El padre Juan Carlos Bouzou es el nuevo titular de la Basílica Catedral y comenzará su misión pastoral el venidero viernes. Mantuvo un diálogo con Protagonistas donde abordamos diferentes temas. Estuvo en el sur donde dejó su sello y ahora regresa a Mercedes. “Hay que descubrir en la comunidad cuál es la necesidad que tiene”, expresó.

El próximo viernes 15 de marzo, a la hora 20, se llevará adelante la toma de posesión del nuevo párroco de la Basílica Catedral, el Padre Juan Carlos Bouzou, quien estará en esta iglesia junto al  Presbítero Diego Celay, quien hará las veces de vicario de esa misma parroquia. En diciembre del año pasado, Monseñor Agustín Radrizzani, titular de la Arquidiócesis, anunció los nuevos destinos pastorales y el principal templo de la jurisdicción del Arzobispado iba a tener un nuevo titular, reemplazando al Padre Federico Lagoa quien continuará su carrera sacerdotal en la ciudad  de Chivilcoy, precisamente donde durante algún tiempo estuvo el propio Bouzou. Pocos días antes de esta asunción, Protagonistas quiso mantener una charla con el flamante párroco, quien no tuvo mayores inconvenientes en atender a este medio. Por el contrario, la entrevista se resolvió tras el intercambio de apenas tres o cuatro mensajes de whatsapp. El viernes poco antes del mediodía el Padre Juan Carlos nos recibió, mate amargo de por medio. No preguntó el temario ni escapó a consulta alguna. Tras una charla informal que se extendió algunos minutos sobre los medios de comunicación y algunas otras cuestiones, abrimos grabador y comenzamos con un interesante ida y vuelta que se extendió por una media hora.

Bienvenido nuevamente a Mercedes, pues este es un lugar que usted ya conoce…

Así es, estuve a fines de 2005, 2006 y a mediados de 2007 me fui…

En un regreso también a la Arquidiócesis… ¿en términos eclesiásticos es como cambiar de jefe?

En cierta forma sí, porque yo pertenezco a la Arquidiócesis Mercedes – Luján, y después pedí hacer una experiencia en Rio Gallegos durante tres años, y el arzobispo, ya estaba Monseñor Agustín me dijo que era mucho, te voy a dar dos me dijo, y no te voy a dar uno porque es muy poco. No vas a terminar de armar la valija que vas a tener que volverte. Y yo cuando pedí hacer esa experiencia hacía un año y medio que estaba en la Basílica de Luján. Tenía muchas ganas de hacer esa experiencia en el sur ya muchos años atrás.

¿Por qué?

Yo viví un tiempo en Río Gallegos antes de entrar en el seminario, conozco el lugar. Allí se había fortalecido mi vocación, pero no la aceptaba. Entonces yo había vivido cinco años en Río Gallegos, trabajé en una panadería, hice el secundario de adultos allá, tengo ahijados, amigos…

¿Pero no nació allí?

No. Yo nací en Tucumán. Me fui unas vacaciones al sur, un verano… Me gustó y me quedé. Llamé por teléfono a Tucumán, avisé a mis padres, o sea una experiencia en un nuevo terreno. Entonces cuando surge lo de la vocación no la acepto y decido estudiar psicología en Buenos Aires. Después estando en la UBA se fortalece un poco la vocación e ingreso al Seminario. Entonces cuando ya soy cura, tenía la gran necesidad de volver a hacer esa experiencia, en gratitud nada más. Me fui por dos años y allá como hay mucha falta de sacerdocio, el obispo de allá me pidió que renueve por dos más. Hablé con Monseñor Agustín que aceptó a medias… lo convencí. Entonces dije renuevo pero pedí que me cambien de ciudad y me mandaron a Río Grande en Tierra del Fuego.

Y allí tuvo mucho apego porque, ¿creo haber leído que fue declarado personalidad destacada de la provincia no? ¿Qué debe hacer un sacerdote para obtener esa distinción?

