Eduardo Casal

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“Mi vocación pasó por el deseo de hacer la carrera en Gendarmería, pero las cosas no se dieron y tuve que trabajar en distintas cosas, hasta llegar a tener mi propio negocio. Tengo una gran familia y soy muy feliz”.

Eduardo Ramón Casal, 63 años, comerciante, casado con Mirta Graciela Reinoso (61), jubilada municipal. Tres hijas; Gisela Vanesa de 33 años de edad y empleada; Romina Paola (30), empleada y peluquera y Florencia Estefanía (26), estudiante y docente. Dos nietas; Nara (11) y Juanita (5). Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Dónde naciste…?

Soy nacido en Ceibas, ciudad de la provincia de Entre Ríos, de la que vine con toda mi familia por razones de trabajo de papá, cuando yo tenía sólo cuatro años.

¿Tu familia…?

Somos catorce hermanos, todos vivos, diez mujeres y cuatro varones. Sus nombres son María, Alicia, Raquel, Lady, Elba, Zulema, Dora, Zulma, Carmen, Susana, Roberto, José, Héctor y yo, que soy el anteúltimo que llegué al mundo y como tos en Ceibas. Papá que se llamó Justo Porfidio, falleció hace unos 20 años a la edad de 83 y mamá, Amalia Uran, a los 48 años de edad, cuando yo era bebé.

¿De Ceibas a Mercedes, por qué…?

Papá, que era trabajador rural, tuvo la oportunidad de venirse para estos lados y lo hizo con toda la familia, para trabajar en el campo de don Julio Sterverlynck, que era un poderoso empresario argentino de origen belga, que había fundado a mediados de los años 20, “Algodonera Flandria” y que se destacó por haber sido el primero en introducir los avances en el área de seguridad social y muchos de los beneficios que luego fueron ley, como vacaciones pagas, aguinaldo, premios por producción y construir barrios en la zona de su empresa destinada a sus empleados en Jáuregui. Papá se hizo cargo del campo de don Julio y allí trabajó durante toda su vida.  

¿Estudiaste en Jáuregui…?

En la Escuela Nº 24 de Pueblo Nuevo cursé todos los estudios primarios y recuerdo entre mis compañeros de ese tiempo a los tres hermanos Arias, Jorge, Carlos y Alicia y entre otros a Hugo Fajardo. Tengo presente a mi maestra de primer grado, la señorita Elsa Real. Te cuento que desde el campo donde vivíamos hasta la escuela, caminábamos siete kilómetros de ida y otro tanto de vuelta diariamente. A veces nos acercaba algo alguno de los vecinos que acertaba a pasar por el camino. Cierto es que los días de lluvia, eran a veces esperados por nosotros para faltar.

¿Cómo se las arregló tu padre habiendo quedado viudo…?

Siempre tengo presente el esfuerzo que hizo para trabajar de sol a sol en la estancia “Santa Elena”, no rehaciendo su vida ni nada que se le parezca y dedicando todo el tiempo que le fue posible a nosotros. Las  mayores de mis hermanas cumplieron las tareas de la y la familia. Todos formamos un grupo muy unido y asumiendo responsabilidades desde siempre.

¿Buena relación entre todos ustedes…?

La mejor de las relaciones entre todos. Creo que la crianza que tuvimos hizo que nos lleváramos siempre bien entre nosotros y hoy mismo, siendo todos grandes, el contacto es permanente y casi diario. 

¿Qué hiciste al terminar la escuela…?

Había que salir a trabajar y lo hice con mi padre en el mismo campo y lo que debo aclarar es que desde muy chico ya tuve mi sueldo que me daban mensualmente con recibo y todo lo que me correspondía y lo hice durante cuatro años, siendo mi clase (1956), exceptuada del servicio militar, dado que se comenzaría a hacerse a los 18 años de edad. Luego dejé el campo y pasé a trabaja en la fábrica, en la sección que se llamaba “la escuela”, que es en la que se aprendían todos los temas relacionados a la producción y éramos los que servíamos de reemplazante para cuando hacía falta en las distintas secciones. 

¿Qué hiciste cuando dejaste la fábrica…?

Con una muy buena propuesta, dejé el empleo y comencé en una granja de ponedoras estando a cargo de uno de los galpones, en Pueblo Nuevo, donde mi trabajo consistía en preparar los para recibir a los pollitos B.B. y alimentarlos hasta el momento en que se vendieran. Lamentablemente  la empresa tuvo problemas económicos y me quedé sin trabajo, aunque tiempo después, al recomponerse las cosas, me convocaron perno ya no volví.

