Cuando los sueños se hacen posibles

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El viernes 9 de agosto decidimos hacer una fiesta para los chicos. El día no era muy propicio: frío, lluvioso y gris. Sin embargo, a las 15.00, cuando entramos en el lugar elegido para el festejo, todo cambió. Era un espacio de luz, color y alegría. Claro, no es común entrar al mundo de los payasos sin encontrar colores brillantes por todas partes.

Estábamos justamente en “Tierra de Payasos”… a las 15.30, puntualmente, llegó un grupo de  pequeños de “La Casa del Niño”, acompañados por sus maestras. Lo primero que les llamó la atención fue la bicicleta, que  presidía el resto de juguetes, golosinas y regalos. Cada uno quería llevarse el preciado tesoro.

A continuación, pasaron al teatro y comenzó la magia. Apareció “Pelambre”, enfundado en su gran pantalón, se sentó en un banco, comenzó a pintarse, mientras fluía la música. Terminó de vestirse: chaleco, saco y un sombrero verde, rebelde, que parecía no querer quedarse en su lugar hasta que, finalmente… ¡Lo logró!

Lo que siguió después fue una estupenda interacción, donde los chicos disfrutaron de las ocurrencias de este payaso hermoso, que tan bien conoce al público infantil.

Después hizo su entrada el “Mago Pollo” y comenzaron a surgir los trucos de magia, que fueron muy celebrados. En el final, les pidió a los niños que se acercaran al escenario porque haría nevar” y, ante el asombro de los pequeños, comenzaron a caer diminutos trocitos de papel en forma de copos de nieve, logrando un momento hermoso.

Pero la expectativa estaba puesta en los sorteos y en quién se llevaría la bicicleta.

Afortunadamente había juguetes para todos los invitados.

Finalmente llegó el momento tan esperado  – todos conservaban su número para el sorteo final –  El bolillero comenzó a rodar y salió el número 16. El ganador tenía entre sus manos la pelota que había ganado en el sorteo anterior y estaba tan emocionado con ella que ni siquiera la había desenvuelto. Cuando nuevamente salió su número, quedó maravillado, como incrédulo. Nos miró fijamente y se quedó en su asiento. “Pelambre” y el “Mago Pollo” tuvieron que llamarlo varias veces para que se acercara y, cuando lo hizo, aún parecía no creerlo.

Existe una ley que no permite sacar fotos de niños para que sean publicadas en medios gráficos, sin el consentimiento expreso de sus padres, y en este caso no lo teníamos. Por esa razón no podemos graficar aquí el momento en que nuestro amiguito se acercó a nosotros y se llevó la preciada bicicleta. Es por esta razón que trato de reflejarlo lo más explícitamente que puedo. No sé si seré capaz de transmitir la profunda emoción que sentimos al ver esa carita, esa expresión, escuchar el aplauso de sus compañeros, docentes y de todos los que vivimos con él ese hermoso momento.

Después todos juntos fueron con “Pelambre y El Mago Pollo” a disfrutar de la merienda en el salón especialmente preparado para ellos. El payaso les contó, que en uno de los estantes que decora ese espacio, están todos los juguetes que él tenía cuando era chico y conserva como un verdadero tesoro. Luego cantaron algunas canciones y la visita terminó.

Cuando ya estaban ubicados en el micro, el “Mago Pollo” recordó que habíamos olvidado entregarles los globos y allí salió, corriendo, envuelto en una catarata de colores. Subió al micro y le entregó uno a cada uno.

Desde la puerta de “Tierra de Payasos” el  micro partió. A través de las ventanillas vimos las caritas sonrientes y muchas manos diciendo adiós.

Curiosamente el sol comenzaba a salir y ya no era un día gris, frío, ni lluvioso.

Susana Spano

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