Aquel fin de semana de 2012 cayó como este, el 10 de noviembre también fue sábado. Nunca llegué a pensar que sería el día que cambiaría mi vida. No solamente la mía sino la de muchos. No estaba preparada para lo que pasó, no pensamos, fue demasiado rápido. No estábamos listos, no estaba lista para lo que pasó después. Nos damos cuenta que los abrazos no son suficientes, que siempre falta una palabra, que decir te quiero no alcanza porque después es demasiado tarde. Demasiado peso cayó en algunos, demasiada culpa en otros. El hueco que dejaste fue muy grande. Algunos se dieron cuenta de lo que faltaba, cuando faltaste. Te fuiste demasiado pronto y no nos habías preparado para eso. Evidentemente de alguna manera eras el pegamento, porque con tu pérdida  todo empezó a desmoronarse.

Siempre me dijiste que lo único que me podías dejar era el apellido, lo que jamás me dijiste fue que iba a ser tan difícil después que te fueras. Me preparaste para la vida, pero no me preparaste para cuando vos faltaras en ella.

Tu hija, Cecilia

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