¿Cómo siguieron tus cosas…?

En búsqueda de trabajo me presenté varias veces para ofrecerme, en la empresa La Serenísima en General Rodríguez, pero sin suerte, hasta que por fortuna para mí, en una de esos intentos, me encontré con el Dr. Rola, médico de cabecera de don Pascual Mastellone (dueño de la empresa), que era de Jáuregui y por su intermedio rápidamente conseguí empleo. Me designaron al “muelle de recepción de leche”. Trabajé en la firma unos cuatro años y dejé al conseguir emplearme en la gran curtiembre “Curtasa”, lo que me significaba dejar de viajar a Gral. Rodríguez en horarios rotativos y todos los días, lo que me daba mejor vida. Pasé por diferentes secciones en la empresa, hasta que en 1983 la firma cerró y si bien nos indemnizaron a todos, tuve que volver a buscar trabajo.

¿Qué hiciste…?

Conseguí empleo en “Agip”, empresa que luego pasó a ser COMSERGAS, dedicada a la reparación de envases para gas, garrafas, tubos… sita en ruta 5 y Acceso Sur, por varios años, hasta que dejé por conseguir otro en MERPLAC, firma dedicada a la producción de baterías y acumuladores en el parque  industrial de Mercedes. En eso estuve por muchos años, retirándome en 2001.

¿Cómo siguieron tus cosas…?

Había que hacer algo para seguir adelante  y lo primero que conseguí fue haciendo de parrillero en un negocio de avenida 2 entre 3 y 1, luego en la rotisería de un familiar en avenida 2 y 13, para luego hacerme cargo de otra en 38 y avenida 29, hasta que un tiempo después decidí abrir la mía en el lugar que estoy desde hace ya varios años, en 2 y 45. De esto hace ya uno nueve años.

¿Te va bien…?

A lo largo de todo este tiempo, he logrado hacerme de una muy buena y leal clientela que se abastece en mi negocio y aprueba los platos que día a día preparo. Salvo los lunes que cierro para descansar un poco y hacer mis cosas, trabajo mañana y tarde, con un pequeño cierre pasado el mediodía. Me encanta lo que hago y trato de satisfacer el gusto de todos en la medida de mis posibilidades.

¿Sabías algo de cocina…?

Siempre me gustó meter mano en la cocina y cuando tuve necesidad de hacerlo lo hice, aprendiendo las primeras cosas en la parrilla y negocios en los que trabajé. Me gusta amasar y hacer siempre algo distinto para probar mi mano para la cocina. Creo que no lo hago mal, ya que no se me critica demasiado. Cocinar me permite investigar y probar cosas que ni siquiera han hecho otros y eso es lo bueno. Soy bastante celoso de lo que preparo y me autocritico permanentemente.

¿Cómo te conociste con Mirta…?

Fue a partir de un reemplazo que tuve que hacer en CURTASA, dado que el “Fulonero” (el que procesa los cueros), se había accidentado y tuve que cubrir su lugar. Ahí conocí a quien sería con el paso del tiempo mi suegro, Vicente Reinoso y a su esposa Catalina. En una visita que le hice a su casa, nos conocimos con Mirta y allí comenzó todo.

¿Cuándo te casaste…?

Nos casamos solamente por la ley civil, el 31 de diciembre de 1984 y para vivir nos instalamos alquilando en 44 y 25, pasamos luego a 32 y 49, hasta que llegamos a 51 entre 28 y 30, que es donde estamos hoy mismo. Te digo que le debo a mi esposa el viaje de luna de miel que nunca hicimos.

¿Cómo son tus hijas…?

Yo digo que son maravillosas en todo sentido. Responsables, trabajadoras y por sobre todas las cosas buenas personas. Gisela con Rafael Rodríguez son los papás de Nara y Romina con Claudio Cardozo de Juanita.

Fuera de juego

Soy hincha de Boca y Flandria, pero fanático del Chevrolet.

Mi plato preferido siempre es el asado y con un buen vino tinto.

Tengo muchos amigos y todos muy buenos. De entre ellos destaco a Hugo Fajardo.

Soy buena persona seguramente. Trabajo todo lo que puedo y lo hago de buena onda. Soy afectivo y generoso.

Mi defecto es que suelo “calentarme” más de lo debido.

Mirta es una gran mujer. Compañera en todo momento luchadora por la familia. Abuela excelente.

Suele ser algo insistente cuando necesita algo y ser reiterativa no es bueno.

Me hubiese gustado hacer la carrera en la Gendarmería Nacional, pero la vida me llevó por otros caminos y eso no se me dio.

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