estuvieron el “Negro” Luna, “Jimmy Ballesty, “Machucho” Serebrinsky, el “Pelado” Eduardo Risso, “Bobina” Mónaco (Osvaldo), María Fedullo, Braulio de Ípola… (siguen).

¿Qué hiciste al finalizar el secundario…?

Pese a no ser ponderable en el secundario, decidí y me apoyaron en casa, ir a La Plata y seguir la carrera de ingeniería, pero creo que pasado un par de años volví a Mercedes convencido de que aquello no era lo mejor para mí. Fue entonces que mamá, me consiguió empleo en la fábrica de motores TEDO (Talleres Eléctricos del Oeste), que funcionaba en el lugar en el que hoy está Aceros Borroni. Ese empleo en el área de tornería me tuvo durante un año, tras lo que literalmente huí. No soy para estar empleado y mi debilidad por los autos y todo ese mundo me llevaron a buscar otros horizontes.

¿Hiciste la colimba…?

No y vale la pena contarte qué pasó. Estaba sorteado y todo correcto para incorporarme, pero cuando entre los estudios me dieron la inyección que entonces se aplicaba en la espalda, me empalidecí y uno de los médicos me preguntó sobre mi hipertensión al tiempo en que el tensiómetro marcaba 21. Recuerdo que  me separó de los demás y tras una serie de papeles que completaron, me exceptuaron del servicio militar (se ríe).

¿Cómo siguió tu vida…?

Mi destino lo orienté hacia Mar del Plata, donde vivía Marta, hermana de mamá y en el mismo edificio sus padres, “Mamo” y “Tata” (Ricchini). Con mi tía comencé en el Transporte Escolar que hice con una Estanciera “IKA” del año 58, durante dos años y al mismo tiempo respondí por unos meses al deseo de Marta de que volviese a ingeniería, que NO anduvo.

¿Entonces…?

Seguí en Mar del Plata, con mis abuelos y tía, en el edificio de la Galería Saccoa por un tiempo haciendo un poco de todo, como por ejemplo la venta de libros. En algún momento volví a Mercedes y recuerdo que lo primero que hice fue comprarme un Renault Gordini, toda una bomba para entonces  y ya había comenzado a intermediar en la compra venta de autos. Para entonces conocí a “Lucy” en la fiesta de cumpleaños de una de mis primas, Graciela (Sheehan), presentada por otra, Nora. Un tiempo después nos casamos, el 14 de julio de 1971 en la Parroquia San Luis Gonzaga viajamos en luna de miel a Mar del Plata con noche de bodas en Buenos Aires.

¿Fue cuando te instalaste comercialmente allá…?

Me agarró por el lado del comercio de ropa y abrimos un negocio para ropa de futuras mamás, una boutique en la Galería Cristal que atendió “Lucy” y con los años nacieron nuestras tres hijas y luego en Mercedes llegarían los varones. Te recuerdo que varias temporadas en Mardel, con mi hermano Mariano, explotamos estacionamientos en terrenos que nos ocupamos de preparar, junto a nuestro amigo “Machucho”  Fernando Serebrinsky.

¿Y la venta de autos…?

En eso anduve siempre, porque había generado muchos contactos y en realidad, la mayoría de las veces, trataba de conseguir lo que algunos amigos y conocidos me encargaban. Teníamos con Mariano el local del triángulo de Rca. de Chile y 42.

¿Tenés el campo en Córdoba…?

Precisamente cuando decimos con mi familia venirnos, fue porque al mismo tiempo de dejar el comercio de Mar del Plata, compramos en Río de los Sauces, Pedanía de Río IV en Córdoba unas hectáreas de campo. Tuvimos entre los tres hermanos la propiedad y en la actualidad solo yo soy el dueño de unas 300 que tengo alquiladas para vacas de cría y por eso viajo constantemente a la provincia.

¿Cómo son tus hijos…?

Silvina es muy compañera, querible y muy profesional. Adriana es la que más me “reta” y hasta me hace marcar el paso. Lucila es divertida como pocas personas y tiene siempre algo que decir. “Sebi” es muy reservado y pensante. Por último Matías el que más tiene que ver con mis cosas y anda también en el tema de los autos. Los dos varones juegan como yo a la Pelota (pelota a paleta) y son muy buenos. Yo tuve actuaciones cuando estaba activo y era joven.

¿Celaste a tus “nenas”…?

Podría decir que no, pero no es verdad. Yo me les aparecía en los boliches para “controlar” un poco, pero nunca reconocí que era muy celoso. Ellas se me escapaban por puertas de atrás tomándome el pelo.

Fuera de juego

Soy hincha de Boca.

Me encantan las milanesas con croquetas de papas y el vino tinto.

Tengo varios y muy buenos amigos. En dos de ellos señalo un poco a todos, “Machucho” (Serebrinsky) y el “Pato” Osvaldo Bianchi.

Soy explosivo, a veces temperamental, pero no guardo rencores y sé pedir disculpas si cabe.

Alimento la amistad, porque estoy seguro de que es uno de los grandes valores de la vida. Soy servicial, auténtico y emprendedor.

“Lucy” es muy compañera, me banca en todo sentido y ha sido la mejor madre para los chicos. Como abuela es excepcional.

Un defecto que la caracteriza es su despiste casi total.

Me hubiese gustado ser piloto de automovilismo en alguna categoría, pero no pude y eso me quedó en el tintero.     

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