Creo que porque yo hice casamientos y bautismos a rajatablas… Yo cruzaba la calle, te saludaba y te preguntaba si estabas casado… ¿y porque no te casás? Todo ese trabajo lo hice de calle… ir a las casas, visitar familias, hubo una revolución en los cincos años… que yo mismo me llegaba a desconocer. Yo siempre me sentí misionero, entonces el misionero va caminando y va haciendo cosas, desde arreglar el techo de la parroquia hasta bautizar y casar… eso fui yo en ese tiempo. Río Grande tuvo la característica de los sacramentos, casamientos y bautismos…

Tuvo mucha trascendencia cuando bautizó el hijo de un matrimonio gay…

Se ve que buscaste en google mi historial (risas)

Bueno, cuando se va a entrevistar a alguien es bueno conocerlo…

El primer matrimonio igualitario se dio allá en Ushuaia y después otros lo hicieron en Río Grande y adoptaron chicos. Sí, creo que bauticé cinco pibes de dos matrimonios igualitarios por separado…

¿Y tomó trascendencia porque se animó a hacerlo usted o es común que eso suceda?

El bautismo no se le puede negar a nadie… el chico no tiene la culpa de donde viene ni con quien está. La Iglesia en eso es abierta. No digo el cura fulano o sultano, digo la Iglesia. Entonces porqué tengo que negarlo.

Es cierto, pero fue más noticia que cualquier otro bautismo.

Sí, totalmente… y esto que decís de personalidad destacada, yo no me siento destacado para nada, es un papelito que me entregó la gobernadora y nada más. Quizás a modo de gratitud… si entrás a mi cuarto no lo tengo colgado, porque eso no me hace mejor persona.

Sucede que en muchos casos el párroco logra un apego con la comunidad religiosa y cuando se deciden nuevas misiones pastorales la feligresía es como que siente un pesar porque se va el párroco… Esto pasa…

Yo tengo la particularidad que no me apego…

Por ahí es más fácil para el sacerdote que para los feligreses

Seguramente, pero bueno, también está el trabajo del sacerdote ahí, porque una cosa es que te quieran o que te extrañen y otra es que te retengan. Porque ahí estuvo mal tu trabajo… porque yo puedo ser amigo tuyo, porque venís a misa todos los días y estrechamos un vínculo, pero mi primer laburo es que vos tengas un vínculo con Jesús no conmigo… entonces puedo compartir mucho con vos, pero si no tienes un vínculo con Jesús es una amistad como hueca, vacía… Porque la misión mía como sacerdote es fortalecer tu relación con Jesús, tu amistad con Jesús. Así como un día tuve la moción interior que Jesús me pedía ir al sur, tuve la moción interior que Jesús me pide volver a mi casa que es Mercedes – Luján. Primero estuve en Malvinas (Gral. Rodríguez) y después me envió a Catedral, que fue toda una sorpresa.

La iglesia más emblemática de la Arquidiócesis es la Basílica de Luján, aunque la Iglesia Madre es la Catedral de Mercedes. Un párroco de esta Catedral es una responsabilidad más grande…

Más arquidiocesana que parroquial…

¿Y porqué cree que el arzobispo fijó esta responsabilidad en usted?

… Estaría dormido ese día… No pensó mucho (bromea)… Yo estuve siete años afuera, no es para agrandarme pero también era muy difícil reemplazarme en el sur, pero tuve que hacer un trabajo antes de venirme para que a mi reemplazante la comunidad lo acompañe y nada se venga abajo.

¿Se da una lógica en la misión pastoral que según la iglesia o la misión pastoral un sacerdote puede ser premiado o viceversa?

No existe eso en la Iglesia. Yo no me sentí premiado. Ni castigado cuando volví a la Arquidiócesis y me mandaron a Malvinas a una parroquia chiquita donde hicimos un gran trabajo con la comunidad a la que activé y se prendió. Y hoy me siento feliz de este nuevo desafío, pero no me sentí premiado para nada.

¿Y cuál es la impronta del Padre Juan Carlos?

La impronta se va desarrollando en el caminar de acuerdo a las necesidades de la comunidad. Soy muy amplio, no me caso con ningún grupo, los carismas son variados. Soy de saber esperar, qué va sucediendo…

Más que decir que es lo que quiero, que es lo que me piden…

Totalmente. En la reunión de Consejo Pastoral dije que yo no venía con ningún plano, yo voy al terreno… de acuerdo al terreno veré qué puedo hacer. Yo no puedo hacer la cantidad de casamientos que hice en Río Grande o no puedo hacer lo que hice en Río Gallegos porque no es la característica. Hay que descubrir en la comunidad cuál es la necesidad que tiene… y en definitiva es Dios, porque yo tengo un socio, no estoy solo… el Espíritu Santo.

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